The Objective
Rosa Cullell

Ni un paso al frente 

«La izquierda alternativa, excomunista o bolivariana ha envejecido mal. Se ve ya sin fundaciones, subvenciones ni butacas y busca renacer antes de las generales»

Opinión
Ni un paso al frente 

Ilustración de Alejandra Svriz.

Entre frentes y contra la Constitución anda el juego de la nueva izquierda. Se ha hecho vieja en 15 años. ¿Se acuerdan del 15-M y los indignados de la tierra que iban a tocar el cielo? De aquel grupito de politólogos, liderado por Pablo Iglesias, hemos pasado a grupos incapaces de controlar su boba arrogancia. Gabriel Rufián, independentista a ratos, defiende un frente único e indivisible. Trata, en realidad, de buscar un lugar bajo el sol y cerca del sanchismo. Sumar, Más Madrid y los Comunes de Ada Colau ya han invitado al político republicano a cerrar filas. Impasible el ademán. Cualquier invento del TBO es poco para frenar a la derecha (PP y Vox), que sí sumaría. La nueva tertulia de la izquierda excomunista y flotillera se reúne bajo el lema Un paso al frente. ¿Qué eslogan es este? ¿Un eslogan militarista para grupos pacifistas? La comedia va para largo. 

La izquierda alternativa, excomunista o bolivariana, ha envejecido mal. Se ven ya sin fundaciones, subvenciones ni butacas. Pero Sánchez sabe que, ahora mismo, si convoca elecciones generales, pilla a sus socios tan mal preparados como en las autonómicas de Aragón. No le sirven. Un solo diputado sacó Sumar en las Cortes aragonesas, para vergüenza de Yolanda Díaz, a quien los aspirantes empiezan a evitar. Peor le fue a Podemos: ni un escaño, pero su portavoz no habló de su fracaso, sino de que el PP no tenía mayoría absoluta. Esa es toda su autocrítica. Conscientes de que la legislatura se acaba, la izquierda busca renacer antes de las generales. 

Los políticos/políticas de esta década nada prodigiosa, y de Podemos en particular, luchan por «los pueblos del mundo». Se entretienen y viajan. Son miembras de la Internacional Progresista. Apoyan a los pueblos de las Américas «frente a la ofensiva imperialista de Donald Trump». Dan ganas de enviarlas a Cuba, pero no a un hotel en Varadero, sino a vivir como los cubanos. Allí, residiendo libremente en la miseria, podrían preguntar a los cubanos qué prefieren: ¿Ser invadidos por los estadounidenses o continuar en manos del partido único marxista-leninista? Espero que Marco Rubio llegue a un acuerdo con el actual dictador. Los republicanos de Trump no tienen interés en gastar un dólar en la invasión de la isla. En 1961, el demócrata John Kennedy envió tropas a Bahía Cochinos y la patética operación fracasó.  

Como tiene poco que hacer, la nueva izquierda española persiste en su intento de cargarse la Monarquía para fundar una nueva república plurinacional, federalista, confederal, identitaria y más palabrejas vacías… Y el PSOE de Sánchez insulta ya hasta a los muertos, porque necesita que todos se apunten y le ayuden. Incluso el Bildu de Otegi o los asesinos como Txeroki, liberados por la consejera socialista del Gobierno vasco. En Cataluña, tiene el apoyo menguante de quienes aprobaron la independencia saltándose leyes y echando a las empresas. Solo ha vuelto un 1%, como ha publicado THE OBJECTIVE.

El objetivo común es cargarse la Constitución de 1978. Por eso, obviando las reglas del respeto democrático, la memoria histórica y el sentido común, los miembros de Sumar y Podemos no se levantaron ni aplaudieron al Rey en el Senado durante la conmemoración de los 47 años de la Carta Magna, un récord en la turbulenta historia de España. 

«Rufián representará a quien le digan sus nuevos jefes. Al paro, de donde venía antes de entrar en ERC, no vuelve»

Mientras se construyen nuevos frentes antisistema, Rufián deja frases rocambolescas para la historia. «Soy independentista, pero no me avergüenzo de representar a gente de fuera de mi nación». Ni por eso ni por nada se avergüenza este pícaro del siglo XXI. El líder de ERC, Oriol Junqueras, sigue rezando para sacarse de encima a su frívolo diputado; no quiere perder votos de «los verdaderos catalanes», que se están pasando en masa a la Alianza ultranacional de Silvia Orriols. Rufián representará a quien le digan sus nuevos jefes. Al paro, de donde venía antes de entrar en ERC, no vuelve. 

¿Qué sería de todos estos nuevos progresistas si no suman con el PSOE, ni pueden pactar leyes imposibles, ni ocupar escaños, ni vivir en Madrid, ni cobrar dietas, ni viajar por el mundo mundial con todo pagado? Se han malacostumbrado. Viven demasiado bien para sus méritos y conocimientos. 

España ya tuvo frentes tristemente famosos. El Frente Popular de 1936, fundado antes del inicio de la Guerra Civil, perdió la contienda española que enfrentó a familias enteras. El filósofo José Ortega y Gasset advirtió a nuestros abuelos y bisabuelos: «¡No es esto, no es esto! La República es una cosa, el radicalismo es otra». La palabra república provocaba escalofríos tanto en la derecha como en la izquierda que hicieron la Transición. Tras la Primera vino la dictadura de Primo de Rivera. Tras la Segunda, la de Francisco Franco Bahamonde. Tenemos motivos. 

Hace unos días, en alguna cadena pagada por todos, escuché a una joven decir que el «franquismo ha vuelto». Vaya por Dios. De tanto año de Franco, estos lodos. Se fue al carajo el pacto entre partidos de un lado y del otro, la necesaria alternancia. A estas alturas, quien más alimenta a Vox es el PSOE y sus socios. A los liberales, conservadores, socialdemócratas o apolíticos (son los más), esos nuevos frentes les suenan a tonterías pasadas de rosca.

«Lo que hará caer a la progresía patria, al PSOE y a sus socios, será, como en Europa, la masiva regularización de inmigrantes»

Algunos artistas, periodistas o escritores progres sin mácula, que se negaban a ver el estado político de España, empiezan a desconfiar. Cuentan o escriben que los taxistas que los conducen hasta el chalé de la Moraleja o a la casa en Aravaca se quejan de los sin papeles que siguen entrando, trabajando y bajando sueldos. «¿Y si fuera verdad?», se preguntan con un poquito de mala conciencia. Yo ya no sé si es inocencia o necesidad genética de estar siempre entre los buenos.

Lo que hará caer a la progresía patria, al PSOE y a sus socios será, como en Europa, la masiva regularización de inmigrantes. El único paso, no al frente sino al lado, lo debería dar Pedro Sánchez.

Publicidad