¿Está en riesgo la Constitución?
«No está en fase agónica, pero sí en serio peligro de extinción porque en muchos casos, de forma cada vez más acentuada, se incumple en exceso»

Ilustración de Alejandra Svriz.
El pasado martes se conmemoró en el Congreso que nuestra actual Constitución es la que más ha perdurado, rebasando a la de 1876, la de la Restauración canovista, hasta ahora la que ha gozado de mayor vigencia en la historia de España. Creo que fue un acto dudosamente oportuno porque ambas constituciones, aunque se utilice el mismo término para denominarlas, no son muy comparables por varias razones.
En efecto, la actual es la norma suprema de todo el ordenamiento jurídico, todas sus instituciones gozan de legitimidad democrática y sus últimos artículos regulan detalladamente el procedimiento para su reforma. Ninguno de estos rasgos, además de muchos otros de menor significación, puede predicarse de la Constitución de 1876 que, en el fondo, no era otra cosa que una ley más, aunque sin duda importante por su contenido. Así, comparar ambos textos desde el punto de vista de su longevidad, supone relacionar dos normas de características tan diferentes que las hace difícilmente equiparables.
Además, esta larga vigencia de la norma actual no debe llevar a pensar que la Constitución actual goza de buena salud, como tampoco la de 1876 cuando en 1923 fue suspendida por Alfonso XIII para abrir paso a la dictadura de Primo de Rivera. Por el contrario, y aunque no quiero ser victimista, la Constitución actual, si bien no me parece que esté en fase agónica, está en serio peligro de extinción, no porque su texto no se adapte a nuestras necesidades como pueblo, sino porque, en muchos casos, de forma cada vez más acentuada, se incumple en exceso.
Lo insinuó veladamente el rey Felipe VI, que en estos años se ha convertido en el más firme defensor de la Constitución, al pronunciar la frase de su discurso del martes en el Congreso que más han destacado los medios de comunicación: «La mejor manera de conmemorarla es cumplirla». Dio en el clavo: este era, en todo caso, el principal significado del acto del martes en el Congreso. Hay desafección pública sobre la validez de nuestra norma fundamental y ello debe preocupar a los demócratas. Veamos.
El valor principal de la Constitución, sobre todo si tenemos en cuenta nuestra historia contemporánea, es el consenso. Por primera vez, se forjó en la transición un gran acuerdo para dotarnos de unos principios y unas reglas aceptadas por todos que ordenaran nuestro sistema político. Nunca había sucedido en toda nuestra historia constitucional, ni en el siglo XIX ni en el siglo XX.
«El ‘Abrazo’ de Genovés, en versión pintura y en versión escultura, es el mejor símbolo del consenso»
Como expresó plásticamente el gran artista valenciano Juan Genovés, entonces miembro del Partido Comunista de España, era necesario que todos los españoles nos diéramos un abrazo, un gran abrazo, para ponernos a andar conjuntamente. Era el fin de nuestras discordias, el punto final de los años de victoria. Estamos en 1974 y, a petición de la Junta Democrática, lo dejó grabado en un cartel clandestino del que se repartieron medio millón de copias, cuyo original está en el Museo Reina Sofía de Madrid.
Años después, en 2003, se erigió un monumento en la plaza de Antón Martín, también de Madrid, inspirado en el cartel de Genovés y realizado por el mismo pintor, situado simbólicamente delante del despacho de los abogados laboralistas de la calle Atocha, todos de Comisiones Obreras, donde un comando de extrema derecha asesinó a varios de ellos. El entierro reunió a una enorme multitud compuesta por todas las tendencias políticas democráticas, se desarrolló pacíficamente con la garantía del servicio de orden del PCE, demostrando que había suficiente madurez en el pueblo para que empezara una convivencia política en paz y se transitara hacia una democracia, como así fue al cabo de un par de años. El Abrazo de Genovés, en versión pintura y en versión escultura, es el mejor símbolo del consenso.
Pero este consenso, estas reglas comunes aceptadas por todos, empezaron a quebrarse a partir de 2004, ya con Rodríguez Zapatero en el Gobierno, al iniciarse un disparatado e inútil Estatuto de Cataluña pactado con nacionalistas e independentistas, y la Ley de la Memoria Histórica, un invento para resucitar el espíritu de la guerra civil. La izquierda (el PSOE) debía diferenciarse de la derecha (el PP), y no encontró otro instrumento que volver al pasado, abandonar el consenso e iniciar un camino que le llevaría en unos años a una división en bloques opuestos, evitando toda posibilidad de entendimiento.
El orden constitucional empezó a ponerse en cuestión, llegar y conservar el poder, es decir, estar en el Gobierno, incluso aunque no pudiera gobernar, bien valía poner en peligro aquello que se pactó en la Transición.
«El populismo siempre engendra monstruos y en este caso dio paso a este PSOE podemizado»
Todo ello se agravó con la llegada de Podemos que, además de asaltar los cielos, una promesa propia de todos los populismos, quería acabar con el llamado «Régimen del 78», es decir, aquel sistema político que se reflejaba en el abrazo del comunista Genovés. Podemos, tras el éxito de su irrupción, fue debilitándose rápidamente, pero a partir de 2017 encontró cobijo en un nuevo PSOE dirigido por un tal Pedro Sánchez.
El populismo siempre engendra monstruos y en este caso dio paso a este PSOE podemizado que poco tenía que ver con el de Felipe González y Alfonso Guerra, según han reconocido estos antiguos dirigentes. El intento de golpe de Estado en Cataluña, primero en 2014 —golpe blando— y después en 2017 —golpe duro, una reconocida sedición, con graves consecuencias penales—, se añadieron al embrollo político causado por Sánchez e Iglesias.
En este período, desde 2018 hasta la actualidad, el orden constitucional se ha ido erosionando gravemente, y es a partir del mismo, con el espíritu de consenso ya olvidado, que se está subvirtiendo con total impunidad la Constitución, en su letra y en su espíritu, no sólo por parte del Gobierno, sino también del Congreso, con la complacencia del Tribunal Constitucional.
Gobernar por decreto-ley y no por leyes, evadir el control del Consejo de Estado mediante proposiciones de ley del grupo parlamentario socialista y no mediante proyectos de ley del Gobierno, aprobar una ley de amnistía contra la opinión de toda la doctrina jurídica más respetada (y que el TC la salve mediante una sentencia incalificable), no enviar proyectos de Presupuestos al Congreso durante tres años contra la literalidad del art. 134 de la Constitución, entre otras muchas vulneraciones de la misma, que el presidente del Gobierno diga con total naturalidad que gobernará con el Parlamento o sin él, pone en grave riesgo el orden constitucional y es optar por un camino que va contra la democracia misma.
«Abandonamos ya el consenso hace tiempo, dos bloques enfrentados definen nuestro sistema político»
Sí, sin duda, la Constitución está en peligro, en grave peligro. Sobre todo porque ya empezamos a ser indiferentes a su cumplimiento. Nos preocupan más las novias de Ábalos, los manejos ilegales de Koldo, las corruptelas de Santos Cerdán, o la ineptitud de Puente, que los incumplimientos sistemáticos de la Constitución. Abandonamos ya el consenso hace tiempo, dos bloques enfrentados definen nuestro sistema político, hay voluntad deliberada de establecer un muro entre ambos, el frentismo es un hecho como en tiempos que parecían olvidados, antes de la Ley de Memoria Histórica. Pero hemos asimilado, casi olvidado, estas vulneraciones del espíritu de nuestra democracia.
La víctima de todo ello somos nosotros, los españoles, a los que nos quieren situar en uno u otro bando, y el instrumento que utilizan quienes causan todos estos males a la patria es el incumplimiento sistemático de la Constitución. Así nos lo advertía el Rey, con palabras enigmáticas, el pasado martes: conmemorar es cumplir y hacer cumplir la Constitución. Juan Genovés, ya fallecido, hubiera estado de acuerdo. Expulsemos a separadores y separatistas y volvamos a darnos un abrazo, un gran abrazo.