The Objective
José Antonio Montano

Dificultades semánticas con la política española

«Impera el ‘patriotismo de partido’, o la obediencia a unas siglas; esto es, a un significante que produce a voluntad el significado que convenga»

Opinión
Dificultades semánticas con la política española

Ilustración de Alejandra Svriz.

En estas columnas me suelo dedicar al entretenimiento porque en realidad estoy fuera de la así llamada conversación pública española. Y esto debido a sus desplazamientos semánticos. O a sus adulteraciones semánticas. Las palabras se utilizan como meros recursos de poder, en su sentido más bajo: de poder partidista. Volvemos a los sofistas y a Nietzsche, un Nietzsche rudimentario. Esto permite una cierta diversión boxística, pero sin mayor recorrido. Se agota y yo me he agotado ya.

Se supone que los componentes semánticos esenciales de nuestro sistema los fija la Constitución, pero también esto ha caducado a estas alturas. La de 1978 llevaba en su título IX, Del Tribunal Constitucional, una instancia falsificadora. Por ello hemos aprendido tristemente que el texto constitucional no dice lo que dice, sino lo que dice que dice el Consejo de Brujos, encabezado hoy por el brujo mayor Pumpido, que dirá que la Constitución dice lo que diga Sánchez. Obviamente, esto siempre estuvo así: solo había que atreverse a hacerlo. En lo sucesivo, bastará con que se atrevan también los nuevos Pumpido y Sánchez, del mismo partido o de otros partidos. La Constitución que hemos defendido durante largos años, y que esta semana ha celebrado su récord de años, albergaba un bicho.

Lo mismo sucede, en cuanto a mis dificultades semánticas con la política española, con la matraca incansable de «izquierda» y «derecha», que desde hace un tiempo nos asalta cotidianamente todavía más que el (¡insufrible!) fútbol.

La derecha, cierta derecha, insiste en llamar «centroderecha» a la ultraderechista Vox, por ejemplo. O «liberal» a lo que es episcopal. En cuanto a la izquierda, le llama «izquierda» a lo más reaccionario que tenemos, que es ella misma. Nuestra izquierda es la reacción pura y se llama izquierda. Ha desalojado el componente semántico de la palabra. Lo que no le impide usarla inflacionariamente. Y para atacar; es decir, para llamarles a sus críticos lo que ellos son.

El asunto Rufián es la piedra angular de este despiporre. Que un reaccionario, como es todo nacionalista, rozando el fascismo por definición, se presente no solo como de izquierda, sino como la solución para toda la izquierda, sin que estalle el país en carcajadas, prueba el éxito tergiversador de estos cuatreros semánticos. Culmine o no su aventura, es su simple propuesta el síntoma. El síntoma de esa enfermedad que hace que la izquierda se vea no solo compatible, sino idealmente fusionada con el nacionalismo. ¡Y con el nacionalismo de los ricos además, en España!

«Hablan de la verdad quienes más mienten, y denuncian los bulos quienes más los producen: lo que tratan es de blindar sus fechorías»

Al final, en la política española hay adscripción partidista y punto. Si un partido como el PSOE es supuestamente de izquierda, él define lo que es o no la izquierda. La izquierda es entonces, tautológicamente, lo que diga y haga el PSOE. Impera el «patriotismo de partido», o la obediencia a unas siglas; esto es, a un significante que produce a voluntad el significado que convenga. Muchos se dicen de izquierda y lo único efectivo que están diciendo es: «soy del PSOE» (o de cualquier otro partido autodenominado de izquierda).

La cúspide del dislocamiento semántico (dislocamiento que nos vuelve locos) es la manía actual de hablar de la verdad y los bulos. ¡Hasta firman manifiestos! Por lo general, hablan de la verdad quienes más mienten, y denuncian los bulos quienes más los producen: lo que tratan es de blindar (y prestigiar) sus fechorías. Una vez más, no se atiende a los significados reales, sino que se tiende a imponer otros falsos.

Por todo esto oigo la así llamada conversación pública española como quien oye llover. Llover sapos. O besugos, en este diálogo de besugos.

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