Cuba para narcisos y tontos útiles
«Aterrizaron con gorras caqui y pañuelos palestinos, levantando el puñito, felices de estar en el parque temático de la revolución, donde los aborígenes son mero atrezo»

Imagen creada con inteligencia artificial.
Como si 67 años de dictadura y penuria no fueran suficiente castigo, a los cubanos les ha caído encima una plaga bíblica: casi 700 gilipollas llegados de prósperas democracias para explicarles que el régimen castrista es lo mejor que les podría haber pasado. Que son la «reserva moral de la humanidad», en palabras de Irene Montero (135.000 euros de sueldo anual).
Voló desde Italia Greta Thunberg, mascota mutante, que ha pasado de la histeria climática al furor por los tiranos. Luego Pablo Iglesias, Pisarello y Jeremy Corbyn. Imagínense el ambientazo. Otro grupo quiso emular la travesía de los barbudos desde México y zarpó en un atunero que llamaron Granma 2.0. Iban disfrazados de Che y colocados, a tenor de cómo bailaban el Twist and shout. Perpetraron Hasta siempre, comandante y La Bamba, y Fidel se estremeció en su tumba.
Aterrizó además un avión fletado por Code Pink, una organización «feminista y pacifista» sufragada por un millonario norteamericano que vive en China y financia organizaciones de extrema izquierda, y cuya líder, una señora de apariencia candorosa llamada Medea Benjamin, es en realidad una propagandista de Putin. Iban todos vestidos de rosa y portaban enormes corazones de cartulina del mismo color. Una pesadilla.
Era una pequeña Corte de los Milagros. Por ahí andaba una eurodiputada francesa pijísima que empezó de ecologista defendiendo tiburones y ahora defiende a Hamás. Influencers, como el estadounidense Hasan Piker, que se filmaba por el Malecón con gafas Cartier de 1.380 dólares, anillo de 1.480 y camisa Glass Cypress de 690 dólares. Nepobabies, como la hija de la congresista demócrata Ilhan Omar, disfrazada con velo islámico. Pringados, como ese James (triángulo rojo del revés) que hacía la señal de victoria ante la Embajada de Corea del Norte. Y uno de Murcia, que resultó ser diputado de Podemos desde hace cinco legislaturas. También un tal Zulaika, de EH Bildu, que quería «devolver al pueblo cubano la solidaridad que ha repartido». El pueblo no: fue el régimen el que auspició el terrorismo internacional y acogió y entrenó a ETA durante años.
Llevaban gorras color caqui y pañuelos palestinos, y levantaban el puñito, felices de llegar a un parque temático donde los aborígenes son mero atrezo. Hay que reconocer que el decorado no da para selfis glamurosos: es difícil esquivar la huella de la miseria, los edificios en ruina, la basura apilada en las calles, la población sin esperanza.
«La Cuba castrista parasitó primero de la URSS y luego a Venezuela. Era la tercera economía latinoamericana y hoy se codea con Haití»
Pese a ello, nuestros alegres excursionistas no han tenido reparos en exhibir en redes sociales sus vacaciones revolucionarias a todo tren, en hoteles de cinco estrellas y recepciones oficiales, esquilmando la luz y el combustible que escasean en la isla. Los ves recorrer La Habana a bordo de autobuses eléctricos nuevos, vociferando Guantanamera y filmando a cubanos estupefactos, como si estuvieran en un safari, y deseas que, a falta de un misil iraní con la foto de Pedro Sánchez, les caiga un meteorito.
Turistas de la revolución, es decir, cantamañanas que hacen visitas guiadas a los paraísos comunistas, ha habido siempre, de la URSS a Chiapas. Pero el caso cubano es más lacerante todavía, porque hoy es imposible ignorar lo que pasa.
Cuba vive en un desabastecimiento crónico. De ser la tercera economía latinoamericana, en 1957, ha pasado a codearse con Haití. Antes de la Revolución de 1959, exportaba azúcar, productos agrícolas y carne. Hoy, importa el 80% de los alimentos que consume, sobre todo de Estados Unidos. La Cuba castrista siempre ha sido un parásito: primero de la URSS, que hasta su caída en 1991 destinó a esa isla diminuta ayudas de 65.000 millones de dólares, cinco veces el Plan Marshall de Estados Unidos para la reconstrucción de Europa tras la II Guerra Mundial. Luego vivió del petróleo que le regalaba el régimen venezolano, hoy vetado por Washington.
La economía cubana lleva décadas quebrada. El salario medio mensual es de 13 euros: sin familia en el extranjero que te mande divisas te quedas en la indigencia. Y la crisis energética es recurrente desde los años 90, con cortes de suministro entre 150 y 270 días al año, en promedio. En 2024 los cubanos sustituyeron la palabra «apagones» por la de «alumbrones», de apenas unas horas al día. No es el bloqueo petrolero de Trump el causante, como difunden los voceros del castrismo, sino la falta de mantenimiento de unas plantas termoeléctricas de la época soviética.
Pero tranquilos: desde su suite en el Gran Hotel Bristol, Pablo Iglesias decía que se había reunido con los jerarcas del Partido Comunista y que la situación no estaba tan mal como se dice fuera de la isla.
La heroica muchachada solidaria fue recibida por Mariela Castro, hija de Raúl. En el Palacio de la Revolución, con el aire acondicionado a tope, ovacionaron al presidente, Miguel Díaz-Canel. Ahí, el impulsor del circo, David R. K. Adler, un guaperas californiano de familia rica que se cree la reencarnación de John Reed, pronunció un discurso. Luego fueron a un concierto de un grupo de rap irlandés, donde bailaron como descosidos, sobre todo los orcos de Code Pink, que nunca se habían visto en otra. Y justo después, no por casualidad, Cuba sufrió un nuevo apagón general.
«La heroica muchachada ovacionó a Díaz-Canel y se fue a un concierto de rap. Luego Cuba sufrió otro apagón general»
Pablo Iglesias no ocupó tribunas ni hizo discursos, pero se consoló con un vídeo épico, en el que camina solo por la Plaza de la Revolución, mirando al vacío desde el monumento a José Martí (por cierto, vean aquí una divertidísima recreación). Con banda sonora de Silvio Rodríguez, de quién si no, nuestro hombre sube una escalinata, aparece Díaz-Canel y se abrazan. Fin. Bochorno es poco.
Hay mucho tonto útil, pero sospecho que algunos de estos tipos hubieran apedreado desde Berlín oeste a los que trataban de saltar el Muro de la RDA. Pobres cubanos. Tan lejos de la libertad y tan cerca de los miserables.