ZP, con la verdad a rastras
«¿Se puede entrevistar al mal? Sí, pero a condición de hacerle las preguntas adecuadas y de obtener de las mismas unas respuestas adecuadas»

Imagen creada con inteligencia artificial.
Como viejo estudioso del pensamiento y la obra de Zapatero —a los que dediqué un libro de 395 páginas y muchas horas de mi vida—, me asombra desde hace tiempo el predicamento que este dirigente improbable tiene sobre tanta opinión pública y publicada. No es un hecho específico la entrevista que le dispensó el periodista Alsina el pasado lunes. Ya había visto los inmerecidos halagos que otrora le tributaron dos grandes periodistas, pongamos que hablo de Carlos Herrera y Raúl del Pozo. Pero convendría distinguir entre la opinión que nos merece un dirigente —por muy desprestigiada que esté su figura— y las precauciones que un periodista debe afrontar a la hora de entrevistarlo.
¿Se puede entrevistar al mal? Sí, pero a condición de hacerle las preguntas adecuadas y de obtener de las mismas unas respuestas adecuadas. Una norma general y de obligado cumplimiento es que el entrevistador no asuma como propias valoraciones que el entrevistado haga de sí mismo.
Un suponer: cuando el periodista admite que en su programa se ha ensalzado la labor que Zapatero ha realizado en Venezuela —una gestión que, según reconoce Alsina, le parece «encomiable» y emplea el mismo calificativo dos veces, en el minuto 40 de la entrevista y en el minuto 50—, no procede. Por una cuestión elemental de reparto de tareas, sería preferible que los piropos se los echara el entrevistado a sí mismo.
Otro peligro a evitar es que el entrevistado no quiera responder a las preguntas o lo haga con largas cambiadas que despisten al periodista y lo deriven hacia donde no toca. El entrevistador debe garantizarse —y garantizar al público— que el entrevistado responda a sus preguntas y que lo haga con veracidad, sin despistarse.
La semana pasada citaba en esta columna un ejemplo canónico de periodismo irreprochable: el de la estrella de la BBC Jeremy Paxman, que hizo 14 veces la misma pregunta a un ministro del Interior británico, Michael Howard, sobre si había intervenido en la destitución del director general de Prisiones, Derek Lewis, ante la actitud renuente del ministro, que no quería responder. La Royal Television Society, lejos de afearle la pesadez, reconoció como ejemplar su insistencia.
Otra cuestión de interés es que el periodista conozca previamente las respuestas a las preguntas que formula a su invitado, con el fin de evitar la posibilidad de que le mienta. Una pregunta nunca puede ser una oportunidad para que el entrevistado responda lo que le apetezca y exprese lo que le venga en gana, sin estar sometido a rectificación o a repregunta.
Es verdad que el periodista tenía ganas de preguntarle por su amigo Julio Martínez, pero ahí se hizo fuerte Zapatero, que respondió con vaguedad y de manera brumosa a las preguntas, alegando desconocer si la empresa Análisis Relevante —carente de estructura empresarial— tenía otros proveedores además de Zp & Daughters. Es un caso notable el de este proveedor que enchufa a sus hijas en el negocio de su cliente. Tampoco quiso responder a cuántos clientes tenía además de Plus Ultra.
Más nebulosa fue su respuesta cuando fue preguntado por sus emolumentos, aunque admitió tributar al máximo, lo que permitió al periodista inferir que eso es más de 300.000 euros, y dijo que en lo que respecta a su patrimonio está libre de la obligación de declarar por no llegar a los 700.000 euros.
Pero mintió en algo sobre lo que ya había mentido durante su comparecencia en la Comisión Koldo del Senado, el pasado día 2, cuando la senadora Alicia García le preguntó por el famoso sobre que Delcy Rodríguez le entregó a Víctor Aldama y que contendría pruebas de la financiación del PSOE.
«Es una patraña absoluta. No existe», dijo concluyente el expresidente Zapatero. Volvió a negárselo el lunes pasado a Alsina, al tiempo que descalificaba la información de Ketty Garat, en unos términos impropios de un demócrata, al afear que en Onda Cero se publiquen las informaciones de los periodistas de esta casa.
Habría sido un gran momento para que Alsina le recordara que Aldama había comparecido ante el juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno y le había entregado el sobre de marras; y que al juez sí debió de parecerle relevante, porque lo incorporó a la pieza separada que instruye sobre la financiación irregular del PSOE.
Hizo cumbre el padre de las góticas al afear a Alsina la colaboración como tertuliana de Garat. Y el periodista, en lugar de señalar los tribunales como la vía para resarcir el supuesto honor dañado de Zapatero, se justificó: «A este programa no vienen periodistas de ese medio».
Uno lleva siete meses colaborando en THE OBJECTIVE y en este tiempo se ha sentido muy reconfortado por la compañía. Pero Carlos Alsina, por lo visto, nunca contrataría como tertulianos a Fernando Savater, Félix de Azúa, Maite Rico, Juan Luis Cebrián, Francesc de Carreras, Manuel Arias Maldonado, Xavier Pericay, Nicolás Redondo, Luis Antonio de Villena y un muy largo etcétera.
Habrá que guardar el vídeo para cuando la justicia falle la verdad sobre todo lo que negó el lunes en Onda Cero.