The Objective
Laura Fàbregas

La verdadera 'cosificación' de Sarah Santaolalla

«El estado de guerracivilismo emocional en el que vive le ciega el criterio hasta el punto de actuar de forma desproporcionada, usando la sanidad y la justicia»

Opinión
La verdadera ‘cosificación’ de Sarah Santaolalla

Sarah Santaolalla en RTVE. | RTVE

Si Primera plana es una de las mejores películas de periodismo es por escenas tan reales como cuando el protagonista, un verso suelto del oficio, se escapa del coro de compañeros, baja por las escaleras traseras —mientras el resto se entretiene con el periodismo declarativo— y acaba destapando él solo la verdad de una gran trama.

En el Congreso, por desgracia, este tipo de periodistas no abundan por una razón muy humana: codearse día a día con el poder no ayuda. Como demostró el caso Ábalos, a menudo hay que protegerse más de las simpatías que de los prejuicios ideológicos. El exministro fue intocable tantos años no solo porque su ministerio era de los que más dinero repartía a los medios, sino también por su cercanía con los cronistas parlamentarios. Caía bien y preferían mirar hacia otro lado, cuando no desacreditar en tertulias televisivas a quienes sacábamos informaciones exclusivas.

En este contexto de dejación de funciones o corrupción moral, se entiende el éxito de Vito Quiles. Este chico es, en sus días más lúcidos, un buen reportero que se atreve a desplazarse hasta entornos incómodos. Y en sus peores días, un follonero de derechas que perpetra escarnio público con preguntas donde, en realidad, no le importa la respuesta ni la presunción de inocencia, como se vio recientemente en su caza a Paco Salazar.

Pero si algo no ha demostrado aún es ser violento. Para muestra, su relación irónica y hasta sana con Gabriel Rufián. Por desgracia, el estado de guerracivilismo emocional en el que vive Sarah Santaolalla, censurando moralmente a quienes deberían ser solo adversarios políticos, le ciega el criterio hasta el punto de actuar de forma desproporcionada, usando la sanidad pública y la justicia, y frivolizando con ser una víctima… no de los que de verdad pegan a periodistas en los campus universitarios, sino de la «extrema derecha».

Viendo el último show, me pregunto si no tiene cerca a una madre, o a una buena amiga, que intente serenarla y le advierta de que televisiones y políticos la están usando para sus propios fines, ya sea por mera audiencia o para sacar réditos de la polarización. Como se ha visto, incluso su pareja ha entrado a alimentar el circo.

Quizás, Sarah, la cosificación que dices sufrir no viene de quien por error o descuido te llama un día «medio tonta, medio tetas», sino de quienes te utilizan como mercancía en su propio beneficio, sin protegerte de ti misma ni de los aliades. Como decía al principio, a veces no hay que cuidarse tanto de los prejuicios ideológicos, sino de las propias simpatías.

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