¿Qué políticos sacan lo mejor o lo peor de ti?
«Hay que huir de la superioridad moral que lleva a algunos políticos a descartar como interlocutores a todos los que tienen una visión distinta en algún asunto»

Ilustración generada mediante IA.
Hace unas semanas me dijo un amigo que determinado político de primera línea en España sacaba lo peor de él. Mi amigo es un tipo sensato, crítico y bastante interesado en asuntos públicos.
Me hizo reflexionar sobre que una de las tareas más bonitas y difíciles en política, además de intentar ayudar a que la gente viva mejor, es inspirar a los demás. Inspirar es conseguir que aquello que dices o haces genere en otras personas una mayor predisposición a hacer las cosas bien y a atreverse a tomar partido para ayudar. Desde pequeños gestos como estar dispuestos a pagar impuestos sin defraudar, hasta pasos como animarse a participar en asociaciones, ONG, o directamente participar en política en el barrio o municipio.
Cuando un político da ejemplo de honestidad, respeto y compromiso, está animando a que otros ciudadanos se impliquen. Pero esto también opera en sentido contrario…
Parte del trabajo de los políticos debería ser ese: dar ejemplo de cómo actuar bien y, al mismo tiempo, evitar faltar al respeto a la gente y provocar.
Esta capacidad para inspirar se observa en diferentes actores sociales y públicos como sanitarios, periodistas, artistas, profesores, científicos o deportistas. Personas como el doctor Diego González Rivas, la cantante Rosalía o deportistas como Andrés Iniesta, Aitana Bonmatí o Pau Gasol ilusionan, inspiran y motivan a la gente a hacer buenas cosas.
«Hay otros muchos ejemplos hoy en día, en la propia política española, cuya única estrategia es provocar con insultos»
En política, aunque sorprenda, tenemos también numerosos ejemplos. Presidentes como Mugica, Obama o alcaldes como Abel Caballero o Tierno Galván, este año se cumplen 40 años de su fallecimiento, inspiraron a muchos jóvenes a dedicarse a hacer buena política. Por desgracia, hay otros muchos ejemplos hoy en día, en la propia política española, cuya única estrategia es provocar con insultos y faltas de respeto o, por otro lado, entrar al trapo de esas provocaciones y contestar con más faltas de respeto.
O no se dan cuenta o no les importa nada el hecho de que, en realidad, están faltando al respeto al conjunto de la población española. Ciudadanos a los que luego, por cierto, querrán pedir su voto.
La política tiene dos grandes tareas: generar políticas públicas y generar convivencia.
Inspirar a los demás a hacer el bien genera convivencia. Si se percibe que un político/a se esfuerza, es transparente y claro y actúa con honestidad y coherencia, habrá otros ciudadanos que se animen a participar votando e incluso implicándose social o políticamente.
Si un político respeta a la gente y es coherente, también va a ser respetado. El respeto de los demás se gana respetando a los demás. Especialmente si piensan de forma diferente. Y la implicación de los demás se consigue implicándose uno mismo.
«Los políticos que más y mejor inspiran hoy en día a sus vecinos son, seguramente, los alcaldes, alcaldesas y concejales»
Esto se observa muy claramente en el día a día de la política local. En municipios pequeños y medianos, el papel de los alcaldes y concejales es esencial y define muy bien el dinamismo, la convivencia y la implicación social en el municipio. Una cabalgata de los Reyes Magos, por ejemplo, o unas jornadas de deporte en familia van a salir mejor o peor según se impliquen los concejales, el personal municipal y los representantes sociales.
Los políticos que más y mejor inspiran hoy en día a sus vecinos son, seguramente, los alcaldes, alcaldesas y concejales. Muchos de ellos, por cierto, sin ganar ni un euro de sueldo. Esto se acredita en diferentes estudios que señalan que los políticos mejor valorados son los del ámbito municipal, como hemos analizado al estudiar el desapego de los jóvenes con la política:
Por desgracia, también existe la otra cara de la moneda. Políticos que sacan lo peor de la gente. Que remueven los instintos más básicos atacando e insultando —directa o indirectamente— y faltando al respeto a sus rivales y a los ciudadanos que apoyan a esos rivales. Vemos cada día a políticos que llaman fachas o rojos de forma despectiva a ciudadanos por haber decidido votar unas u otras opciones políticas democráticamente, o simplemente por haber tenido una opinión determinada sobre un asunto concreto. En vez de tratar de entender sus razones, respetarles y ser empáticos con ellos, se opta por juzgar y atacar a estos ciudadanos, generando un rechazo y desapego evidente.
No creo que un político deba aspirar a gustar a todo el mundo. Eso es imposible. Pero sí que debería comprometerse a respetar a todo el mundo. A no juzgar a las personas por sus gustos o decisiones políticas o por sus opiniones sobre diferentes asuntos. Hay que huir de la superioridad moral que lleva a algunos políticos a descartar como interlocutores a todos los que tienen una visión distinta en algún asunto. No todas las ideas son respetables —porque algunas pueden ser ofensivas, denigrantes o no democráticas—, pero todas las personas sí que deben ser respetadas. Esta es la esencia de la convivencia. Que todo el mundo se sienta respetado.
Necesitamos más profes, artistas, sanitarios, científicos, periodistas, profesionales y, también, políticos que inspiren y que saquen lo mejor de nosotros mismos. Y no al revés.