The Objective
Santi González

23-F: 45 años

«No le acaba de ver uno la intención o la utilidad a esto de la desclasificación, salvo la intención de abrumar al personal con una cortina de humo»

Opinión
23-F: 45 años

Ilustración generada mediante IA.

A esto lo llaman transparencia. El Gobierno de Sánchez va a desclasificar hoy en el Consejo de Ministros todo lo que usted quería saber pero temía preguntar sobre el golpe de Estado del 23-F, al cumplirse 45 años de aquella noche tremenda en la que tantos gatos se volvieron pardos. El sumario está en el depósito acorazado del archivo central del Tribunal Supremo.

El expediente judicial del caso que incluye la causa original que se instruyó y enjuició en el Consejo Supremo de Justicia Militar, el recurso de casación tramitado en el Tribunal Supremo, los expedientes personales de los procesados, grabaciones y cintas, así como los expedientes de indulto y las piezas separadas que integran un total de 89 legajos, unidad de medida documental inespecífica que ayer no me supieron traducir a folios en el CGPJ ni en el Tribunal Supremo, pero que debe ser una cantidad enorme, habida cuenta de que solo la causa original procedente del Consejo Supremo de Justicia Militar ocupa 17 legajos, que equivalen a 43 tomos (12.854 folios). O sea que, en el supuesto de que los legajos guardaran proporcionalidad en cuanto a su contenido, deberían contener unos 67.000 folios tirando por lo bajo.

Confieso que no me los pienso leer. Bien está que se abra toda esa documentación a los historiadores, que por otra parte ya tenían acceso a ella por lo dispuesto en la Ley Orgánica del Poder Judicial, en su artículo 235: «El acceso a las resoluciones judiciales, o a determinados extremos de las mismas, o a otras actuaciones procesales, por quienes no son parte en el procedimiento y acrediten un interés legítimo y directo, podrá llevarse a cabo previa disociación, anonimización u otra medida de protección de los datos de carácter personal que las mismos contuvieren y con pleno respeto al derecho a la intimidad, a los derechos de las personas que requieran un especial deber de tutela o a la garantía del anonimato de las víctimas o perjudicados, cuando proceda». Al cumplirse los 40 años del golpe, el CGPJ daba cuenta en su página web de que «más de una decena de personas» habían sido autorizadas por la Sala de Gobierno del Tribunal Supremo para consultar el sumario con fines de investigación histórica o periodística. O sea, que no le acaba de ver uno la intención o la utilidad a esto de la desclasificación, salvo la intención de abrumar al personal con una cortina de humo en medio de todo lo que le está cayendo encima al Gobierno en general y a su presidente en particular.

Por eso dejaré pasar la ocasión de leerme esos 67.000 folios, aproximadamente hablando, que tan generosamente nos brinda el yerno de Sabiniano. A lo largo de estos años me he leído un par de veces las crónicas que sobre el juicio de Campamento publicó en El País José Luis Martín Prieto y que posteriormente fueron recogidas en un libro titulado Técnica de un golpe de Estado. El juicio del 23-F, en lo que constituye probablemente el mejor trabajo periodístico del siglo XX en España, y con eso creo que ya tengo bastante. Traté de leer la Anatomía de un instante de Javier Cercas, pero no pude pasar del prólogo, en el que el autor se hace un cumplido homenaje: ¡Un prólogo de tres capítulos! Lo dejé en el segundo, al leer esta declaración de principios: «No hay novelista que no haya experimentado alguna vez la sensación presuntuosa de que la realidad le está reclamando una novela, de que no es él quien busca a la novela, sino una novela quien lo está buscando a él». Aun intenté seguir la pista de Cercas a través de la serie televisiva de cuatro capítulos hecha a partir de su novela. Dejé constancia de la aventura en una columna publicada en THE OBJECTIVE el 30 de noviembre último: Cercas, entre el instante y el silbido.

¿Y qué ha hecho Pedro Sánchez en esta ocasión? Lo mismo que hace siempre: ahogar al personal con hechos del pasado para no dar cuentas de su responsabilidad en los hechos del presente. Desenterró a Franco para ahorrarse la siniestra carrera criminal de ETA y poder pactar con sus herederos como socios privilegiados. La exhumación del 23-F va a servir para que lo más indocumentado del sanchismo se apunte a hipótesis descabelladas, en lugar de respetar la investigación de los historiadores. Por debajo quedan toda la vergüenza de líderes policiales cometiendo abusos sexuales sobre sus subordinadas y la ocultación del estado de salud del presidente del Gobierno, que debería formar parte de esa transparencia tan proclamada como velada desde el Palacio de la Moncloa. 

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