La recua de Irene
«Estuvo pertinente la novia de Pablo Iglesias al citar a dos tías de su cuerda y, supongo, con su nivel intelectual y con su misma fibra moral»

Ilustración creada con inteligencia artificial.
Leo con cierta perplejidad que Irene Montero ha denunciado, en plena celebración del Día Internacional de la Mujer, haber sido víctima de amenazas de muerte por parte de una organización neonazi y satánica. ¡Neonazi, además de satánica! A mí me parece que esta pobre chica ha sufrido una indigestión de El día de la bestia, película de Álex de la Iglesia, en la que el padre Ángel Berriatua, interpretado magistralmente por el malogrado Álex Angulo, y el satánico José María (Santiago Segura) tratan de localizar el lugar donde nacerá el Maligno para impedirlo. Uno estaba muy lejos de sospechar entonces que la Bestia iba a venir a este mundo para impedir el triunfo del bien de este ser de luz, que premió con su ley «Sí es sí» a unos congéneres que no lo merecían.
Algo desmesurada también debió de parecerles la amenaza satánica a sus compañeres de Podemos porque, a lo largo de la mañana, la cosa se fue quedando en una organización neonazi sin más adornos. Busqué a lo largo y a lo ancho de internet, pero solo conseguí encontrar referencias en la prensa amiga a que «las amenazas de muerte parten de una organización de extrema derecha considerada terrorista por el Departamento de Justicia de Estados Unidos y el FBI». Ni una precisión más. No dicen, por ejemplo, el nombre de la supuesta banda terrorista, qué menos.
Lo más aproximado era una noticia de hace un par de años que daba cuenta en El Mundo de que «las amenazas de muerte parten de una organización de extrema derecha considerada terrorista por el Departamento de Justicia de Estados Unidos y el FBI», según ha informado Podemos, que no ha detallado por el momento de qué grupo se trata. «El Departamento de Estado de EEUU calificó como terroristas a un grupo neonazi nórdico y a tres de sus altos cargos. Era la segunda vez en la historia que EEUU designa como terroristas a una organización extranjera de supremacía blanca y a sus dirigentes».
La CNN precisa un poco más en una información de 2024, aún bajo la presidencia de Joe Biden. Se trata del Movimiento de Resistencia Nórdica (NRM) y señala a tres de sus altos cargos: Tor Fredrik Vejdeland, Pär Öberg y Leif Robert Eklund como Terroristas Globales Especialmente Designados, según un comunicado del portavoz que por entonces tenía la Casa Blanca, Matthew Miller.
¿Todo eso para amenazar a nuestra Irene? ¿Seguirán esos fulanos vigilando el chaletón de Galapagar? Ya será menos.
Estuvo pertinente la novia de Pablo Iglesias al citar a dos tías de su cuerda y, supongo, con su nivel intelectual y con su misma fibra moral, a las que también considera amenazadas por el eje del mal. Son: Sarah Santaolalla, a la que ya se puede calificar sin temor a yerro como autora de una denuncia falsa contra Vito Quiles, después de que el médico forense haya emitido un informe según el cual no hay constancia alguna de que sufriera lesiones compatibles con los hechos.
El alcance intelectual de la moza lo determina el hecho de hacer un relato que debía presumir desmentido por las imágenes y por el forense. No es solo Sarah: es el partido de Irene, cuya división municipal salmantina quiso perpetuar su nombre en la capital que la vio nacer y propuso rebautizarla como «Sarahmanca». Y es el partido del Gobierno que erigió a esta falsaria como mascarón de proa de una celebración, el Día Internacional de la Mujer, que solo congrega a una décima parte de lo que solía cuando ellos llegaron al poder.
La otra es Inés Hernand, la inolvidable autora del apabullante ditirambo contra Pedro Sánchez. No se puede decir «hacia»: ninguna persona normal podría recuperarse de un piropo como el que le dispensó ella en la gala de los Premios Goya 2024: «Eres un icono, presi. Te queremos». Peor aún fue cuando se puso a explicar cosas mayores a los chicos de Operación Triunfo en plan crítico con «líderes políticos» que utilizan «la palabra ETA con una ligereza… cuando hay muchas víctimas y mucha tergiversación. La izquierda abertzale vasca era pacifista».
Seguramente le parecería raro que las víctimas de ETA se tomaran estas palabras por lo criminal, como a Irene Montero le parece chusco que las víctimas de violencia sexual le reprochen haber puesto en libertad a una cantidad significativa de violadores. Son los jueces, que no han sabido interpretar la intención de tan eximia legislatriz y han interpretado solo sus palabras.