The Objective
Tadeu

Trump el arancelario y los Supremos

«Después de la pataleta, Trump anuncia un arancel único del 10%, una fruslería. Es probable que echando mano de otros mecanismos lo imponga…»

Opinión
Trump el arancelario y los Supremos

Ilustración de Alejandra Svriz.

Veremos si el sistema americano de «controles y equilibrios» que conforma el Estado de derecho moderno occidental va a seguir resistiendo al primer presidente abiertamente iliberal de la democracia estadounidense. Si se superó el macartismo, no hay razón para no poder superar el trumpismo. 

Después de la pataleta tras la sentencia del Supremo, Trump anuncia un arancel único del 10%, una fruslería. Es probable que echando mano de otros mecanismos lo imponga. La cuestión sigue siendo la misma: al usar la política comercial para aterrorizar al planeta a Trump puede salirle el tiro por la culata.

La calma del Tribunal Supremo de los Estados Unidos era sospechosa. Fin del seguidismo. Y, en efecto, llegó la tormenta: Learning Resources versus Trump. 

Y Trump perdió.

No, la International Emergency Economic Powers Act no autoriza al presidente a jugar a los aranceles por su cuenta y riesgo. El poder de vaciar bolsillos sigue siendo del Congreso. Lo demás son entusiasmos mesiánicos.

El varapalo a Donald Trump de los jueces del Supremo fue 6-3 y con firma relevante: John Roberts, presidente y republicano, se arremangó y escribió la ponencia. Nada de delegar el marrón. La sentencia ocupa 21 páginas; los egos, muchas más. Neil Gorsuch se fue a 44; Brett Kavanaugh, a 63. Cuando discrepan, parece que lo hacen con entusiasmo literario.

El núcleo es sencillo y antiguo: «no taxation without representation». La Constitución reserva la chequera al Legislativo. Invocar dos palabras —«regular» e «importación»— para fundar un poder arancelario ilimitado es imaginación creativa. Y la doctrina de las major questions recuerda que las cesiones históricas no se esconden en notas a pie de página.

Conclusión: el Tribunal Supremo no sabe de economía, dice; sabe de límites. Y esta vez los ha dibujado con rotulador grueso. Desde lejos, casi dan ganas de susurrar que todavía quedan jueces en Berlín.

Un excelente y mejor análisis de Monsieur de Villefort aquí

PD: Trump provocó muchas muertes inútiles hace unas semanas llamando a seguir manifestándose a la juventud iraní (porque solo se manifiesta la juventud en el mundo real), en lugar de decirles: «Volved ahora a vuestras casas, que aún no hemos llegado. Ya os avisaré». Ahora parece que está dispuesto a golpear a los criminales de Estado con turbante. Es menester que esta vez la Unión Europea sepa dónde ha de estar.

Coda 1) Rufianismo. El intento de Rufián (de la mano de un triste Delgado, de Más o Menos Madrid, y apoyado en una mitad de Sarah Santaollala) de entrismo en las izquierdas plurales españolas, con tu tenida madrileña, ha resultado de momento fallido. A menos que tuviera otro objetivo y le salió bien hacer que el bizco de Junqueras bizquee también con el otro ojo.

La quedada tuvo cierto éxito de público y prensa pero menos de crítica y no gustó ni a uno ni a otros: los bilduetarras lo despreciaron in limine: no comentan asuntos extranjeros. Los podemistas y podemistas avisan de que ellos ya son multitudes; ni siquiera los potenciales agraciados lo jalearon. Y eso que para los Comunes catalanes el monopolio en Barcelona sería su única chance de volver por sus fueros.

La jugada rufianesca era hija del análisis de lo que supuso el NFP, ese Nouveau Front Populaire francés, que, jugando con la doble vuelta del sistema electoral francés (el mejor exponente de la excepción francesa) consiguió excelentes resultados en la últimas elecciones generales. ¡Lograron que no solo se presentara solo un candidato de la izquierda por distrito (ora socialista, ora ecologista, insumiso o comunista, según su «arraigo») sino que en la segunda vuelta hasta los macronistas votaran por este, en aras del cordón sanitario frente a la extrema derecha, si el rival era un candidato del partido de Le Pen. Repito: los dirigentes del movimiento del Presidente Macron dando consigna de voto en favor de un comunista o un insumiso.

Esto lo están pagando caro, estos días sin ir más lejos, al calor del asesinato de un manifestante afín a Le Pen a manos de unos asistentes parlamentarios de un diputado insumiso del partido LFI. Acusan, no sin razón, a Gabriel Attal, ex primer ministro de Macron, de haber colaborado a la elección del tal diputado Arnault.

Pero claro: la derecha lepenista está aprovechando su «momento Charlie Kirk» para doparse en plena precampaña de las municipales del mes que viene. Rufián debe definitivamente aprender francés y leer más la prensa gala.

Coda 2) Burkina fashion. Ya no cabe duda, el islamoizquierdismo en España existe. Y es electoral. Y también es socialista. No hace falta que el CIS sondee (ver al final más sobre el CIS en el Cuestionario Mostaza). No solo ha tumbado la propuesta de prohibir en el Congreso el velo integral porque es una iniciativa de Vox. Ya se verá que la propuesta de Junts obtendrá la misma negativa de la izquierda multiculti. 

Esto del velo traerá mucha cola, porque es un asunto que toca el núcleo duro del sistema democrático: la laicidad y el espacio público. No todos en Europa están al nivel republicano francés (el Brexit también tuvo de bueno para Europa el que millones de velos se quedaran en las islas): el velo es un símbolo de sumisión de la mujer, y por ende, incompatible con la ley. Y con la moral democrática. Y punto.

A las adeptas textiles de la religión antifeminista habrá que decirles, para consolarlas, que, al igual que los nazarenos pueden desfilar en la Semana Santa bajo estrictas ordenanzas municipales, las tapadas por amor de Mahoma podrán también disfrazarse en sus ámbitos y centros religiosos. Y que entretanto la ley las hará libres.

Coda 3) Epstein. El expríncipe Andrés ya tiene su pena de BBC. Probablemente merecida. Pero no se le investiga por temas de abuso sexual. Como al exministro francés Jack Lang y a su hija, metidos en turbios negocios con el no-suicida/suicidado Epstein.

El problema de los archivos Epstein es que hasta que la justicia no entre con sus níveos guantes asépticos, lo único que se fomentará es la teoría de la conspiración. Antisimetismo incluido.

Una semana más, y en plena precampaña electoral: el Cuestionario Mostaza con Manu Mostaza Barrios.

Cuestionario Mostaza

1. La única alusión a las dos últimas severísimas derrotas autonómicas del PSOE de Sánchez ha sido esta semana esta de que «nuestro electorado se está quedando en la abstención»? ¿Qué hay de cierto en ello?

—Más que su verosimilitud y su falsedad, lo que me parece es que es una afirmación sorprendente. El presidente reconoce que le da igual que ese electorado no se movilice dentro de quince días en Castilla y León, o en unos meses, en Andalucía. Por no hablar de las municipales del año que viene… Lo que le preocupa es su puesto; no sé con qué cara se habrán quedado los candidatos sabiendo que al líder máximo le da un poco igual lo que les pase. Pero no me escapo: no creo que sea cierto. El presidente vive en un eterno presente que gira en torno al 23 de julio de 2023: con aquellas elecciones se jugó un triple que entró por los pelos. Pero ya no estamos jugando aquel partido y ahora ni un triple desde el centro del campo lo va a salvar…

2. Qué opina sobre que el CIS haga encuestas de este tipo sobre hábitos sexuales, que tanto juego le ha dado (aquí) al desaparecido Echenique… ¿Qué interés podrían tener?

—El CIS pregunta por muchos temas de interés para conocer cómo es una sociedad. Y no pasa nada por preguntar por estos temas… Luego todas las preguntas se cruzan con las variables más relevantes (recuerdo de voto, sexo, edad, hábitat de población…). El problema es que como la muestra está cada vez más sesgada —la hipótesis más razonable es que mucha gente que no es de izquierdas ya no contesta a las entrevistas— estos estudios no tienen demasiada validez metodológica y creo que no van a valer para mucho…

3. Si prosperase la fórmula de Rufián de presentar en las generales la lista de izquierda radical (nacional o nacionalista) más arraigada en cada provincia, y usando por ejemplo los resultados de las últimas europeas de distrito único como referencia, ¿cuántos diputados más ganaría ese frente de izquierdas?

—No es un juego relevante, porque la gente vota en cada elección en función de las papeletas que tiene delante. Ahora bien, desde un punto de vista teórico, la operación está bien pensada, en casi un tercio de las provincias (todas de la España interior, excepto Lugo), lo normal es que necesites, para sacar acta, en torno a un 20% (en las de tres diputados) o un 17% (en las de cuatro) y entrar en el reparto. Por eso, tiene su sentido que todas esa opciones de la extrema izquierda vayan juntas o bien solo presenten un candidato… Ahora bien, el diablo, como siempre, está en lo detalles. Un votante de Podemos, ¿va a votar al candidato de Esquerra en Tarragona a falta de otra opción de los Comuns? Uno que dude entre el PSOE y SUMAR, ¿va a votar al Bloque Nacionalista en Orense? Nunca funciona así: cada elección es un mundo y cada votante un misterio.

4. ¿Por qué la cocina interna del CIS no puede ser objetiva y neutral? ¿Podría demostrarse un mala praxis dolosa ? ¿Tiene sentido las encuestas del CIS políticas, siendo como son elementos de propaganda? 

—Bueno, un poco es lo que ya mencioné del sesgo de la muestra, que creo que es más relevante de lo que parece. La cocina es muy artesanal y muy manual, porque depende de cada experto el ponderar cosas como el recuerdo de voto o la simpatía… Es muy difícil demostrar dolo en un caso como éste. 

4) Si se opta por mantenerlo, ¿cómo debería ser un CIS que no fuera un «centro de estudios sucio-ilógicos»?

Puedo proponer algunas pistas para reformar el CIS, pues ya que está, mejor utilizarlo que cerrarlo:

 i. Que el presidente sea elegido por el principal partido de la oposición de entre una terna de tres sociólogos de prestigio que le presente el Gobierno y que no hayan tenido vinculación política con ningún partido —ser miembro de su directiva— en los últimos diez años. Y que haya inamovilidad en el puesto durante cinco años, con independencia del ciclo electoral

ii. Que el programa de trabajo se lo entregue el Parlamento al CIS, y no el CIS al Parlamento. Un programa de trabajo que detalle los temas que interesan a la sociedad y a la ciencia.

iii. Dejar de hacer intención de voto… Hay muchos institutos que lo hacen y no cuestan dinero al contribuyente.

5. Estamos en precampaña permanente y TVE no es ajena a ello. ¿Cómo evitar que se convierta en otro instrumento de agitprop del Gobierno?

—Todo en esta TVE es escandaloso. La democracia liberal es un régimen de opinión pública y los medios públicos tienen que contribuir a ese debate desde la pluralidad y la calidad del debate. La cadena está llena de agitadores -muchos firmaron el vergonzoso manifiesto contras las mil derechas, recuérdese: la derecha judicial, la mediática, la culinaria, la deportiva, la cosmética, etc.…

6. ¿Acaso no se deberían de regular los tiempos por «ideologías partidarias» también fuera de las campañas electorales propiamente dichas, como se hace en Francia? No solo computar tiempo de palabra de políticos sino de tertulianos por cuenta ajena.

—El problema es que no se puede regular todo: regular los tiempos es reconocer un fracaso… cuando llegamos al sistema métrico decimal, hemos perdido la batalla. Así que si el Gobierno no es capaz de contenerse, busquemos desde luego fórmula, algunas más imaginativas que otras:

i. Medios sin audiencia no pueden «enviar» tertulianos a la tele pública… el Canal Rojo de Galapagar tiene más tertulianos que espectadores.

ii. Cualquier tertuliano que repita el argumentario de un partido, será dejado de llamar.

iii. Y más en términos estratégicos: el presidente de la Corporación será elegido por el Gobierno de entre una lista de diez candidatos presentados por el principal partido de la oposición.

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