The Objective
César Calderón

La ruleta rusa extremeña

«La estrategia de Vox parece ser humillar a Guardiola. Para Abascal, forzar una repetición electoral no es un fracaso, sino una inversión de marca a nivel nacional»

Opinión
La ruleta rusa extremeña

Ilustración de Alejandra Svriz.

Hay una pregunta que estos días recorre los pasillos de la Asamblea de Extremadura como una de esas corrientes de aire gélido que en invierno remontan el Guadiana y se cuelan por las rendijas de los despachos en Mérida: ¿puede permitirse Vox dejar sin gobierno a los extremeños y forzar una repetición electoral?

La respuesta corta es un «sí» rotundo. La larga es que, además, la idea les resulta incluso divertida, porque si existe un territorio en el mapa nacional donde el partido de Santiago Abascal pueda permitírselo, ese es, sin duda, Extremadura.

Para la guardia pretoriana de Bambú, Extremadura no es una región con un millón de habitantes y un millón de problemas urgentes por resolver; es, más bien, un reactivo químico. El laboratorio ideal para demostrar, sin excesivos costes electorales, que ellos no son un satélite del bipartidismo. Extremadura es el escenario donde Vox quiere escenificar su pureza berroqueña y sacar pecho, haciendo además hincar la rodilla a una de las pocas dirigentes del PP que se atrevió (hablo en pasado) a atizarles con la mano abierta.

A los sucesivos órdagos de María Guardiola durante la campaña —esos que la auparon hasta un histórico 43% de los votos en las pasadas elecciones— Vox ha respondido con la parsimonia de un forense. No tienen prisa. Su estrategia parece ser una venganza cocinada a fuego lento: humillar a Guardiola durante el tiempo que sea necesario, sometiéndola a un desgaste público que erosione su imagen y su liderazgo. Para Abascal, forzar una repetición electoral no es un fracaso, sino una inversión de marca a nivel nacional.

Incluso me malicio que, mientras ignoran sistemáticamente las llamadas de la presidenta extremeña, ya le tienen orquestado un viacrucis por entregas: llegar primero a un acuerdo con Azcón en Aragón, después con Mañueco en Castilla y León y, tras ello, ver qué hacen en Extremadura.

«Vox puede permitirse el bloqueo porque su modelo de negocio no es la gestión de lo público, sino la gestión del agravio»

Extremadura será así la última pieza del dominó, la que caiga por su propio peso. Vox espera que Guardiola capitule cuando ya no le quede ni un gramo de capital político que defender, o que se inmole en el altar de las urnas.

¿Habrá entonces gobierno? No conviene darlo por sentado. Vox puede permitirse el bloqueo porque su modelo de negocio no es la gestión de lo público, sino la gestión del agravio. Para su núcleo duro, el caos de unas nuevas elecciones es un entorno mucho más rentable que la gris irrelevancia de un par de consejerías que además no dejarían de dar problemas durante cuatro años. O lo que dure el invento.

Si la jugada sale mal, el daño para ellos es marginal. Para Vox, en el tablero extremeño solo hay en juego, en el mejor de los casos, un par de diputados. Un sacrificio asumible en aras de un mensaje de firmeza nacional.

El único problema de esta particular ruleta rusa es que, me temo, las repeticiones electorales las carga el diablo. Y el diablo, que es viejo y sabe por dónde sopla el aire del Guadiana, suele castigar con especial dureza a quienes obligan al ciudadano a pasar por las urnas dos veces solo para satisfacer el ego de algunos políticos esnortaos.

Por cierto, ¿alguien sabe qué ha sido del PSOE de Extremadura?

Publicidad