The Objective
Félix de Azúa

Ahora viene lo bueno

«Sánchez es tan imprevisible como su enemigo americano porque, como él, sólo se ama a sí mismo. Este será un enfrentamiento entre dos narcisistas idiotas»

Opinión
Ahora viene lo bueno

Ilustración generada mediante IA.

El problema mayor de mantener a los déspotas sin cerebro en el Gobierno de una nación no perjudica en la vida cotidiana. Si el paisanaje es medianamente aprovechable, la gente se las ingenia para ir evitando las barbaridades del Gobierno, como la sacrificada población de Venezuela o de Cuba. El problema real aparece cuando hay un suceso catastrófico, sea una guerra, una epidemia, una calamidad trágica, porque entonces quedamos a la merced de un descerebrado y su Gobierno de peleles, que son de una incompetencia sideral.

Hasta ahora hemos soportado todo tipo de humillaciones y una ruina general lograda durante siete años por Sánchez y sus empleados genuflexos. Lo que ahora se avecina, sin embargo, no tiene nada que ver con la estupidez del ministro Puente o la chifladura de la ministra Montero. Esos son enanos comparados con los gigantes que están alzando la bota de clavos sobre el país.

El Partido Socialista es una agrupación temible. No movió un dedo contra Franco. Y su última intervención en la historia de España fue cuando su presidente, Largo Caballero, quiso convertirnos durante la Guerra Civil en una colonia bolchevique. Hubo un paréntesis civilizado durante la Transición, pero el Gobierno actual pretende arrancarnos de Europa, empujarnos hacia África y, dado el estado del cerebro de Sánchez, quizás convertirnos en la primera república islámica de Occidente. El inquilino de la Moncloa es tan imprevisible como su enemigo americano porque, como él, solo se ama a sí mismo y a su ombligo. Este será un enfrentamiento entre dos narcisistas idiotas, uno enorme y el otro minúsculo.

Y aún está libre el que comenzó esta deriva estrafalaria, el indecente Zapatero que consideró muy masculino seguir sentado al paso de la bandera de los EEUU durante un desfile militar. Los americanos estaban, en aquel momento, gobernados por gente indiferente y no hicieron nada, pero tomaron nota. Y ahora, con un pistolero en el Gobierno, lo van a recordar.

«Si se cae la industria turística, se derrumba el castillo de chiringuitos que es la así llamada economía española»

Cuando un país exhibe como única industria nacional boyante el turismo, tiene los pies de barro. El turismo es una industria frágil porque no es necesaria para nadie, excepto para quienes trabajan en ella: es un lujo, una diversión, un entretenimiento, un placebo, un invento del siglo XIX para distraer a los proletarios y se está volviendo cada vez más invasivo y desagradable. Bastará el más mínimo boicot o amenaza para que todo el gentío que viene a este país a perder el tiempo elija los otros doscientos que le hacen la competencia. Y si se cae la industria turística, se derrumba el castillo de chiringuitos que es la así llamada economía española.

La situación puede llegar a ser muy dura para la población que paga impuestos. No le van a perdonar a la oposición que haya sido incapaz de mover al déspota de su sillón, a pesar de las barbaridades que llevamos soportando en los interminables siete años de opresión mentecata. La última de las cuales es devolvernos a la política exterior de Franco, la autarquía.

Publicidad