The Objective
Ricardo Gómez Díez

Por qué Vox no es Podemos ni Ciudadanos

«Vox no va a parar en su crecimiento en la medida en que, precisamente, ese mismo sistema político, económico, social y cultural no decida reformarse a fondo»

Opinión
Por qué Vox no es Podemos ni Ciudadanos

Imagen generada con IA.

Desde que Vox empezó a emerger a nivel nacional, tras la repetición de las elecciones de 2019, a costa, sobre todo de Ciudadanos, una cantinela se ha ido repitiendo hasta ahora en los medios de comunicación y en las redes sociales: Vox es como Podemos o Ciudadanos, pero por la derecha, en vez de por la izquierda o por el centro, respectivamente. Una impugnación al sistema bipartidista nacional del PSOE y del PP.

La catedrática Uriarte, antigua dirigente socialista vasca y actual diputada popular por Madrid, decía por entonces que Podemos, Cs y Vox eran parte del mismo fenómeno: la antipolítica (aunque, estrictamente hablando, ninguno de los tres lo es, porque antipolítica son Alvise y sus ardillas, lo fueron Gil y sus mamachichos o Ruiz-Mateos y su abeja, pero no todo hartazgo o populismo lo es; necesita ser antielites y antipartidos a la vez).

Vox no es un fenómeno de la antipolítica, como no lo fueron Podemos y Ciudadanos, menos aún. Vox es el fenómeno nacional de la impugnación internacional a la globalización. Es el fenómeno español que apuesta por la desglobalización desde la derecha alternativa, como Trump, Orbán, Le Pen, Farage, Kaczynski o Meloni. Aunque en su origen fuese una escisión del PP (como Podemos lo fue de IU o Cs del PSC).

No propone una reforma del sistema, como el Ciudadanos de Rivera (esa es la principal crítica de los liberal-conservadores como Espinosa de los Monteros, que siguen saliendo estos días del partido). Ni una revolución, como el Podemos de Iglesias, en ambos casos entre las europeas de 2014 y las generales de 2019, no. No ha estado nunca en la revolución y no se mueve ya en la reforma. Ese es el gran cambio entre el Vox inicial y el Vox actual.

Lo que propone Vox desde ese 2019 hasta el momento (y ya empieza a superar en años a los dos fenómenos anteriores, como Sánchez supera ya en años de mandato a Aznar, Zapatero o Rajoy) es lo que la exsecretaria de Estado americana Rice denomina «los cuatro jinetes del apocalipsis»: populismo, nativismo, aislacionismo y proteccionismo. Una reacción, más que una reforma o una revolución. Un nosotros contra ellos en todos los frentes.

«Vox no es un fenómeno de la antipolítica, como no lo fueron Podemos y Ciudadanos, menos aún: es el fenómeno nacional de la impugnación internacional a la globalización»

Ni el híperliderazgo que ejercían Iglesias o Rivera tiene las mismas características, ni las mismas consecuencias. Para empezar, porque ambos eran realmente quienes mandaban en sus partidos: Abascal tiene a otras figuras en la sombra (para unos, una familia, los Ariza; para otros, una secta, el Yunque) que manejan en realidad los hilos. Y el punch electoral de los líderes de Podemos y Cs era muy superior al del líder de Vox.

Los tiempos tampoco son los mismos: tanto Iglesias como Rivera tenían mucha prisa por dar el sorpasso al PSOE y al PP. El primero acabó entrando en 2020 en el Gobierno y saliendo precipitadamente a continuación: lo suyo eran los medios, las redes y la calle. El segundo no llegó a entrar ni con Rajoy en 2016 ni con Sánchez en 2019 en el Gobierno, aunque sí estuvo en Gobiernos autonómicos y locales. Y le acabó costando la cabeza… y el partido.

Abascal y sus asesores juegan, como los independentistas catalanes, a la paciencia frente a la ansiedad. Por eso salieron de los gobiernos autonómicos nada más entrar y nunca más volverán, si no es para mandar directamente habiendo ganado esos gobiernos y el gobierno central. Por eso no entrarán tampoco en un futuro Gobierno de Feijóo y le harán las cosas tan o más complicadas que a Guardiola, Azcón, Mañueco o, próximamente, a Moreno.

Los estrategas del búnker de Abascal, muchos de ellos pasados por la política catalana (cada vez más dirigentes proceden de Cataluña: Garriga, Buxadé, ahora Calvet, Ariza, con un líder que viene de la política vasca y sin un solo dirigente más del País Vasco a su lado), tienen claro que su tiempo aún no ha llegado. También que llegará tras las elecciones de 2031, cuando la fruta esté madura para ese camino alternativo a la derecha de la derecha.

La clave para evitar ese sorpasso no está ya en el sistema electoral que protegía a PSOE y PP de Podemos y Ciudadanos. Vox obtendría hoy, desde la escalada en las encuestas con la crisis de la dana a finales de 2024, representación en casi todas las provincias medianas (excepto en la navarra y algunas de las vascas, catalanas y gallegas) y en las pequeñas que son de 3 diputados, menos en Soria (que elige 2), e incluso en Ceuta, que elige 1.

El Podemos de Iglesias se quedó a 350.000 votos y 14 escaños de superar al PSOE de Sánchez en las elecciones de 2016. El Ciudadanos de Rivera se quedó a 200.000 votos y 9 escaños de sorpassar al PP de Casado en las de 2019. Y fueron esas provincias pequeñas que eligen 1-3 escaños (la España vaciada de las dos Castillas y Aragón, más Ceuta y Melilla) las que actuaron como auténtico muro de contención del bipartidismo.

Podemos no captaba apenas voto del PP. Ciudadanos captaba más del PSOE en Cataluña y más del PP en el resto de España. Pero Vox empieza ya a captar más voto del PSOE y sigue captando voto del PP. Esa es otra diferencia. La fidelidad de voto de Vox, además, no baja desde hace tiempo del 85%, la más alta de todos los partidos nacionales, frente a Podemos y Ciudadanos, que fueron perdiendo fidelidad de voto de una forma más rápida.

Podemos, Ciudadanos y Vox, como SALF, atraen voto de protesta, de hartazgo. Pero, de nuevo, los dos primeros respondían a un fenómeno fundamentalmente nacional (el que más Cs, Podemos solo tuvo a Syriza como referente durante un corto período de tiempo), mientras que Vox responde a un fenómeno internacional cada vez más extendido. Lo único común con Cs es el voto antiindependentista: fue el que cambió de uno a otro partido en 2019.

El porcentaje de voto masculino de Vox (casi 8 puntos más que el de su voto femenino) es superior al del resto de partidos, y mucho más descompensado, hasta el momento, al de Podemos y Ciudadanos. Eso también habla de su fuerte conexión con el movimiento desglobalizador que aglutina una reacción que en origen es más masculina que femenina, pero que está creciendo en voto de mujeres, como ha ocurrido en EEUU, Italia o Francia.

El escenario francés es el que, de seguir la progresión actual electoral de Vox (ya se asoma al 20% del voto nacional), puede parecerse más al español en la década que viene. Porque, aunque se trate de un sistema semipresidencialista y el nuestro parlamentario, los parecidos siempre han sido mayores que con el resto de países de nuestro entorno (Italia, Reino Unido, Alemania e incluso Portugal, aunque estén siguiendo ese patrón francés).

«La fidelidad de voto de Vox, además, no baja desde hace tiempo del 85%, la más alta de todos los partidos nacionales frente a Podemos y Ciudadanos, que fueron perdiendo fidelidad de voto»

Portugal hasta en el ciclo electoral nos está adelantando. Recordemos que Mitterrand llegó en 1981 al Elíseo, un año antes que González a La Moncloa (Soares llegó al año siguiente) y Chirac también un año antes que Aznar (Durão Barroso llegó más tarde también). En 2027 volverá a ganar en Francia el macronismo sin Macron, pero en 2032 Bardella puede ser presidente de la República francesa, cuando Vox intente su asalto a la Moncloa. 

La clave para frenar a Vox no está en seguir creyendo que ocurrirá como con Podemos o Ciudadanos. Que el sistema electoral los frenará. Vox no va a parar en su crecimiento en la medida en que, precisamente, ese mismo sistema político, económico, social y cultural (su verdadera batalla) no decida reformarse a fondo. O bien por separado, en las posturas de PSOE y PP en determinadas materias (empezamos a ver las primeras fisuras en política migratoria y seguridad en alcaldes de ambos partidos, la política de abajo a arriba). O bien juntos, en una suerte de macronismo a la española que cuaje en los próximos años treinta.

Decía Abraham Lincoln en su discurso anual al Congreso el 1 de diciembre de 1862: «Los dogmas de un pasado en calma son inadecuados para un presente tormentoso. La situación está llena de dificultades y debemos estar a su altura. Al ser una situación nueva, debemos pensar de una nueva forma y actuar de una nueva forma. Debemos salir de nosotros mismos y renovarnos; solo entonces salvaremos a nuestro país».

La alternativa a Vox no pasa por ensayar viejas fórmulas fracasadas de estigmatizar a sus votantes, incluso sus ideas, o atacar a sus dirigentes, por muchas deserciones o peleas internas que se produzcan (eso no afecta a sus votantes y lo vamos a ver en Castilla y León y más aún en Andalucía). Mientras no entren en Gobiernos, y no van a entrar, no se producirá desgaste alguno por ese lado tampoco (el de pasar de las musas al teatro).

Pasa por normalizarlo como un actor más del escenario actual, como Podemos, Sumar o, peor aún, Bildu, como decía González. Pasa por ir, asimismo, por delante y marcar posición en los temas que realmente están provocando ese malestar creciente en todo tipo de electores por la manera en que se está desarrollando la globalización. Y por presentar líderes y equipos atractivos y solventes, frente a la falta total de líderes y equipo en Vox.

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