The Objective
Francisco Sierra

Otra kamikaze de Sánchez

«Objetivo Andalucía, el mayor portaaviones electoral de toda España. María Jesús Montero, la mujer de máxima confianza de Sánchez, fue la elegida para el martirio»

Opinión
Otra kamikaze de Sánchez

Imagen generada con IA.

Pedro Sánchez ha conseguido en sus años de liderazgo convertir al Partido Socialista Obrero Español en una especie de feudo personal donde impera la más absoluta y obligada lealtad a su figura. Sus palabras adquieren casi naturaleza sagrada para los militantes, aunque sean mentiras o sean contradictorias con lo dicho por él mismo días antes. Ha conseguido así controlar totalmente todos los órganos internos y que los cargos socialistas solo repitan lo que piense él

No tiene nada que envidiar esta situación de adoración y sumisión que viven los socialistas con su líder, secretario general y presidente de Gobierno, a la que se vivió en el Japón imperial de principios del siglo XX. En aquellos años no había ciudadanos japoneses, había solo súbditos del emperador a los que, siguiendo la mejor tradición samurái, se les había enseñado a «obedecer hasta morir». Así lo demostraron los pilotos kamikazes que perdieron la vida estrellándose contra los portaaviones norteamericanos en la Segunda Guerra Mundial. Ninguno dudó en ofrecer su vida por esa figura que consideraban sagrada. Tampoco ninguno consiguió una victoria con su sacrificio.

María Jesús Montero es la última, por el momento, de esa lista de los políticos más sanchistas que han sido, son y serán sacrificados para la mayor gloria del sanchismo y con el objetivo de que, tras su derrota, se queden en la federación socialista correspondiente para controlar que se mantenga en las estructuras del PSOE el sanchismo en su estado más sagrado y puro. 

En los últimos meses, hemos visto estrellarse al que fuera secretario general socialista en Extremadura, Miguel Ángel Gallardo. No es que fuera uno de los favoritos de Sánchez, pero lo tuvo que mantener, aun estando imputado, precisamente por su vinculación con el escándalo del también imputado hermanísimo del presidente. Le ganó el pulso a Sánchez para ser cabeza de lista sin entender que de esa forma se convertía en la cabeza de turco perfecta si el electorado decidía castigar al PSOE. Y lo castigó y, pese a sus lloros, tuvo que inmolarse y dejar la secretaría del partido. Sánchez nunca valoró la derrota socialista.

La siguiente kamikaze dispuesta a darlo todo por Sánchez fue la portavoz de Gobierno, y casi inédita ministra de Educación, Pilar Alegría, que cosechó una de las más duras derrotas que hayan sufrido nunca los socialistas en Aragón. Todo por el emperador. Allí fue ella feliz y risueña. Pocas veces ha habido un voto de castigo tan duro a una persona por culpa de otra que desde la Moncloa sabía perfectamente que el voto de castigo no era a Alegría, sino a él mismo. Lo importante para él es que, pese a la banalización electoral del Partido Socialista, colocaba a su kamikaze Alegría en el mejor sitio para limpiar, cancelar y extirpar del PSOE de Aragón todo lo que recordara al fallecido Javier Lambán. El batacazo fue sonado. Le dio igual. Sánchez nunca valoró la derrota.

«Ahora es mandada por el emperador a estrellarse en lo que siempre fueron dominios socialistas, perdidos ya desde hace unos años»

En Castilla y León, tierra en la que gobiernan los populares desde hace 40 años, la situación fue distinta. No envió a uno de los suyos y Carlos Martínez salvó los muebles. 19 años de alcalde de Soria le sirvieron para conquistar la provincia entera y ganar dos escaños cruciales para crecer. Entre eso y la abducción de todo el voto de extrema izquierda, Martínez no solo ha sobrevivido, sino que muchos consideran que su alejamiento del sanchismo es la principal razón de su buen resultado. Un argumento que ha dolido y mucho en Ferraz, que tuvo que salir a desmentirlo. Escueto tuit de apoyo de Sánchez.

Y ahora llega la reina de los kamikazes. Objetivo Andalucía, el mayor portaaviones electoral de toda España. María Jesús Montero, la mujer de máxima confianza de Pedro Sánchez, fue la elegida para el martirio. Vicepresidenta primera y ministra de Hacienda y vicesecretaria general del PSOE. La mujer que mejor representa lo peor del sanchismo. La que abjuraba y maldecía si alguien hablaba de una financiación singular para Cataluña, la que enseñaba las uñas cuando era consejera de Economía de Susana Díaz, si alguien le hablaba del principio de ordinalidad en la financiación de Cataluña. Ahora es mandada por el emperador a estrellarse en lo que siempre fueron dominios socialistas, perdidos ya desde hace unos años. Los sondeos electorales solo hacen la foto de los posibles resultados electorales en ese momento. Nadie sabe los resultados finales en Andalucía, excepto algo en lo que coinciden todos: la bofetada electoral de Montero. 

Pocas veces una candidata ha acaparado tantas circunstancias para su inmolación. La mano derecha de Sánchez, la que negó la amnistía por inconstitucional y luego, cuando su jefe cambió, lo defendió casi por encima de los Derechos Humanos. Montero es la ministra de Hacienda que lleva años dando subvenciones extraordinarias a Cataluña, la que lleva años eludiendo las leyes comunitarias que benefician fiscalmente a los autónomos, la que nunca ha querido efectuar una deflactación del IRPF, haciendo que cada año suframos una subida de impuestos encubierta. Y son muchas.

Sin embargo, esta mujer que habla de sí misma como si fuera una «elegida», y lo es, de Sánchez, esta mujer, decíamos, es la única ministra de Hacienda de toda la Unión Europea que en las últimas décadas no ha presentado, por tres años consecutivos, un proyecto de Presupuestos Generales. Lleva años mintiendo al afirmar que los iba a presentar. El concepto de procrastinar se queda pequeño con Montero. Ella no es que retrase o posponga las tareas importantes, es que directamente no las hace. Y lo explica con alegría de vendedora de tómbola en unas frases que muchas veces nadie consigue entender. Su currículo como política cercana a Sánchez es terrible. Es la que ha puesto la mano en el fuego por todos los que han ardido en el PSOE. Desde Ábalos a Cerdán, pasando por su presidente de la SEPI, al que incluso permitió que, ya dimitido, lo siguiera dirigiendo en la sombra, en una aberración funcional en cualquier estado democrático serio.

María Jesús Montero se va a estrellar en su tierra. Ella lo sabe y por eso suplicó a Sánchez hasta el último momento que hiciera coincidir las elecciones generales con las andaluzas. No se le concedió y tampoco Juanma Moreno dio muchas opciones. Dicen que Sánchez ha querido tranquilizarla diciendo que se volcará en la campaña andaluza. No sabemos si es un tranquilizante o la puntilla final. Cierto que le ha quitado del medio las negociaciones de los Presupuestos en Cataluña entre Illa y Junqueras. Tan escandaloso debe de ser para la igualdad financiera de las comunidades que lo retrasan a septiembre. Y poco más.

Sánchez manda a sus kamikazes a estrellarse porque desprecia los territorios autonómicos, excepto Cataluña, País Vasco y Navarra, donde hay fuerzas independentistas con votos para negociar en el Congreso. Creyó el emperador que, mandando a sus mejores pilotos, aunque no pudiera frenar el desastre, sí conseguiría el control territorial del partido para poder seguir mandando incluso en su propia derrota. Sánchez insiste en preparar nuevos kamikazes. Los prefiere ministros, como Óscar López para Madrid o Diana Morant para Valencia. Dos nuevos kamikazes, pero ninguno será tan grande como Montero. La mujer que habla de sí misma como la mujer con más poder en la democracia, que tiene el gesto humano, humilde, simpático de dejarlo todo para ir a las andaluzas. Hasta en eso miente.

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