¿Para qué sirve un Vox engorilado?
«La ingobernabilidad no puede ser tu único patrimonio político. El caos, la frustración, el enfado, no arreglan carreteras ni alivian las economías familiares»

Ilustración de Alejandra Svriz.
Hay más gurús que albañiles. A los segundos se les solía reconocer por el mono azul y la fiambrera; a los primeros porque asoman de elección en elección poniendo #compol en todos sus posts. Los segundos trabajan con cemento; la mayoría de los primeros, con humo. Ahora tienen un desafío importante: criticar la campaña de Alfonso Fernández Mañueco en Castilla y León.
A María Guardiola la cuestionaron por no ir al debate-trampa que había preparado RTVE, por no hacer un cara a cara con un procesado por corrupción, por evitar entrevistas con tema nacional para centrarse en los temas propios de los extremeños, por no hacer un gran acto como cierre de campaña, por no tirar de los barones del PP, sino dedicarse a viajar con su propio equipo por los pueblos y reunirse con sus vecinos y, finalmente, por atacar a Santiago Abascal en lugar de querer ocupar su espacio.
A Jorge Azcón se le ha cuestionado justo por lo contrario: por exponerse demasiado, por convertir la campaña en un debate nacional, por hacer un gran cierre con Alberto Núñez Feijóo, con concierto de Los Meconios incluido, y por llevar a Vito Quiles para, precisamente, ocupar el espacio de Vox, en el fondo y en las formas.
Dos caminos diferentes para llegar, prácticamente, al mismo lado: una fuerte subida de Vox y un acuerdo imprescindible para gobernar sus comunidades. Sin pacto, vuelta a las urnas.
Ahora queda lo de Mañueco, y luego lo de Juanma Moreno, y lo que venga. No quiero quitarle el juguete al niño, pero da la sensación de que hay ciclos políticos donde las campañas no mueven ni un centímetro el cerebro granítico de muchos votantes. Abascal ha capitalizado el voto indignado contra Sánchez, como en su día hizo Pablo Iglesias contra el bipartidismo. La indignación es un negocio. Siempre lo fue. Cuando se vota con la tripa, no hay vídeo en TikTok que pueda cambiar esa papeleta.
«La pregunta podría ser por qué Feijóo no canaliza ese hartazgo contra Sánchez y cede tanto espacio al populismo»
La pregunta podría ser por qué Feijóo no canaliza ese hartazgo contra Sánchez y cede tanto espacio al populismo. Desde fuera, parece que los líderes territoriales van por libre. Que no hay plan. Que el PP improvisa cada día y en cada lugar. Y que el exceso de autonomía confunde al electorado. Demasiados frentes en una guerra que debería acabar a mediados de 2027.
Feijóo está perdiendo demasiadas plumas en este tortuoso camino. PSOE y Vox son dos organizaciones cada vez más verticales. Están dedicadas a apuntalar el proyecto personal de sus líderes. De Sánchez, para seguir en la Moncloa, y de Abascal, para aspirar a ella. Mientras que el PP es incapaz de encauzar su poder territorial para impulsar al suyo. En cada negociación, en cada comicio, sale cuestionado. Y hasta las victorias se ven como derrotas.
En cualquier caso, es Vox quien está desvirtuando el juego. La ingobernabilidad no puede ser tu único patrimonio político. El caos, la frustración, el enfado… no arreglan carreteras ni alivian las economías familiares. John Wick está bien para un ratito, pero difícilmente puede convertirse en tu película de cabecera. La política exige contención y acuerdo. El resto es testosterona y orfandad por parte del electorado. Que Ignacio Garriga, desde el Parlamento de Cataluña, fuera quien dijera que Vox no va a apoyar a Guardiola, deja claro que Extremadura es lo de menos en esta partida de ajedrez. O de parchís. Quién sabe ya.
Dicen los gurús que los acuerdos con Vox pasan por firmar lo que Vox te ponga por delante. Que el PP debe asumir su condición de rehén de Abascal. Que está en sus manos. Pero esa no es la voluntad de la ciudadanía. Ese es un relato impuesto en redes, en tertulias, en la barra de algunos bares, pero no en la lógica y la tradición democrática de nuestro país. Un partido con más del 40% de apoyos es un partido elegido para gobernar. Y los socios deben negociar con acomodo a esa voluntad, con honestidad y con decoro institucional.
«Vox ha elegido el camino de Junts, de Bildu y de Podemos. El chantaje, la negociación a máximos, la gobernanza imposible»
Sin esa responsabilidad, en tiempos de pluralismo político, estamos condenados al bloqueo y al tiempo perdido. Y lo que es peor: la actitud de Vox legitima lo que está haciendo Pedro Sánchez. La sumisión a sus socios, las cesiones, la aprobación de cualquier privilegio por conseguir mantenerse en el poder; justamente lo que ellos le piden al PP.
Vox ha elegido el camino de Junts, de Bildu y de Podemos. El chantaje, la negociación a máximos, la gobernanza imposible. Vox consigue su estabilidad en la inestabilidad de los demás. Y ahí siguen, tras dos elecciones autonómicas. En el pellizco de monja. En las lecciones y las regañinas a quienes han ganado holgadamente las elecciones.
El engorilamiento es un disfrute íntimo, pero de cara a la ciudadanía, el apoyo electoral debería traducirse en hechos, en soluciones y en políticas de aplicación inmediata. El resto es especulación y un engorde vanidoso pero poco práctico. La política es gestión. Y sin gestión, es solo una meada cruzada entre siglas. Un desorden que terminará agujereando el casco de su recién estrenado barco.