The Objective
Cristina Casabón

La cultura en los márgenes

«Terminó administrando subvenciones, repartiendo credenciales morales y decidiendo qué causa merece foco y cuál silencio»

Opinión
La cultura en los márgenes

Ilustración generada por la IA.

Hay en nuestra cultura una especie de familia privilegiada que es la familia de los Sánchez, de la Españita Movistar, los premios Goya, de los Uclés y los Almodóvar y demás autogenios del séptimo arte político español. Entiendo el tema de las subvenciones, entiendo que no sea posible competir con el programa de Pablo Iglesias en la Españita Movistar, pero hay que intentar hacer taquilla sin lloros, demostrando que se puede hacer mejor cine con más arte, como ha hecho Albert Serra, con mejores programas y con más cultura. Ahora vemos mucha crítica y muchos lloros como respuesta al monopolio cultural; falta apostar por la Cultura en mayúsculas, porque la cultura también es política, es pueblo, es imaginario colectivo, son matices.

Hablando de Goya, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando hoy custodia y permite la visita de la colección completa de las 228 planchas de cobre (láminas) originales grabadas por Francisco de Goya; ese sí que es un auténtico alegato a favor de la libertad de creación y no los premios. Algunos siguen empeñados en obtener la estatuilla de su gremio y esto genera, por cada alegría, mucha desdicha y mucho cretinismo en el mundo de la cultura, de las editoriales y periódicos. Lo que hace falta es que crezca el mercado de la cultura en mayúsculas, que abunda en los márgenes, porque lo mainstream es la incultura basta, verdulera y pechugona que pregona su sucia moral. Critican mucho al rey padre, Juan Carlos I, pero no saben de quién es el autorretrato pintado a los Reyes bajo la vigilancia del individuo que entra por el fondo, al lado del espejo.

Hay un momento pictórico en que España tiene que salirse a los márgenes y ponerse a pintar por encima del cuadro, en lugar de enfadarse. Y créanme, ese momento ha llegado hace mucho. Lo de salirse lo ha hecho Albert Serra y otros grandes poco reconocidos. El otro día nos reunimos unos historiadores, periodistas, escritores y abogados a escuchar al historiador José María Marco en el Centro Riojano, centro de reuniones varias, que venimos frecuentando. Alguien dijo que la derecha no lee libros desde los setenta, es una especie de complejo que surge con Mayo del 68. Tiene algo que ver con la redefinición de lo que es la cultura durante los años izquierdistas de la deconstrucción de los valores heredados, del cuestionamiento renovado de todas las modalidades del poder y de la aspiración a un cambio radical del mundo. Desde entonces el gesto sería lo más importante, y la consigna sustituiría al argumento. Los jóvenes izquierdistas, sin embargo, o una parte de ellos, no advirtieron la parte de teatro que había en sus compromisos cuando se vestían sin coste alguno con los hábitos del revolucionario. La cultura mainstream pertenece a ese espacio del gesto, de la cursilería y de la inautenticidad de quienes no leyeron en aquellos años Archipiélago Gulag.

El actor Luis Tosar, con pinta de villano impecable en Iván el Terrible (como dice Tovar), representaba a la perfección esta rebeldía declarándose «en contra de la guerra y los ataques a Irán». No en contra de los crímenes cometidos por el régimen iraní en el contexto de las recientes protestas que siguieron a la muerte de Mahsa Amini. Digámoslo sin rodeos: la cultura española de hoy vive en los márgenes, y la cultura heredera de los setenta es el auténtico mainstream. Aquella que nació proclamándose contestataria terminó administrando subvenciones, repartiendo credenciales morales y decidiendo qué causa merece foco y cuál silencio. Un sistema que no estamos seguros de poder derribar, pero al que no tenemos ninguna intención de someter nuestra existencia ni por un premio ni por un aplauso. La pura sangre de la creación española se sumerge todos los crepúsculos en restaurantes y bares, en un espesor de acuarela lúcida cuyos últimos reflejos vienen a ser Dalí y Antonio López. Y por suerte, como estamos en Madrid, la obra de este gran pintor puede visitarse estos días en el centro comercial Arturo Soria Plaza, en los márgenes de la M-30.

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