Felipe y el voto en blanco
«El expresidente del Gobierno se aparta de su partido ante la certeza de que la cosa irá muy mal mientras el PSOE esté en manos del líder actual»

Ilustración de Alejandra Svriz.
Pocos políticos españoles cuentan con una biografía tan completa, tan valiente y tan atractiva como la de Felipe González, independientemente de que se esté conforme o no con la socialdemocracia. Destaca más por la abundancia de patrioteros repartidos a lo largo y ancho de este país, personas a las que no se les va de la boca la palabra España, pero que la quieren tan poco, tan poco, que se han convertido en políticos a los que es difícil tener respeto. Patriotismo no es enarbolar la bandera roja y amarilla, sino desear lo mejor para España y para los españoles, sin pensar exclusivamente en el rédito partidista que obtienen de lo que es una pantomima con todas las letras. Así nos va.
Pero estábamos con Felipe, que esta semana ha salido del armario aunque lleva tiempo insinuando lo que ahora ha dicho a las claras: si Pedro Sánchez se presenta nuevamente candidato a la Presidencia del Gobierno, votará en blanco. Si eso no es patriotismo… El expresidente de Gobierno se aparta de su partido ante la certeza de que la cosa irá muy mal mientras el PSOE esté en manos del líder actual, apoyado por partidos que hasta ahora consideraba indeseables y a los que concedía todo lo que exigían, que en muchos casos rozaba lo inconstitucional; un líder rodeado de altos cargos que hacen méritos para demostrar su servilismo y obediencia a costa de renunciar a los principios y señas de identidad del PSOE; que hace alarde de falta de respeto a la Corona en primer lugar y a las instituciones a continuación, poniéndolas en manos de afines dispuestos a dar luz verde a lo que les pida el jefe de Gobierno… Es inacabable la lista de argumentos que han empujado a destacados socialistas a no votar al PSOE actual, socialistas de verdad, socialistas de corazón con demostrada lealtad al partido y a la militancia.
En la reacción ante el anuncio de Felipe González ha habido silencio en unos casos, como intento de transmitir que Felipe es una figura irrelevante, del pasado; también se han dado reacciones de petit comité, conocidas, en las que la palabra traición ha salido de alguna boca sanchista. Qué más quisiera, cualquiera de las figuras del sanchismo, contar con una biografía con solo un capítulo de los tropemil de la biografía de Felipe González, uno de los presidentes que más ha aportado a España sin necesidad de pactos intolerables, rupturas sociales, memorias históricas que han vuelto a enfrentar a los españoles entre sí, y una corrupción muy superior a la que desgraciadamente se ha visto en épocas anteriores; porque a la corrupción económica del sanchismo se ha sumado una corrupción moral, soez, que ha provocado vergüenza infinita, sin que el presidente de Gobierno que quiere ser nuevamente candidato, haya pronunciado las palabras de rechazo absoluto que merecen las acciones innobles protagonizadas por personas de su máxima confianza a las que dio todo el poder. Con unas connotaciones familiares que Sánchez se niega a reconocer y que están en manos de la justicia, que será quien decida si hay o no delito penal.
Felipe González tiene manchas en su biografía como todo el mundo, todo el mundo, pero en ningún caso como las que impregnan hoy a su partido y a algunos de los miembros o exmiembros de su dirección y del Gobierno.
Lo sabe perfectamente Felipe González y marca distancias con el sanchismo, y lo saben la mayoría de los españoles que, en su rechazo a Pedro Sánchez, le castigan de forma inmisericorde en cuanto tienen oportunidad de acudir a las urnas. Sánchez es el primer presidente de Gobierno que no ha ganado las elecciones, no se puede olvidar. Y sigue sin ganar elecciones. Lo acabamos de ver en Aragón y lo hemos visto hace un mes y pico en Extremadura.
«Feijóo hace esfuerzos por lanzar sus propuestas de gobierno, pero no le acompaña el equipo»
El fracaso no ha sido más notable porque Feijóo no está poniendo toda la carne en el asador. Hace esfuerzos por lanzar sus propuestas de gobierno, pero no le acompaña el equipo. Hace años que nos repetimos poniendo el acento en la falta de consistencia de la mayoría de los miembros de su equipo, pero Feijóo debe sentirse cómodo con él porque no mueve ficha. También es cierto que no debe serle fácil incorporar nombres de relieve, no porque no los haya, sino porque en esta España nuestra es arriesgado entrar en política. Sobre todo para incorporarte al principal partido de la oposición.
Vox ha entrado en escena de forma gloriosa, con la ayuda inestimable de Pedro Sánchez, que está a la que salta. Por ejemplo, proponiendo la regularización masiva de inmigrantes en plena campaña aragonesa, sabiendo que Vox se niega a cualquier tipo de regularización, mientras el PP dice que sí pero con control y supervisión, no de forma arrebatada como pretende hacer ahora el Gobierno.
Asumir a los faltos de papeles es una cuestión humanitaria, aunque también esencial para cubrir sectores laborales que llevan mucho tiempo en manos de inmigrantes porque los españoles no aceptan determinados y duros trabajos. Pero esa es otra historia, la actual es que Vox debe importantes favores al sanchismo, quizá por eso actúa con el PP como si fuera su principal adversario.
Hablando de Vox, ¿qué ocurre en ese partido en el que tantas personas con cargos de responsabilidad se marchan en cuanto meten cabeza en las entrañas de la formación? No solo Espinosa de los Monteros y Olona, siempre mencionados, sino que es raro el día sin noticia de una huida. La última, esta semana, en Zaragoza. ¿Cuál es la razón?