Madrid: menos pobreza con menos trabas
«La comunidad demuestra que libertad económica, impuestos moderados, reducción de trabas, atracción de capital y creación de empleo dan un resultado superior»

Ilustración de Alejandra Svriz
Durante años se ha repetido, como si fuese un mantra, que las políticas económicas son indiferentes y que, al final, «todo depende del ciclo» o de factores externos. Sin embargo, cuando se observan los datos con rigor, la realidad es otra: las políticas importan, y los resultados también: distintas políticas dan distintos resultados.
Uno de los indicadores más utilizados para analizar el desempeño social de una economía es la tasa de riesgo de pobreza, que mide el porcentaje de población que se sitúa por debajo del umbral de pobreza (definido como el 60% de la mediana de ingresos). Es una medida imperfecta, como todas, pero especialmente reveladora cuando se compara en el tiempo y entre territorios.
Pues bien: en 2025 (renta del año anterior), la Comunidad de Madrid registra una tasa de riesgo de pobreza del 12,7%, frente al 19,5% del conjunto nacional. Es decir: Madrid está 6,8 puntos por debajo de la media española.
La diferencia no es pequeña. No estamos hablando de décimas, ni de variaciones estadísticamente irrelevantes. Estamos hablando de una brecha estructural, sostenida y consistente con una realidad que muchos prefieren ignorar: cuando se favorece la creación de riqueza, se reduce la pobreza.
Además, no solo importa el nivel, sino la tendencia. Madrid reduce su tasa de pobreza desde el 14,3% al 12,7%: una bajada de 1,6 puntos en un solo año. Mientras tanto, en España el indicador apenas se mueve: del 19,7% al 19,5%, una reducción de solo dos décimas.
Esto no es casualidad. Es, precisamente, la consecuencia de dos modelos económicos diferentes.
En Madrid se ha consolidado durante años una política orientada a:
- impuestos más bajos,
- reducción de trabas burocráticas,
- seguridad jurídica,
- atracción de inversión,
- estímulo al empleo y a la atracción de empresas.
En el conjunto nacional, por el contrario, se ha seguido una línea basada en:
- incremento de la presión y el esfuerzo fiscal,
- expansión del gasto público estructural,
- mayor intervencionismo regulatorio,
- rigideces en el mercado laboral,
- dependencia creciente de transferencias.
Y como era previsible, los resultados difieren.
La comparación histórica es aún más significativa.
Desde 2008, la tasa de riesgo de pobreza:
- baja en Madrid 2,2 puntos,
- mientras que en España solo baja 0,3 puntos.
Es decir: en el largo plazo, Madrid progresa y España apenas mejora.
Esto desmiente frontalmente el relato de que la pobreza se combate exclusivamente con más gasto público y más intervención. De hecho, el estancamiento nacional muestra que el intervencionismo, lejos de solucionar el problema, lo cronifica.
Y aquí viene el punto más importante, el que rara vez se explica en el debate público: la tasa de riesgo de pobreza es una medida relativa: depende de la mediana de ingresos. El umbral se fija en el 60% de la mediana de ingresos por unidad de consumo. Por tanto, si la mediana sube, el umbral también sube.
¿Qué significa esto? Que en una región más rica —como Madrid— el umbral de pobreza es mayor. Por tanto, es más exigente «salir» estadísticamente de la pobreza.
Y aun así, Madrid registra una tasa de riesgo de pobreza mucho menor.
Esto implica una conclusión doblemente contundente:
- Madrid tiene menos población por debajo del umbral.
- Y ese umbral es más alto que en la media nacional.
Dicho de otra manera: una parte de la población considerada en «riesgo de pobreza» en Madrid puede tener ingresos superiores a los ingresos de personas que, en otras regiones, no se consideran en riesgo de pobreza, simplemente porque el umbral nacional se calcula sobre una mediana inferior.
Por eso, cuando se afirma que Madrid tiene una tasa de pobreza inferior, no solo se está diciendo que hay menos personas bajo el umbral: se está diciendo que hay menos personas bajo un umbral más alto.
Por otra parte, el indicador Arope —que incluye riesgo de pobreza, carencia material y social severa, y baja intensidad laboral— refuerza la misma idea.
Madrid registra una tasa Arope del 19,4%, frente al 25,7% nacional, es decir, 6,3 puntos menos. Además, Madrid reduce su tasa en 1,5 puntos en el último año, mientras España apenas mejora una décima.
El dato más revelador, además, es el de intensidad laboral:
- En España, el 8,0% vive en hogares con baja intensidad en el trabajo.
- En Madrid, solo el 3,5%.
Esto confirma que la diferencia no es «cosmética», ni atribuible solo a subsidios o transferencias: Madrid reduce pobreza porque genera empleo.
Y aquí está la esencia del debate: la pobreza no se reduce empobreciendo a los demás, ni elevando artificialmente la recaudación, ni asfixiando al tejido productivo. La pobreza se reduce cuando se incrementa la renta disponible, cuando se impulsa la inversión y cuando se amplían las oportunidades laborales.
Los datos no admiten demasiadas interpretaciones. Madrid ha demostrado que un marco económico basado en libertad económica, impuestos moderados, reducción de trabas, atracción de capital y creación de empleo tiene un resultado social superior: menos pobreza y menos exclusión.
Frente a ello, el modelo nacional, basado en intervencionismo, subida fiscal y rigidez regulatoria, produce un país que no logra reducir la pobreza de forma significativa ni siquiera en periodos de crecimiento, porque al final, lo que algunos se empeñan en olvidar es una verdad elemental: la política económica no es neutral.
Y cuando se elige un modelo que castiga la actividad productiva, el resultado inevitable es menos prosperidad, menos empleo y, por tanto, más vulnerabilidad social.
Madrid lo demuestra: las políticas económicas dan resultados distintos. Y los datos, esta vez, hablan por sí solos.