The Objective
Santi González

Cómicos en guerra

«’Cómicos en guerra’, el último libro de Pedro Corral, es sorprendente, lleno de anécdotas insospechadas que reflejan lo mejor y lo peor de la especie humana»

Opinión
Cómicos en guerra

Ilustración generada mediante IA.

Tocaba el martes presentar el último libro de Pedro Corral. Cómicos en guerra se titula, y es el equivalente a Las armas y las letras, el libro que Andrés Trapiello dedicó a los escritores y su adscripción a los dos bandos de la Guerra Civil, pero contando los avatares, aventuras y sinsabores de las gentes del teatro y del cine.

El resultado es un libro sorprendente, lleno de anécdotas insospechadas que reflejan lo mejor y lo peor de la especie humana. Especialmente conmovedora es la historia de Tina de Jarque, una vedette guapísima de la que se prenda Abel Domínguez, un chequista de los que abominaba Miguel Hernández. Él la miró y se enamoró al instante. Como en la CNT no se llevaba el ‘dolce stil novo’, el miliciano la detuvo, la llevó a la checa de Claudio Coello y la puso en libertad media hora después, con la severa advertencia de que si al día siguiente no quedaban a comer, podría ser fusilada. Ella calibró el interés del chequista; debió pensar que más valía eso que nada y fueron pareja un tiempo, hasta que los dos fueron detenidos y fusilados, según contaba un compañero de checa: a ella por fascista y a él por haberse dejado envenenar.

Eros y Tánatos, las dos pulsiones básicas de Freud para definir el comportamiento humano, están presentes en muchas historias de las que cuenta Corral en su libro. A veces, también intervienen el azar y la miseria del alma humana. Son personajes centrales del libro Federico García Lorca y Pedro Muñoz Seca, asesinados ambos con tres meses de diferencia. Lorca estuvo a punto de embarcarse en los primeros meses del 36 con su actriz Margarita Xirgu y el empresario Cipriano Rivas Cherif, que era cuñado del presidente Azaña, en un viaje que recorrería Cuba, México, Colombia, Hollywood, para desde allí cruzar el Pacífico hasta Filipinas, Japón y Shanghái. Lorca quiso llevar a su último amor, Juan Ramírez de Lucas, un jovencito de 19 años que no pudo acompañarle por prohibición paterna. Lorca no quiso separarse tanto tiempo y se quedó. Él no era un republicano fervoroso ni tenía ideas radicales de izquierdas. Cultivaba cierta amistad con Primo de Rivera y con los hermanos Rosales, notorios falangistas de Granada. Se le cruzó un mal tipo, Ramón Ruiz Alonso, que lo detuvo y fue el inductor de su asesinato. Dos días antes había sido fusilado su cuñado, Manuel Fernández-Montesinos, alcalde socialista de Granada. A Ruiz Alonso sus tres hijas le salieron actrices y de izquierdas: Terele Pávez, Emma Penella y Elisa Montés. Las tres renunciaron al apellido paterno y él acabó exiliándose en Las Vegas, donde murió el mismo año en que aprobábamos la Constitución en referéndum. 

Muñoz Seca fue detenido y fusilado en Paracuellos el 28 de noviembre de 1936. No le tocaba aquella saca, pero uno de los milicianos que lo detuvieron se encaprichó de sus botines. Una semana después habría salvado la vida, cuando fue repuesto en la Dirección de Prisiones el anarquista Melchor Rodríguez, el 4 de diciembre. Ya no hubo más sacas.

Hay en el relato de Corral una total ausencia de entusiasmo partidista y una pasión decidida por el ser humano, rescatando lo mejor de cada uno y poniendo en cada circunstancia el eros por encima del tánatos. La memoria del autor y el rigor de su trabajo historiográfico abundan en el dictamen ya avanzado en otros libros suyos, como Desertores y Vecinos de sangre sobre nuestra Guerra Civil. Pese al entusiasmo que derrochan por ganarla los nietos de los españoles que entonces la perdieron, aquella fue una guerra que no quería nadie.

«Búsquelo el lector y compruebe cuánto más moderno era el PCE hace 70 años que ahora mismo»

Es notable el hecho en el que venimos coincidiendo Corral y yo, que Zapatero pusiera en marcha la memoria histórica en junio de 2006, cuando se cumplían 50 años del Manifiesto por la Reconciliación Nacional. Búsquelo el lector y compruebe cuánto más moderno era el PCE hace 70 años que ahora mismo, paradoja que definió con brillantez el actor Antonio Banderas: «En 1986 Franco llevaba muerto muchos más años que ahora».

Pedro Corral enhebra en este libro decenas de historias tremendas en las que late el alma de España. Nadie podría imaginar que el popular don Cicuta, personaje creado por Ibáñez Serrador en el concurso Un, dos, tres…, había sido un miliciano ejemplar y después un policía del Cuerpo de Investigación y Vigilancia que detuvo al abogado Angel Villafranca, que después formaría parte de la primera saca a Paracuellos el 7 de noviembre del 36. Igualmente emocionante es la amistad inquebrantable entre un cineasta de derechas como Rafael Gil y Antonio del Amo, que era comunista y documentaba las acciones de guerra de El Campesino. Nada hacía presuponer que Antonio del Amo acabaría haciendo carrera dirigiendo las ocho películas de Joselito. Después de leer este libro, no queda más remedio que preguntarse en qué pensaba Pérez-Reverte al no llamar a Pedro Corral para sus jornadas sevillanas sobre la Guerra Civil y contar con autoridades como el tal Uclés, Carmen Calvo, Antonio Maíllo ¡y Pablo Iglesias!

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