El vivo de Rufián y el difunto Lambán
«Si Podemos, Sumar, comunistas y adláteres aceptan ese frente confederal nacionalizquierdista con Rufián sería su fin. Pero también sería el final del independentismo, porque este ha caminado siempre sobre una pata derecha y otra izquierda…»

Ilustración de Alejandra Svriz
Una previa. Sánchez ha de estar muy desesperado y tocado por las derrotas regionales (y las que le rondarán al moreno de la Moncloa) para aprovechar su tribuna parlamentaria y su inmunidad/impunidad asociadas para señalar, una vez más, y no sin acritud, a los medios que legítimamente lo señalan a él: ahora le toca al televisivo Iker Jiménez y, cómo no, a este periódico, que desde su nacimiento persigue como una sombra sus andanzas y las de su entorno. Como dice Ketty Garat, la cosa se agrava, y no poco, por el silencio de los corderos periodistas, y la triste constatación de que «perro sí come perro».
¿Para cuándo el editorial común en favor de la libertad de la prensa de fiscalizar al poder?
De poco ha servido el cachondeo de los gremlins de Vox y la supuesta amarga (falsamente amarga) victoria de Azcón. Se necesitaba buscar otros culpables. Del cogollito sanchista, ese pobre López sacrificial que se prepara para su debacle ante Ayuso, surge la infamia de echarle la culpa de la debacle socialista en Aragón al difunto Lambán (una de sus últimas entrevistas, para THE OBJECTIVE. Y al final del artículo, más sobre su figura y legado).
Cuán vil habrá sido la vileza que algunos fieles de Sánchez se han desmarcado, empezando por Pilar Alegría (que tuvo el buen gusto, es de justos reconocerlo, de felicitar inmediatamente a Azcón, no como el faltón de Abascal, que esperaba tal vez que lo felicitase a él Azcón), y algún ministro haciéndose el despistado.
El vituperio ha seguido contra Felipe González, que ya venía rezongando desde hace tiempo contra el sanchismo. Pareciera que ha soltado una bomba (o al menos eso les ha parecido a los sanchistas): ¡Votaré en blanco si el candidato sigue siendo Sánchez! ¡Extra, extra…! ¡Felipe votará en blanco! ¡Extra…! ¿En blanco? Cuando su diagnóstico es que la democracia zozobra, el voto útil de Felipe es… una blanca paloma blanca.
¿No se plantea el socialista más importante de los últimos 50 años (GAL o no GAL) un voto conducente a una alternancia democrática en favor del ganador de las elecciones? ¿Acaso desconoce que Sánchez es el único morador de la Moncloa sin haber ganado en las urnas? ¿No se habría abstenido él y facilitado el Gobierno del PP, tal como hicieron sus compañeros cuando echaron a la calle en octubre 2016 al pro-Frankentein Sánchez? ¿Por qué ese blanco pilatos?
Por otro lado, el «cuanto mejor para Vox, peor para el PP y mejor para el PSOE» ya no se lo creen ni ellos. La metáfora es sencilla en términos futbolísticos: el líder de la liga, el PP, en la anterior campaña ganó a su rival directo, el PSOE, con 5 puntos de ventaja; y el tercero, VOX, quedó irrelevante a 21 puntos. En la actual liga ha ganado de nuevo, marcando con menor número de goles, ciertamente, pero con su rival directo a 8 puntos, mejorando así en más de un 50% la distancia que los separaba en la anterior competición. Claro que el tercero ha hecho una gran campaña y se ha acercado; pero sobre todo se ha acercado… al segundo, poniéndosele a 5 puntitos, y es este segundón el que deberá pensar qué hacer si no quiere en la liga siguiente perder… ¡hasta el amargo subcampeonato! El tercero, Vox, del líder, sigue estando muy lejos del ganador, muy lejos, a 12 puntos, casi los mismos puntos que ha obtenido el propio Vox (14). Y esto no solo es fútbol, como decía el gran Johan Cruyff.
Feijóo lidera el PP con una solidez que muchos en el PPE de Estrasburgo envidiarían. Pues mientras tanto, la derecha nacionalista crece en Occidente: no es anomalía, es reacción. El péndulo responde al exceso de un progresismo que confundió vanguardia con dogma wokista. El PP puede y debe detener el péndulo y dejarlo en el centro.
En España a la repulsa al falso progresismo se le añadió el problema sedicioso catalán, coincidente con el auge vertiginoso de Ciudadanos en un primer momento; y luego el de Vox, al caer aquel incomprensiblemente (aquí Rivera da una clave de su propia caída, sin ser él consciente, cuando habla de Vox: le pasó exactamente lo que dice que no importa; tener buenos diagnósticos, pero no tener ese programa detallado que él ahora dice despreciable, irrelevante).
Lo de la autocandidatura de Rufián para abanderar un frente de izquierdas antiderechas tiene su miga. No solo porque el ínclito ha dejado de ser el más separatista de los charnegos y ama Madrid la ladrona, sino porque esto supondría la confirmación de que el Frankenstein júnior se presentaría en bloque para poder seguir siendo la muleta del Frankenstein sénior. La jugada tiene la particularidad de que dejaría fuera a los ultramontanos del PNV y de Junts, dándole a ellos la llave para accionar al machihembrado Frankenstein. Si Podemos, Sumar, Comunistas y adláteres aceptan este frente confederal nacionalizquierdista sería su fin. Pero también sería el final del independentismo, porque este ha caminado siempre sobre una pata derecha y otra izquierda, en Cataluña y en el País Vasco.

Coda 1) Licencia para mentir. No se le ha dado suficiente importancia a la decisión del 10 de febrero de la Audiencia de Madrid, Sección Sexta, conforme a la cual «exigir la veracidad del testigo en una situación que le compromete penalmente, como así ha sucedido con el querellado [Cerdán] con posterioridad a su comparecencia ante la comisión de investigación del Senado, sería forzarle a renunciar a su derecho a defenderse y a la presunción de inocencia, que deben tener primacía». Aquí un análisis detallado.
Resulta que Cerdán supuestamente mintió («No a todo», pixie & dixit) en relación con lo que se le preguntaba en el Senado: su relación con Koldo y el entramado del caso mascarillas.
Esta vuelta de tuerca aberrante, instada por la fiscalía, entra en abierta colisión con la rendición de cuentas de los políticos en general, y en las comisiones de investigación, en particular, donde los comparecientes están obligados a decir verdad, a la manera de los testigos en los juicios. Es una extensión análoga a la ya cuestionable inmunidad de los parlamentarios a la hora de poder acusar sin pruebas y difamar en la tribuna de oradores.
Coda 2) Abajo los mulás. Ningún político español habla tan claro sobre Irán como el francés Manuel Valls en este periódico (aquí su tribuna); es decir, la necesidad imperiosa de hacer caer al régimen criminal de Teherán.
Coda 3) Contorsiones por Epstein. Rozan lo esperpéntico las contorsiones y palinodias de cierta izquierda biempensante cuando se ve salpicada por los archivos de la vergüenza de Epstein. Aquí la esposa de Chomsky (el imbécil más inteligente del mundo), llorando por los dos, porque él ya ni puede.
Coda 4) Mitad y mitad. Dé gracias al cielo Rosa Belmonte de sus dos mitades: que nació mujer y que la vida la hizo feminista, dos atenuantes no menores para el caso; porque de lo contrario su linchamiento habría ido por lo penal. No se quiere entender en España que la sátira busca ofender. Y que en eso consiste la libertad tout court. Y que por ello sería impensable un Charlie Hébdo español… y haya que contentarse con un Jueves podrido todos los miércoles para consumo interno de sectarios. Nunca se han mofado de los ayatolás, con eso está todo dicho.
El consultorio de Mostaza
PREGUNTA.- ¿Por qué si se extrapolan, como se ha hecho estos días en la prensa, los resultados de Aragón a unas hipotéticas elecciones generales podría darse esta paradoja de que el PP perdería escaños habiendo aumentado en siete puntos?
RESPUESTA.- En España los escaños al Congreso se asignan a través de circunscripciones provinciales. Casi un tercio de ellos, incluidas dos de las tres aragonesas, eligen menos de cinco diputados. Tanto en Huesca como en Teruel, para obtener el tercer escaño en juego, el primer partido ha de doblar al tercer partido. Es decir, si Vox obtiene en Huesca un 19% de los votos, el PP debería irse a un 40% para mantener los dos escaños. Es decir, se puede dar efectivamente la paradoja de que, subiendo en votos, el PP pierda escaños. Un buen recordatorio de que es difícil crecer cuando disputas el terreno a un partido que ronda el 20%.
P.- Se están viendo también análisis sobre los trasvases de votos: ¿cómo es posible que se evalúe con precisión las transferencias de votos entre partidos? Incluso en este caso, se apunta a que ha habido una fuga de casi 5% de votos del PP hacia Vox, pero, a la viceversa, ¿un 8% de votos de Vox habrían ido al PP? ¿El saldo sería de un 3% en favor del PP?
R.- Son siempre estimaciones y es un tema complejo. En realidad, lo que se hace es comparar el «recuerdo de voto» con la intención de voto en una encuesta, y luego se ajusta en función de los resultados que se hayan producido. Es un modelo estadístico que suele funcionar bien, pero no debe olvidarse que los saldos van siempre en las dos direcciones: el PP le «entrega» votantes a Vox, pero también «recibe» votos de electores que antes habían votado por esa formación, por eso lo relevante de verdad es que el saldo sea positivo o negativo.
P.- Estamos asistiendo a una serie de elecciones regionales puramente en clave nacional, y el electorado parece tener más en mente a Sánchez, Feijóo y Abascal antes que a los candidatos locales?
R.- En general es así: en un momento de alta polarización, los electores suelen tener en cuenta, además de lo regional, también lo nacional a la hora de votar. La derrota sin paliativos de Alegría es un castigo a Pedro Sánchez, y el buen resultado de Vox no es mérito de Nolasco, sino del crecimiento del partido Vox a escala nacional. Para que unas elecciones se jueguen en clave regional, es importante, además, que el presidente esté institucionalizado, es decir, que los votantes lo vean como alguien que defiende el territorio y que sea capaz de atraer voto de los que no están en su órbita electoral. Es el único escudo cuando todo se lee en clave nacional.
P.- ¿Es sostenible que Vox se resista a investir a los candidatos ganadores del PP, ya sea negándose a entrar en los Gobiernos, ya sea planteando unas exigencias inasumibles? ¿No puede acabar perjudicándoles esta política, digamos, antisistema?
R.- Lo normal es que a largo plazo le perjudique: sus votantes no van a acabar entendiendo que Vox pueda permitir que vuelva la izquierda tras unas elecciones por su intransigencia a la hora de permitir la gobernabilidad. Una gran mayoría de los votantes ve a los partidos como instrumentos, y si no son útiles, los abandonan. El problema es que la cúpula del partido entiende que así será más fácil ir creciendo en expectativa de voto porque está jugando, en términos de mus, a la grande y no a la chica. Quieren sustituir al PP, no «derechizarlo».
P.- El PP habla de pinza PSOE-Vox, Vox habla, a lo Anguita, de que PP-PSOE la misma mierda es, y el PSOE no para de demonizar a la derecha y ultraderecha como si fueran un tándem indisociable; ¿no es como para volver loco al votante?
R.- Sí, un poco sí. Las narrativas en la política española van por libre y no resisten un análisis serio y racional. Los partidos son actores que buscan maximizar su propio beneficio, y en un país con poca tradición institucional, no han terminado de interiorizar que no todo lo que está permitido hacerse puede o debe hacerse en realidad. No es un delito demonizar al votante del otro partido, pero no debería hacerse porque una democracia es un régimen de opinión pública y el debate entre colectivos que se reconocen mutuamente legitimidad es esencial para que el sistema funcione. Si un presidente de Gobierno se considera legitimado para erigir «un muro» que separe a los ciudadanos buenos de los malos, vamos por muy mal camino.
P.- ¿Ve mínimamente viable un frente de izquierdas a la izquierda del PSOE abanderado por Rufián, como se ha comentado estos días?
R.- No, por supuesto que no. Todo este debate en la izquierda más extrema sucede en realidad en las gradas de un circo; es un debate entre los seguidores del Frente Judaico Popular, que odian a los del Frente Popular de Judea y a los que solo une su común animadversión por el Frente Popular del Pueblo Judaico («¡Disidentes!»). En fin, si quieren conocer más sobre este movimiento, no dejen de ver La vida de Brian, de los Monty Python, con esa Unión Popular domiciliada en Galapagar (si quieres, mete el enlace, aunque imagino un cierto nivel cultural a los lectores para entenderlo.
P.- Se habla mucho estos días de los socialistas históricos, como Felipe González y su crítica al sanchismo. Precisamente la semana pasada falleció Jesús Fuentes, primer presidente socialista de Castilla-La Mancha y el hombre clave, junto a Antonio Fernández Galiano, para la conformación de la región… Cada vez van quedando menos políticos que protagonizaron la Transición. ¿Su legado de consenso ha sido solo un espejismo?
R.- Jesús Fuentes personificaba lo mejor de la Transición: un espíritu liberal y de encuentro entre dos Españas que no querían seguir enfrentadas la una con la otra. Una España por fin «sin ira», donde entendernos sin destrozarnos, como quería la canción. Aquella fue una época en la que las personas más brillantes se dedicaron a la política como servicio a la comunidad, y eso se notó en todos los aspectos de la vida pública española. Su trayectoria, orillada muy pronto en el PSOE por un pintoresco vividor albaceteño, es también una metáfora de «en qué momento se jodió» lo que pudo haber sido. Los españoles se hicieron modernos y cambiaron la lectura reposada y el trabajo de orfebre por el titular del periódico y el pelotazo taimado. De aquellos polvos vienen muchos de los lodos que nos anegan.
Más sobre Lambán
Del prólogo de Félix Teira Cubel al libro de Javier Lambán La reforma agraria en Aragón (1931-1936), obra publicada póstumamente en 2025 por Doce Robles.
«El Javier Lambán del 75 era un soñador utópico, y toda su vida siguió esa estela. Entonces éramos presuntuosos e ilusos, improntas de la juventud. Pretendíamos nada menos que cambiar el mundo. Con la edad se atenúan los fuegos de los 20 años, aunque permanecen las brasas; visto en perspectiva, toda su vida Lambán intentó cambiar y mejorar la sociedad. En el segundo año de su estancia en el piso murió Franco. España bullía de esperanzas. Y de temores. En aquel momento Cataluña abanderaba la vanguardia democrática, hacía un lustro del encierro de Montserrat, Solé Tura pronto escribiría sobre las constituciones españolas y allí cantaba Serrat… A Barcelona emigró Lambán en 1976, como tantos aragoneses, en este caso para terminar su licenciatura en historia. La vida nos fue llevando a cada uno por su lado, pero las emociones compartidas a los veinte años fraguan amistades sólidas».
[…]
Ahora el lector tiene en sus manos el legado de un historiador. Valoro la afirmación del autor que asegura que soslayó su condición de político para no contaminar el texto, en busca de la objetividad, tan ansiada por cualquiera que se aproxime a la Historia. Y especialmente me conmueven sus juicios finales sobre la frustrada II República, así como la ecuanimidad sobre el tumultuoso proceso de reforma agraria: valoro la afirmación del autor que asegura que soslayó su condición de político para no contaminar el texto, en busca de la objetividad, tan ansiada por cualquiera que se aproxime a la Historia. Y especialmente me conmueven sus juicios finales sobre la frustrada II República, así como la ecuanimidad sobre el tumultuoso proceso de reforma agraria: «En aras a la verdad, hay que reconocer que el polvorín que estalló el 18 de julio lo habían cargado de munición desde 1931 los unos y los otros, con una conflictividad de distinta intensidad (desde quemas de rastrojos hasta insurrecciones) que fue creando un estado de ánimo colectivo cada vez más proclive al enfrentamiento civil».
[…]
Javier Lambán se mete en este avispero para alumbrar y clarificar los intentos de la República para solucionar una situación tan candente como espinosa en el campo aragonés. El proyecto tiene una larga gestación; el germen está en los comentarios paternos, un labrador que cuando visitaba los sembrados con su hijo le hablaba de los comunales y de la República. Los recuerdos fraguaron en 2004, en el momento que Lambán decide doctorarse en historia, elige el tema de la reforma agraria y comienza la investigación. […] Él es consciente de que su investigación puede ser juzgada desde un prisma sesgado. A propósito, escribe: «Para la redacción de este libro, yo me he esforzado en alejarme de mi condición de político, sin olvidar en ningún caso que la historia hecha con vocación de objetividad es un servicio público muy provechoso para la democracia». Para el rigor son precisos los datos. Es impresionante la exhaustiva y minuciosa labor de búsqueda llevada a cabo.
[…]
Lambán mantiene la ecuanimidad y cita acciones anticlericales, amotinamientos, tiroteos, quema de rastrojos… La sublevación militar trazó una línea de frente que dividió en dos a la región aragonesa. En la zona oriental, bajo dominio republicano, la izquierda dirigió la represión y los fusilamientos, como los consumados en Barbastro. La otra cara de la moneda fueron los asesinatos sistemáticos, llevados a cabo por los sublevados en el verano del 36, de casi todos los líderes de la Reforma Agraria en Aragón. Alcaldes y concejales, elegidos democráticamente, pagaron con su vida el intento de procurar tierra y un sustento digno a sus conciudadanos.
[…]
En este volumen Lambán acredita su condición de historiador, me recuerda al joven inquieto que estudiaba historia y devoraba libros para entender e iluminar el pasado. El historiador investiga, espiga hechos, consulta fuentes en libros, periódicos, boletines, contrasta hechos para obtener una radiografía exacta de una época.