The Objective
Sonia Sierra

El feminismo desquiciado

«Si la izquierda te vende a Santaolalla como feminista y a Alinejad y Satrapi como fachas, es normal que cada vez más gente no se identifique con dicho movimiento»

Opinión
El feminismo desquiciado

Ilustración generada mediante IA.

Hace un par de semanas salió una encuesta en la que se plasmaba que el 38% de los jóvenes se define como feminista frente al 50% de hace un lustro y, pese a eso, el 77% considera que la igualdad de derechos y responsabilidades es un elemento fundamental en la pareja; es decir, no es que estén en contra de la igualdad, sino de la turra que les han dado en nombre del feminismo bajo los gobiernos de socialistas y podemitas. Obviamente, las que hemos sido feministas toda la vida no lo identificamos como tal, sino como una serie de ideologías majaretas en las que tienes que afirmar que ves una mujer aunque ante tus ojos haya un hombre con barba y en las que se utiliza a la mujer como arma política, una mujer que suelen presentar como una eterna menor de edad cuya máxima aspiración es volver a casa sola y borracha.

La realidad es que, mientras los gobiernos de Pedro Sánchez se han autoproclamado los más feministas, España ha descendido desde el puesto 5 al 25 en el ránking internacional de seguridad de las mujeres desde que él llegó al poder, entre otras cosas porque las violaciones han aumentado un 215%, así que no es de extrañar que el término se haya devaluado, aunque lo suyo no es realmente feminismo, sino una suerte de feminismo desquiciado que estos días han llevado al paroxismo.

La semana pasada se publicó un vídeo en el que Vito Quiles se intenta acercar a Sarah Santaolla y ella lo llama «botox Quiles» y le pregunta con sorna que quién le ha pagado el botox y, de repente, aunque en ningún momento hay contacto físico entre ambos, empieza a gritar «me están pegando». A pesar de que tras el visionado del vídeo no queda ninguna duda de que ni la roza, ella se va a un hospital del que sale con un cabestrillo y un parte médico que refleja que no tiene ningún tipo de lesión. Aun así, al día siguiente presenta una denuncia y se marca una tournée por las televisiones donde, entre lágrimas, explica una escena que no tiene nada que ver con las imágenes. Esto es grave, porque se ha transmitido en directo una denuncia falsa, pero lo peor de todo es que el Gobierno en pleno le ha mostrado su apoyo y desde la UGT le han dado un premio por el 8-M, con el daño que hace semejante pantomima a las verdaderas víctimas.

Creo que no se ha recalcado lo suficiente lo peligroso que resulta que un gobierno participe en un montaje para eliminar a un periodista que les resulta incómodo. Sarah empieza a grabar antes de salir del Senado porque sabe que Quiles está fuera y pretendía, con un vídeo confuso en el que grita que le pega, que le pusieran una orden de alejamiento y le quitaran la acreditación en el Congreso, como persigue la izquierda. La cosa salió mal porque había otra grabación que mostraba lo contrario, pero han seguido adelante con la farsa.

Además, Pedro Sánchez va a inaugurar mañana una Cumbre contra el Odio junto a Sarah Santaolalla, que de odio sabe un rato: insultó a la mitad de los españoles y en los muchos platós en los que trabaja siempre se muestra faltona e irrespetuosa. De hecho, llegó a llamar nazi a Lucía Etxebarria, quien, por cierto, sí tiene sentencias que certifican delitos de odio y agresiones contra ella y que fue puesta en la diana por el mismo Gobierno que ahora va a celebrar esa cumbre y que en su día montó una comisión de seguimiento de delitos de odio cuando un hombre se inventó una agresión homófoba, el conocido como «el bulo del culo», según la cual unos encapuchados le habían grabado en salva sea la parte la palabra «maricón» para no reconocer ante su pareja que era chapero.

«La izquierda se ha puesto del lado de los ayatolás y se dedica a atacar a una verdadera feminista como la iraní Masih Alinejad»

A todo esto, cuando los constitucionalistas recibíamos agresiones por parte de los independentistas en los momentos más duros del procés, los socialistas decían que no había que hacerlas públicas porque eso producía crispación, pero oye, para las denuncias falsas, venga de cumbres, comisiones y hasta premios.

También se han cubierto de gloria con su defensa del burka y del niqab en lo que ellos llaman «libertad religiosa», y la Consejera de Igualdad (¡de Igualdad!) de Castilla-La Mancha lo ha comparado con lo que lleva la Virgen María en muchas imágenes y ha dicho que significan dignidad. Más allá de que las mujeres no queremos retroceder dos mil años, lo que en realidad significan estas abyectas prendas es que somos impuras y nuestra obligación es taparnos para no provocar a los hombres. La izquierda se ha puesto del lado de los ayatolás y demás raleas islamistas y se dedica a atacar a una verdadera feminista, a una luchadora por los derechos de las mujeres como la iraní Masih Alinejad, que tiene que vivir con protección por los intentos de secuestros y asesinatos que lleva sufriendo desde que le plantó cara al gobierno integrista de su país. Las mismas que utilizan sin pudor la cursilada esa de «poner el cuerpo», que en sus casos no significa absolutamente nada, arremeten contra quien arriesga su vida por defender la igualdad y la libertad de las mujeres.

Lo peor de todo es que no es solo la izquierda patria, sino que la chaladura se extiende por todo el mundo occidental: la televisión francesa emitió hace unos días Persépolis, basada en la maravillosa novela gráfica de Marjane Satrapi, y el zuderío galo ha protestado tachándola de reaccionaria y racista. Pero, ¿cómo va a ser reaccionaria una obra que clama por la libertad, ni racista cuando la iraní se limita a contar su historia? Si la izquierda te vende a Santaolalla como feminista y a Alinejad y Satrapi como fachas, es normal que cada vez más gente no se identifique con dicho movimiento que, pese a sus grandes logros, han convertido en un esperpento.

Publicidad