The Objective
José Antonio Montano

Aragón es nuestro Ohio no, lo siguiente

«Lo más triste es que el PSOE mantenga aún 18 diputados. Su peor resultado, pero demasiados son: la dignidad de Ohio solo pasaría por la ‘pasokización’ del PSOE»

Opinión
Aragón es nuestro Ohio no, lo siguiente

Ilustración de Alejandra Svriz.

Desde que dejé de ser columnista de domingo (con conciencia de lunes), gano todas las elecciones. Escribir en domingo era una rutina grata, resultaba más descansado; salvo los días de votación, en que se alteraba todo: había que estar pendiente de las noticias, con agonía, aguantar hasta ultimísima hora y por fin trabajar muy entrada la noche, a veces sin conocer el resultado preciso.

Esto en lo que a mi vida personal se refiere, que ha mejorado en los domingos electorales, ahora de churros, paseítos, algún polvete, películas y lectura, hasta la tertulia de Alsina con mi vinito, mis patatitas y Varela desmenuzando los datos sobre los que no tendré que improvisar conclusiones. Este domingo aragonés también estuvo, anticlimáticamente, el acomodaticio Del Molino, pero esa es otra historia. En cuanto a mi vida política, que es la del país entero, va de desastre en desastre. Hablo desde mi punto de vista, como es natural, que es el del votante fino, hoy fatalmente abstencionista.

En esto último, Felipe González ha declarado que confluye conmigo: votará en blanco en las próximas generales. En realidad, son dos cosas distintas votar en blanco y abstenerse, es decir, no votar. Una tercera posibilidad, más expresiva, es el voto nulo: pintar un cipote en la papeleta o algo así. Aún no sé por cuál de las tres decantarme. Coinciden en la vocación de pureza (reconozco que huerfanita, como nos acusan los sartrianos de las «manos sucias»); pero desde la pureza habría que afilar el daño. No me escondo: cuando llegue el momento, le preguntaré a la IA qué perjudicaría más a Sánchez, si el blanco, la abstención o el nulo, y ahí me tiraré. (A ciegas va ganando lo del cipote.)

Para el votante fino, votar a Vox está descartado, así como votar al PP que va a pactar con Vox. La posibilidad de votar a Izquierda Española, que me tentó cuando surgió, se ha disipado debido a su putinismo (o a su no explícito antiputinismo) y a alguna que otra majadería tan izquierdista como española. Algunos electores (según mis cuentas, solo tres o cuatro) tenemos la peculiaridad de ser a un tiempo antisanchistas y antivoxistas, lo que nos ata las manos electorales (salvo para dibujar cipotes en las papeletas).

«Por cada ufano votante de Vox, que se ve a sí mismo como un antisanchista nato, Sánchez descorcha una botella de champán»

En el fondo, nuestro antisanchismo y nuestro antivoxismo es lo mismo. Vemos con irrefutable clarividencia que el voto voxista es un voto sanchista. Por cada ufano votante de Vox, que se ve a sí mismo como un antisanchista nato, Sánchez descorcha una botella de champán. Vox es simultáneamente la piedra angular (argumental al menos) y la guinda del asqueroso pastel del sanchismo.

Aragón es nuestro Ohio, no, lo siguiente. Por eso el panorama nacional es tétrico; desde luego, no pasa el corte del votante fino. En las elecciones del pasado domingo, Vox duplicó sus escaños. La explicación no deja de ser simple: es lo simple. También es lo simple votar al otro partido que subió, la Chunta Aragonesista, de cuyos miembros y votantes esto es lo más suave que se podría decir: ¡hay que ser muy aragonés para ser aragonesista!

Podemos y Alvise fueron eliminados, lo que es la única noticia excelente (una única noticia, porque van en el mismo lote pútrido). Izquierda Unida-Sumar sigue. Aragón Existe pierde, pero mantiene a Guitarte (¡ya le vale a Aragón, coexistir con Guitarte!). El PP, que anda como vaca sin cencerro, baja, aunque ganando. Pero lo más triste de todo es que el PSOE (¡el PSOE de Alegría!) mantenga aún 18 diputados. Su peor resultado, pero demasiados son: la dignidad de Ohio solo pasaría por la pasokización del PSOE.

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