El futuro de la derecha
«El votante de Vox está deseando serlo, el del PP apoya a su partido con resignación. El destino de ambos depende, en el fondo, de lo que haga Sánchez»

Ilustración generada mediante IA.
En julio de 2024, Vox rompió todos sus acuerdos autonómicos con el PP y se salió de varios Gobiernos. En su momento parecía una decisión estúpida. La explicación que dio el partido sonaba a mala excusa: lo hacían para protestar contra la decisión del PP de Feijóo de pactar con el gobierno central el reparto de 347 menores extranjeros tutelados entre todas las comunidades autónomas. Era, en realidad, una decisión estratégica: el partido estaba atascado en las encuestas y calculaba que podría crecer más fuera de cualquier gobierno que dentro de él. Un año y medio después, está claro que fue una decisión inteligente: hoy el partido ha duplicado su apoyo en las encuestas. Si en julio de 2024 los pronósticos le daban menos escaños de los que realmente tenía (33), hoy sigue con esos 33; las encuestas le dan entre 60 y 70. Algunos en el partido sueñan con un sorpasso al PP, que sigue siendo el principal partido de la oposición, pero cada vez con menos idea de qué hacer.
A finales de año, el economista Jesús Fernández Villaverde dijo en X que «a la velocidad actual, Vox podría hacer un sorpasso al PP en 2-4 años, convirtiéndose en el principal partido de la derecha». Entre los motivos, uno era demográfico: los votantes del PP se están muriendo. Vox es el partido más votado entre los menores de 60 años, lo que dice mucho de la pirámide, que ya no es pirámide, demográfica española y sus dinámicas de voto. Pero también se está convirtiendo en un voto de clase: ya no crece tanto en el barrio de Salamanca y sí en el de Carabanchel. La elección de Carlos H. Quero como portavoz adjunto de Vox cubre esas dos facetas donde el partido crece más: es un tipo de barrio obrero (Tetuán, uno de los barrios más densos de Madrid), tiene un discurso de clase (se puede ver en su famoso discurso de Aluche) y tiene 35 años.
«Hoy Vox aglutina al voto antisistema, y su estrategia soberanista/populista/falangista le está funcionando»
La tesis del sorpasso no está muy clara. Es muy difícil hacer proyecciones. Hoy Vox aglutina al voto antisistema, y su estrategia soberanista/populista/falangista le está funcionando. Pero quizá el votante joven cabreado de hoy se convierta en el moderado de mañana (es lo que suele pasar, aunque ahora los antisistema cada vez son más mayores). También es posible que Vox, sin el sanchismo enfrente, pierda fuerza. Pero en un análisis ceteris paribus, en una foto fija, la tendencia es esa: el bipartidismo aguanta gracias a boomers y jubilados.
Como Vox está de moda, se puede permitir cosas que no se puede permitir el PP, que se mueve lentamente y con miedo. El votante de Vox está deseando serlo y le perdona todo; el del PP apoya a su partido con resignación. A Vox no le conviene entrar todavía en gobiernos, al menos hasta las elecciones generales. Es más fácil ser antisistema desde fuera del Gobierno. Al PP, en cambio, le conviene arrastrar a Vox hacia la institucionalización: allí creen que se quemarán. El destino de ambos depende, en el fondo, de lo que haga Sánchez: si aguanta hasta el final de la legislatura o no.