The Objective
Santi González

Al PSOE le falla el rácord

«Preguntar por la salud del gobernante no es un capricho de la diputada, ni un afán morboso de enterarse de lo que no le importa. Es un asunto de Estado»

Opinión
Al PSOE le falla el rácord

Ilustración creada con inteligencia artificial.

El problema principal de los socialistas cuando se hacen con el mando no es ya la mentira, sino los fallos de rácord. Se entiende por ello la ruptura de la unidad visual y sonora entre dos planos de una película. La garantía del rácord está en una persona, la script, que se encarga de que todos los elementos que figuran en un plano estén dispuestos de análoga manera en el plano siguiente.

Vamos a poner un ejemplo: el tipo que detenta el cargo de presidente del Gobierno pretende, contra toda evidencia, hacer creer al personal de a pie que su salud es óptima, que está hecho un mulo. Las evidencias son: el minucioso y detallado relato que hizo Miguel Ángel Pérez en Libertad Digital; el hecho de que se han aumentado los gastos de la atención médica del presidente en un 50%, de un millón de euros a 1,5 millones a partir de julio de 2025, mes en el que caducó el convenio que había estado vigente desde 2021 y que en un 90% estaba sufragado por la Comunidad de Madrid.

Hay otras, claro: la falta de transparencia, en primer lugar. La pregunta planteada por Cayetana Álvarez de Toledo al bolo Bolaños sobre el estado de salud del presidente fue calificada de bulo por el ministro de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, el ministro tres en uno del sanchismo, que acusó a la diputada popular de haber rebajado su nivel de indecencia, para terminar preguntándole si está de acuerdo con la reforma laboral de Milei, en esa extravagante creencia que comparte con su líder de que la función de los plenos del Congreso de los miércoles es que el Gobierno le tome la lección al partido de la oposición, en vez de ser justo lo contrario.

Preguntar por la salud del gobernante no es un capricho de la diputada, ni un afán morboso de enterarse de lo que no le importa. La salud del presidente es un asunto de Estado, por mucho que el presidente del Gobierno sea esto que tenemos, y el interés de Cayetana por obtener una respuesta del Gobierno es incuestionablemente legítimo, aunque podría admitirse la hipótesis de que estuviera equivocada. Deshacer el equívoco sería extraordinariamente sencillo: bastaría un dictamen médico exponiendo los resultados del último chequeo que se haya realizado al presidente. Pero Sánchez ha recurrido, como suele, a la mentira y a la superchería: se hizo grabar un vídeo en que afirmó su buen estado de salud, montado en una bici de enduro, modalidad de mountain bike arriesgada, a través de un paisaje erizado de dificultades.

El problema fue que no tuvo el concurso de una script que evitara el fallo de rácord de entrevistar a Sánchez cubriendo su cabeza con una visera negra y que, cuando el ciclista que le sustituye arranca su carrera en cámara subjetiva, solo se le ve la visera, que, milagrosamente, se ha vuelto blanca.

Cuando quiere dar la vuelta a los acontecimientos, necesariamente miente. Está en su naturaleza y forma parte del estilo de la casa. Hace unos años se hizo muy famosa una foto de su antecesor socialista en La Moncloa, José Luis Rodríguez Zapatero, tratando de posar como un deportista nato corriendo por la playa de Sanlúcar de Barrameda. También le faltó un especialista, un (o una) script que le advirtiese de que no podía correr por una playa sin que se vieran huellas de sus pisadas en la arena. Mi amiga Lorena Fernández planteaba otra cuestión de interés: ¿es posible que un presidente del Gobierno pueda practicar deportes de riesgo? Si los futbolistas no pueden, para soslayar el peligro de lesiones, con mucha más razón debería tenerlo prohibido un primer ministro.

El otro gobernante socialista, Rodríguez Zapatero, comparecía ayer en el Senado sobre el rescate de Plus Ultra y fue la suya una intervención estrambótica, en la que el senador Martínez Maíllo le apretó bien las tuercas. Él lo negó todo, pero, a diferencia de sus carreras por la playa de Sanlúcar, en todo este asunto sí ha dejado huellas. Estuvo tres horas en la comisión, una comparecencia a la que Santiago Rusiñol habría comparado con una escalera de gallinero, corta, pero llena de mierda. Admitió que metió a sus hijas en la empresa Análisis Relevante, propiedad de su amigo encarcelado, Julio Martínez.

Confieso que, después de haber escrito un libro de 400 páginas sobre este tipo y sus mañas, no vi venir esto de que fuera capaz de corromper a sus propias hijas. Estuvo cobrando 75.000 euros al año durante seis años. Según dijo, él hacía informes, a veces orales, a veces por escrito. Martínez Maíllo estuvo impecable al mostrar uno de esos informes, pasado por la IA: un corta y pega que haría cualquier becario y por el que ha cobrado 75.000 euros al año. «Es una estafa». Toda su defensa fue: «Hay muchos que no hacen informes y los cobran».

Tuvo otro momento apoteósico cuando Maíllo le espetó que la empresa «apenas tuviera clientes y no tuviese trabajadores. Esto se llama sociedad instrumental». «En España hay 1.800.000 empresas sin trabajadores». Querrá decir autónomos, porque el DIRCE (Directorio Central de Empresas) cifraba en 3,3 millones el número de empresas activas en España a finales de 2025. Si entramos en detalles, la sociedad Análisis Relevante es una empresa clasificada en el Registro como una sociedad limitada sin trabajadores por cuenta ajena y dedicada a otras actividades de consultoría y gestión empresarial (7022 Clasificación Nacional de Actividades Económicas 2009) y, de esas, según el Instituto Nacional de Estadística, había cinco empresas en toda España a finales del año pasado.

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