The Objective
Román Cendoya

La negociación PP-Vox

«En la actual situación política de España nos encontramos el mandato ciudadano de que, para obtener la mayoría absoluta, el ganador tiene que negociar»

Opinión
La negociación PP-Vox

Ilustración de Alejandra Svriz.

La negociación política es un arte, algo fundamental en la historia de la humanidad desde la antigua Grecia hasta hoy. La democracia nació en ciudades-Estado en las que los ciudadanos —una ínfima minoría— participaban en asambleas donde discutían y decidían sobre los asuntos de la polis mediante la negociación y votación. En la Edad Media y el Renacimiento, la negociación política se establecía buscando el equilibrio entre las monarquías absolutas y los sistemas feudales en Europa. Con la Revolución Francesa y el nacimiento del concepto de Estado, se pasó a la participación ciudadana y la negociación de derechos y libertades.

En la actualidad, con el establecimiento de las democracias modernas basadas en el sufragio universal y en la consecución de las mayorías de Gobierno, la negociación política es el instrumento fundamental para establecer los acuerdos necesarios para la gestión de los poderes ejecutivo y legislativo.

Con esta larga historia, todo está inventado y probado; la negociación política no tiene mayor dificultad que el hecho de que una de las partes involucradas no quiera llegar al acuerdo. Hay que partir de la base de que todo gobernante, con ambición cierta de poder, quiere gobernar en solitario. Pero el día de la votación, finalizado el recuento, la voluntad ciudadana se traduce en matemáticas parlamentarias. Y los números son tozudos. Pasadas las celebraciones de las victorias de todos, de los que ganan y de los que también dicen que han ganado, pero no, llega el momento de la verdad política. La mayoría absoluta, que otorga toda la estabilidad a la legislatura, es el objetivo final. Si no se ha conseguido, obliga a la negociación.

En la actual situación política de España —Extremadura y Aragón— nos encontramos el mandato ciudadano de que, para obtener la mayoría absoluta, el ganador, que es el Partido Popular, tiene que negociar. Como el PSOE, que ha quedado segundo en todas las elecciones, quiere y debe cumplir con el rol asignado de liderar la oposición, la única posibilidad de negociación es con Vox. El partido que, por mucho que celebre su crecimiento, sigue siendo el tercero detrás del peor PSOE de la historia. Y es el tercero, Santiago Abascal, quien se ha enfrentado al PP de las autonomías, María Guardiola y Jorge Azcón, y al PSOE del imputado Gallardo o la desgastada Alegría.

La negociación política se sustancia en los pactos políticos que siempre se establecen entre partidos que, obviamente, son diferentes. El primer mandamiento de la negociación política dice que todo aquello que no esté recogido en los pactos políticos de gobierno o legislatura, aquello que diferencia a los partidos, es el espacio político de legítimo desacuerdo. Ese espacio de desacuerdo jamás puede llevar al abandono o ruptura de un pacto. En política, cuando se es un partido serio, los pactos solo se rompen por el incumplimiento de alguno de los acuerdos firmados que recogen los objetivos y políticas pactados entre los diferentes.

Es imprescindible que el PP y Vox acuerden que ninguno abandonará el pacto de Gobierno si no se incumple alguno de los acuerdos establecidos. Es una cláusula necesaria para intentar evitar las espantadas unilaterales de Vox. Es obvio que los ciudadanos no saben nada de negociación política porque, vistos los resultados, todos aquellos que creyeron votar a Vox para que controlara y limitara los gobiernos con el PP no les han pasado factura por su espantada unilateral.

En los acuerdos de Gobierno se establecen políticas y objetivos entre las partes que suelen conllevar el oportuno reparto del poder. La regla general de reparto es respetar la proporción establecida por las urnas. Lo óptimo es que el reparto final logre el equilibrio entre cargos de representación y gestión presupuestaria. En el caso de que la minoría quiera hacer valer su «condición necesaria para la mayoría absoluta», hay quienes priorizan presupuesto a cargos o viceversa. Por eso, si hay voluntad política, es fácil encontrar el punto de acuerdo.

«Todos aquellos que creyeron votar a Vox para que controlara y limitara los gobiernos con el PP no les han pasado factura por su espantada unilateral»

El problema surge cuando una de las dos partes no quiere llegar al acuerdo. Cuando el partido mayoritario no quiere llegar a acuerdos niega el principio de proporcionalidad presupuestaria o de representación de cargos. Intenta ningunear al minoritario y propone cargos menores sin partidas presupuestarias.

Cuando el partido minoritario no quiere llegar a ningún acuerdo, porque sabe que el Gobierno lo debilita y afecta a su estrategia política, es cuando pide tantos cargos y presupuesto que para el mayoritario es inasumible. Públicamente dicen sí a la negociación, pero tienen claro que no quieren el acuerdo. Por eso, plantean imposibles.

Y en eso estamos. Parece que el PP ya ha asumido que en Extremadura tiene que gobernar con Vox, pero, evidentemente, no puede hacerlo al precio de representación, políticas extremas y partidas presupuestarias que le exige el minoritario Vox. Ese partido que iba a anular las autonomías y que ha descubierto que son un filón económico para recibir dinero público en el negocio patriótico en el que se han convertido. Exigen vicepresidencia y consejerías con presupuesto importante y muchos cargos. Ya no dicen nada de reducir a la mitad los mismos. Mitad de cargos, mitad de pasta.

Además, en Vox tienen otro serio problema. Porque lo normal, después de ver las campañas de Extremadura y Aragón, es que el líder de las mismas, el que han visto los ciudadanos todos los días, el que hace más preguntas a los demás que presentar propuestas propias legales, reales y posibles, sea el que lidere la parte del gobierno de coalición de los mismos. Y claro, Santiago Abascal no puede ser a la vez el vicepresidente de Extremadura y el de Aragón. Y a saber de cuántos sitios más.

«Parece que el PP ya ha asumido que en Extremadura tiene que gobernar con Vox pero, evidentemente, no puede hacerlo al precio de representación»

Tenemos un problema muy serio. La coalición que ha liderado Sánchez para estar en el poder es todo un fracaso, porque en vez de sostenerse sobre la lógica política, se basa en que no gobiernen los otros. Los que ganaron. Y entre PP y VOX parece que van al fracaso. Los que en su día huyeron, ahora exigen lo imposible para no pactar. No reconocen que sus políticas no son del gusto de la mayoría. El Partido Popular tiene que esforzarse en visualizar que tiende la mano al pacto con la lógica del respeto a los votos de uno y de otro. Es la voluntad de los ciudadanos. Y si no hay acuerdo, se repetirán las elecciones. Una ruleta rusa.

Extremadura puede ser la primera repetición. El riesgo es que el PSOE ya no presentará a Gallardo y, por calendario, no se sabe cómo desdoblar a Abascal para estar en dos sitios a la vez. El Partido Popular tiene la oportunidad de demostrar generosidad y firmeza. Eso no quiere decir que tenga que ceder a la exigencia desmesurada. El fin último es desalojar a Sánchez y al PSOE. Es obvio que los pequeños nunca son la alternativa. Que pueden acompañar, lo dicen los ciudadanos. Que quieran imponer sus políticas y mandar tanto o más que el ganador, no les corresponde.

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