Odio sin hache
«Sánchez intenta convertir en positivo y democrático algo tan viejo y repugnante como la censura gubernamental»

Ilustración generada por la IA.
El último ataque a la libertad de Pedro Sánchez es inventar el «odiómetro» como herramienta para establecer el buenismo como clima universal. Una maldad propia de un tirano. La definición que la RAE hace de odio es: «Del lat. odium. 1. m. Antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea». Son sinónimos de odio: aborrecimiento, aversión, animadversión, rencor, abominación, antipatía, ojeriza, desprecio, fobia, inquina, encono, rabia y tirria. Conjunto de atributos que identifican a Sánchez y todos sus voceros y voceras contra todo aquel que ose discrepar del Gobierno. El odio se siembra estableciendo diferencias insalvables que dividen sociedades o individuos. Pedro Sánchez levantó un muro que restituía las dos Españas y el guerracivilismo político. Lo definió como «un muro frente a la derecha reaccionaria». El conmigo o contra mí. Odio en estado puro.
Sánchez intenta convertir en positivo, democrático y progresista algo tan viejo, abominable y repugnante como la censura gubernamental. Una conducta totalmente asociada al fascismo como totalitarismo político. No hay ninguna sorpresa en que Pedro Sánchez, una vez más, viole los derechos fundamentales recogidos en la Constitución de 1978. Sánchez es incompatible con la libertad de expresión, la libertad de pensamiento y la libertad de opinión.
El autócrata actúa como un facha de manual. Lo digo, sin odio ni rencor, como forma descriptiva de su conducta. No es opinión, es diagnóstico. El facha redomado ha aniquilado, con mayor o menor éxito, la independencia de todos los contrapoderes del Estado, intentando convertirlos en órganos al servicio del presidente y su familia. Solo puede producir pánico democrático que Sánchez advierta de que «hace una semana la Fiscalía General del Estado anunció la apertura de la investigación penal para determinar la posible responsabilidad de las plataformas digitales en estos contenidos». Denomina odio a la legítima crítica, denuncia o posición contraria a sus intereses o los de su Gobierno. Sánchez, «con la apertura de la investigación penal», convierte a la Fiscalía en el tribunal inquisitorial del presidente encargado de la persecución de todo aquel que sea molesto para sus políticas y su persona.
En ese contexto de persecución al discrepante es cuando pone en marcha «la herramienta que hemos llamado H.O.D.I.O. en definitiva, la huella del odio y la polarización, un instrumento que, a través del observatorio contra el racismo y la xenofobia, va a permitir medir, de forma sistemática, la presencia, evolución y el alcance de los discursos de odio en las plataformas digitales». La recopilación de datos individuales —y empresariales— asociados a la ideología política está totalmente prohibida por la legislación europea. Ya que va a vehicular su Hodio a través del Observatorio contra el racismo y la xenofobia, debería conocer el artículo 9 del Reglamento General de Protección de Datos, que dice que no se admite «el tratamiento de datos personales que revelen el origen étnico o racial, las opiniones políticas, las […]». O sea, Sánchez dedicó todo un acto público a presentar el esfuerzo que su gobierno, con él a la cabeza, va a dedicar a violar la ley presentando la plataforma Hodio como instrumento para la comisión de delitos. Tampoco resulta extraño que haga esa exaltación del hecho de violar la ley quien tiene en casa a su mujer, su hermano y su círculo de amiguetes imputados en los juzgados. Este recordatorio de su realidad procesal —hechos objetivos— supone para Sánchez y su plataforma mi comisión de un delito de Hodio.
Sánchez justifica su plataforma porque «[se necesita] transparencia, comprender, datos que […] permitan evaluar cuál es la dinámica, la orientación, la respuesta en la eficacia, también el compromiso político que [se manifiesta] desde el Gobierno de España como expresión de la voluntad social de los españoles y españolas».
Está enajenadamente empoderado. Solo a Pedro Sánchez se le ocurre afirmar categóricamente que «lo que necesitamos es transparencia». Lo dice quien sigue manteniendo como secreto de Estado, negando a Transparencia y al Congreso el porqué y por quién de decenas de usos de aviones oficiales del Estado. Todos esos viajes están bajo sospecha de corrupción. Pero el hecho de denunciar la opacidad de los viajes y plantear las dudas razonables sobre el uso de los mismos es otro delito de Hodio.
Además, no hace falta una plataforma para saber cuál es la «expresión de la voluntad social de los españoles y las españolas». Los españoles, elección tras elección —desde 2023—, manifiestan como voluntad social que Sánchez se vaya de una vez. Que convoque elecciones para que pueda manifestarse «la voluntad social» y que la Presidencia del Gobierno la ostente quien desee la ciudadanía. Y no es él.
«Sabemos que el rigor de Hodio será extremo y anuncia la implantación rigurosa de la censura, la arbitrariedad también está garantizada»
Hodio es un peligro público arbitrario. Según dijo el presidente: «Va a ser una herramienta transparente y rigurosa, basada en criterios académicos reconocidos. Creo que es muy importante el maridaje entre la acción pública, en definitiva, las políticas públicas, la academia y la ciencia». Sabemos que el rigor de la herramienta será extremo y anuncia la implantación rigurosa de la censura. La arbitrariedad también está garantizada. Es importante recordar que Pedro Sánchez nos tuvo encerrados a los españoles, inconstitucionalmente, durante la pandemia apelando a «la ciencia» encarnada en un «comité científico» que jamás existió. Mentira, fake, bulo de Sánchez. Probablemente recordar esto también sea un delito de Hodio.
La falsedad de lo presentado quedó perfectamente retratada cuando se eligió como musa del Hodio a Sara Santaolalla. Esa autoproclamada antifascista —falso porque tendría que enfrentarse a los suyos—, a quien en un momento de exageración atribuyeron que fuera «mitad cerebro». Santaolalla atesora como mérito haber insultado a los votantes del PP y VOX —más de 11 millones de españoles— desde la televisión pública y a todos los compañeros que no pensamos como ella. Hodio fue presentado por la maquinadora de falsas denuncias de agresión, escenificadas en el cabestrillo que llevaba y que informes médicos y la Justicia han dejado claro que fue una mentira que solo existió en su cabeza. Hodio se inició desde la mentira oficial y la manipulación de la victimización. Pero en el acto hubo una verdad profunda: Sánchez y sus voceros imponen a la sociedad la censura y el odio. Sin hache.