The Objective
Tadeu

Cuerpo a tierra que vienen los nuestros

«El nombramiento de Carlos Cuerpo tiene otra derivada más concreta: rompe una promesa»

Opinión
Cuerpo a tierra que vienen los nuestros

Ilustración de Alejandra Svriz.

Nombrar a Carlos Cuerpo era lo más parecido a nombrarse a sí mismo, con la ventaja de que el espejo no discute. Otro doctor en economía, espejito, espejito… Es lo opuesto a Sánchez, pero será su más fiel servidor. Ya se sabe que en los mercados estos contrastes tranquilizan: partido o técnico, militancia o expediente, carné o currículum. Cuerpo pertenece a esta última especie, que en otros tiempos se habría despachado con un adjetivo suficiente: gris pero profesional eficaz. Hoy se llama tecnócrata y se celebra como una virtud. Ser tecnócrata ya lo fue en tiempos de Franco, o tempora, o mores…

No tiene carné. Tampoco lo tenían otros antes que él y no les fue mal (Calviño, Robles, Marlaska). La ausencia de pasado partidista se ha convertido en una forma de prestigio, casi en un certificado de pureza en este ocaso del imperio sanchista. El sanedrín lo ha aceptado sin demasiadas preguntas: a veces la neutralidad es la forma más eficaz de la obediencia. Y la prensa hostil se le ha puesto amable. Su mejor medalla es que no le hayan acribillado a preguntas PP y Vox, y que Junts lo haya piropeado. En efecto, de Cuerpo se destacan las maneras, la solvencia técnica y un dato revelador: no irrita demasiado a la oposición. En el clima actual, eso ya es una cualidad política. Incluso se le añade un matiz moral, a partir de un reproche de Yolanda Díaz, hoy en retirada: lo llamó «casi mala persona». El adverbio, como suele en lo cursi, hace todo el trabajo.

El nombramiento tiene otra derivada más concreta: rompe una promesa. Por primera vez en este ciclo, la vicepresidencia primera no será femenina. Apenas se ha señalado. Sánchez ha conseguido que desdecirse forme parte del paisaje, como el mobiliario urbano. Nada sorprende si sucede con suficiente frecuencia.

Mientras tanto, el foco se desplaza. María Jesús Montero encarna ahora una despedida sin anuncio: sigue, pero ya no cuenta. Es una forma de final administrativo. Y es que Sánchez, que aprendió de otros, no parece dispuesto a dejar herederos, como Zapatero. Cuestión de talantes. Hay liderazgos que se proyectan; otros se consumen. El suyo pertenece, cada vez más, a esta segunda categoría.

P.D.: Por un microsegundo hubo un momento de maravillosa confusión en los medios cuando cayó el nombre del sustituto de Cuerpo en el ministerio de Hacienda. Y es que en España, Arcadi solo hay uno. Aquí cuando lo llamaron de Alsina.

Coda 1) Irangate. Durante los últimos 20 años las guerras eran «conflictos regionales» y creímos haber domesticado el mundo a base de contenedores y derivados financieros. China era un socio más. Y Rusia una mosca cojonera, pero entregada al capital sin K. La idea era elegante: si todos comerciamos, nadie dispara. Y funcionó… hasta que dejó de hacerlo. Ahora resulta que con Ucrania e Irán la geopolítica no había muerto, solo estaba esperando. La economía ya no manda: obedece. Y la globalización, tan ufana, se ha quedado sin relato. Los chomskianos y posmarxistas decían que la guerra era la salida comercial de la industria (americana). Algo de cierto había en ello, la guerra se hace por y para los recursos, y toda reconstrucción dinamiza la economía. Pero eran guerras bajo control. Pero ahora los mercados a estas guerras sin control más que a siete viejas: no es sólo el gas y el petróleo ruso o del Golfo, es que son los fertilizantes que no pasan por Ormuz y que pueden crear una hambruna en África y en un trozo de Asia. Es la inflación, la posible recesión. Y ahora, las almas bellas, que siempre residen en Occidente, descubren, con cierto retraso, que depender de otros tiene inconvenientes. Que el no a la guerra no basta. Sobre todo cuando esos otros deciden usar la dependencia para sus agendas políticas. Y la estabilidad, que dábamos por hecha, resulta que había que pagarla. Con Trump o contra Trump. Que es casi lo mismo. Europa, convidada de piedra, sigue agarrándose a su mala estrella desesperadamente, entre el papel de espectador, de comentarista, y de utillero de Zelenski. Estas cosas se pagan muy caras a la corta, a la media y a la larga. Pronto Macron será un bonito recuerdo, Merz no tiene madera de héroe y Meloni hace más de lo que puede y sabe. Del Reino Unido mejor no hablar: la sombra de Farage es demasiado alargada. Y España sigue, como dicen los franceses, en la lista de «abonados ausentes». El marketing pacifista de Sánchez puede tener y tiene su público, pero estratégicamente para el país es estéril. 

Trump, ciertamente, está trumpeando en Irán. Es obvio que el plan A, tipo Venezuela, no le ha acabado de salir bien: no hay Delcy barbuda a la vista de momento. La juventud iraní, tras una primera noche de alegría, no se ha echado a la calle, pues sabe que volvería a ser masacrada. El régimen se mantiene, a pesar del descabezamiento, pues es una hidra, y sigue con cierta capacidad de respuesta y misiles que alcanzan objetivos en Israel y en los países del golfo aliados de EEUU.

La presencia de tropas americanas cada vez más cercanas al teatro de operaciones se interpreta como la señal de una inminente operación terrestre, ya en las islas iraníes o en la zona del estrecho de Ormuz, ya en acciones de comando, para eliminar a más dirigentes, hacerse con el uranio enriquecido, u otro trumpetazo de efecto. 

El problema es que en vez de bailar este tango, Israel parece focalizarse ahora en el Líbano, donde aspira a acabar de una vez por todas con su enemigo estructural, que es Hezbolá. Trump y Netanyahu tendrán que ponerse de acuerdo tarde o temprano.

Y entretanto, a ver si Trump decide de una vez qué piensa hacer con Trump.

Coda 2) Don Eutanasio. Hay casos que nacen ya con vocación de tragedia. No porque no lo sean, sino porque conviene contarlos así. El de Noelia —«otra Antígona», se ha dicho con esa facilidad literaria que suele encubrir la pereza— reúne todos los ingredientes: juventud, rostro reconocible, biografía muy dañada y, sobre todo, un conflicto que permite al espectador elegir bando sin demasiado esfuerzo. Pero la tragedia, como casi siempre, está peor escrita que su versión periodística.

Partamos de una premisa incómoda: el derecho a decidir la propia muerte (siempre que uno esté en sus cabales, por supuesto) forma parte de la idea misma de libertad. Decir «hasta aquí» es, probablemente, el último acto soberano del individuo. Lo contrario —que el Estado decida por ti cuándo, cómo y en qué condiciones debes seguir viviendo— se parece demasiado a una tutela incompatible con cualquier noción exigente de democracia y, más aún, del derecho natural.

Y, sin embargo, basta descender a los hechos —los malditos hechos— para que la épica se disuelva. Noelia no es Antígona. Es, más bien, el resultado de una cadena de fallos. Falló la familia cuando dejó de sostenerla. Fallaron las instituciones cuando no supieron sustituir ese cuidado. Falló el sistema sanitario, que la (mal)diagnosticó, trató y acompañó de manera, como mínimo, discutible. Y falló también el momento final, cuando su decisión se convirtió en un campo de batalla ideológico.

Porque la eutanasia, conviene recordarlo, no se legisla en abstracto: se aplica a casos concretos, siempre tristes y trágicos, siempre imperfectos. La ley establece condiciones —mayoría de edad, residencia legal, enfermedad grave e incurable o padecimiento crónico que provoque un sufrimiento intolerable, evaluación médica reiterada— y añade filtros: informes clínicos, valoración de la capacidad mental, supervisión. Todo eso está. Todo eso, en teoría, funciona.

Pero la teoría tropieza con un dato inquietante: Noelia arrastraba, según dicen los periódicos, un trastorno cuya sintomatología incluye la tendencia suicida. Y aquí aparece la grieta. Facilitar la muerte a quien padece una inclinación estructural hacia ella plantea un problema lógico antes que moral: es incómodo, pero ilumina el punto ciego del sistema. ¿Debe poder suicidarse el que tiene tendencias suicidas? 

Los expertos dirán —y lo han dicho estos— que la paciente estaba capacitada, que no había delirios activos, que su decisión era consciente. Y probablemente sea cierto. Pero la cuestión no desaparece: ¿hasta qué punto la capacidad formal basta cuando el sufrimiento psíquico forma parte del diagnóstico? ¿Dónde termina la autonomía y empieza el abandono terapéutico?

En paralelo, el ruido. Los de siempre. Los activistas provida judicializando el caso. Lo promuerte atornillándose a las sentencias y resoluciones (pero todos sin esperar al razonamiento de la del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo). El padre reaparecido, ejerciendo una paternidad tardía y contradictoria. La madre, atrapada en una equidistancia dolorosa. Y los medios, encantados: la historia lo tenía todo. Demasiado. La eutanasia debería ser siempre algo privado, incluso confidencial, no un espectáculo para masas. Demasiado golosa la historia de Noelia para la prensa, toda ella sonsólica, y los políticos. 

Mientras tanto, en la planta baja de un centro público, en el pasillo de geriatría, don Eutanasio convivía con Noelia. Allí vivía. Entre viejos digamos que poco pletóricos. Un espejo algo deformante para una joven de 25 años. Pero precisamente por eso habría merecido algo más que procedimientos: contexto, cuidado, alternativas reales. Y aquí es donde el sistema vuelve a fallar. Listas de espera indecentes, ayudas a la dependencia que llegan tarde —o no llegan—, maraña administrativa, escasez de recursos. Seguro que hubo de todo un poco. Y un porcentaje de discapacidad incomprensiblemente cicatero que la privó de prestaciones. No es solo que el sistema sanitario no sea el mejor del mundo; es que, en demasiadas ocasiones, ni siquiera es suficiente.

Y, sin embargo, la conclusión no es cómoda. Ni para unos ni para otros. La eutanasia debe existir. Pero no puede convertirse en coartada de un sistema que llega tarde a la vida y puntual a la muerte. Porque entonces la libertad de querer morir deja de ser elección y empieza a parecerse, peligrosamente, a la única opción disponible. Noelia merecía algo mejor. Pero hay algo críptico en ella. Se lleva a la tumba el secreto de los que tanto daño le hicieron. Una forma de perdón. O una forma de santidad, siempre en el límite de la locura…

Coda 3 ) Garzón, ¿de verdad? Tiene su obsceno aquél que se nombre a Baltasar Garzón presidente de una Comisión de la verdad sobre la Guerra Civil y el franquismo. En su web comercial se subtitula, en tercera persona, sobria y modestamente: «Derechos Humanos y Jurisdicción Universal». Luego la cosa declina: Actualidad, información, documentación y referencia histórica de las actuaciones del jurista español Baltasar Garzón contra la corrupción, el terrorismo, el narcotráfico, la tortura y los crímenes de lesa humanidad. En defensa de los Derechos Humanos, la Memoria Histórica y la Justicia Universal. Aquí Javier Rubio Donzé pone los puntos sobre las garzonadas.

Coda 4) En mexicano. Aún resuenan las palabras del Rey sobre los abusos de España y las controversias éticas en la Conquista en (y no de) México. Ni pedir disculpas por las barbaridades que sin duda hubo, ni sentirse orgullosos por todo lo bueno que supuso la colonización: ni en lo uno ni en lo otro tenemos nada que ver los españoles de hoy. Si acaso, y solo un poco, los antepasados de los mexicanos que heredaron el marrón. Cayuela lo ha dicho en prístino español de México. Aquí. Y de paso, escuchen aquí a Elvira Roca Barea en donosa conversación estival con él.

Coda 5) Municipales galas. Al final ni Le Pen estaba tan fuerte, ni la extrema izquierda tampoco. Y mientras agoniza el macronismo (Macron apoyó incomprensiblemente a la perdedora Rachida Dati en París, candidata de la derecha, en lugar del candidato de su partido Renaissance), la derecha tradicional y el socialismo de toda la vida han sacado buenos resultados, resucitando ese centroderecha y centroizquierda que han articulado la vida política francesa (y europea) desde la Segunda Guerra mundial. ¿Será un espejismo francés? ¿Volverá la tentación entre los socialistas del Frente Popular islamoizquierdista y antisemita? ¿Cederá la derecha republicana a los cantos de sirena para forjar alianzas contra natura con el partido de Le Pen? ¿Surgirá un centrista capaz de convencer a los demás centristas de derecha y de izquierda de que solo uno de ellos será capaz de llegar a la segunda vuelta en las presidenciales y evitar así el susto o muerte de Le Pen (o su delfín) contra Mélenchon? Macron no tiene herederos, pero solo un nuevo Macron puede hacer que su legado y su motivo de esperanza reformista pervivan en Francia, que es como decir en Europa. El legado de Macron merece no ser un país roto en dos bloques extremos y odiantes entre sí.

Coda 6) Rivera se confiesa. Pasan los años y adolece de los mismos defectos de cuando era político. Ni una explicación sobre el fracaso de Ciudadanos, sino que como Wilde, cuando no triunfó como dramaturgo, dijo: «La obra, sensacional; el público… un fracaso». Aquí la entrevista para TO. Al menos reconoce que desde dentro se lo pusieron a huevo: «Tuve la suerte de que no tuve que acatar muchas decisiones en mi partido, primero porque era presidente, segundo porque era fundador e ideólogo y tercero porque ese traje a medida lo había diseñado yo…»

Cuestionario con Mostaza

 Cuestionario con Mostaza. Otra semana, conversamos con Manu Mostaza Barrios, sobre temas electorales y afines.

1.- ¿Cómo interpreta la remodelación tras la salida de María Jesús Montero?

Desde Moncloa se considera que los grandes derrotados de la remodelación de ayer son Yolanda Díaz (Carlos Cuerpo es su némesis en el Consejo de Ministros) y Félix Bolaños, quien soñaba con terminar este ciclo político siendo vicepresidente del Gobierno. También sale perdiendo Manuel de la Rocha (director de la Oficina Económica del Presidente del Gobierno), eterno aspirante a un ministerio que puede haber visto como se le escapaba su último tren. Es un paso adelante también de lo que los medios llaman el «Clan madrileño», los ministros que hicieron carrera desde su círculo más cercano en Madrid: Óscar López, Albares y también Bolaños, que, aunque no sea vicepresidente, sigue mandando mucho en el entorno de presidencia. Si los vicepresidentes de la parte socialista del gobierno no son políticos, ese papel lo van a jugar los mencionados, sin ninguna duda.

2.- Y Arcadi España como sustituto de Carlos Cuerpo como ministro de Hacienda, ¿es por cupo valenciano?

En efecto, se refuerza el peso del socialismo valenciano, que Sánchez cree que puede convertir en el futuro granero de votos que ya no es Andalucía. Y así también se mantiene el control de Hacienda por porta de alguien afiliado al partido y que conoce las lógicas de la organización.

3.- ¿No es una sorpresa esta vicepresidencia primera masculina y ajena al partido de Carlos Cuerpo?

El verdadero vicepresidente político es Pedro Sánchez; punto y final. No quería que el nombramiento de alguien cercano se pudiera interpretar en clave sucesoria, porque no tiene ninguna intención de dejar la responsabilidades de alto nivel en el partido, aunque no pueda formar gobierno en las próximas elecciones.

4.- Y la guinda: con la salida de Montero, ya no hay ninguna mujer con peso político en el entorno del presidente Sánchez. El hecho de que siga siendo la número 2 del PSOE tras su previsible derrota… ¿no la quema?

El autodenominado «candidato de las bases» no tiene ningún a afiliado como vicepresidente y el «presidente de gobierno más feminista» ya no tiene ninguna mujer cerca con peso político. Una demostración más de la superioridad de la retórica sobre la realidad de este ejecutivo. Creo que María Jesús Montero caerá en el olvido pocas semanas después de las elecciones andaluzas, y que no la salvará, tampoco, ser la número 2 nominal de un partido en el que solo manda el uno. Un hombre. 

5.- ¿Cree que tal vez vuelva al Congreso y por eso no ha entregado el acta?

No lo sabemos, pero creo que su destino está ligado a Sánchez. Su lealtad ha sido perruna todos estos años; sus fracasos, mayúsculos –no ha sido capaz de elaborar un proyecto presupuestario– y su voluntad ha sido inmolarse por el líder… no creo que tenga vuelta atrás. 

6.- Vayamos a porcentajes electorales. ¿Por qué en Andalucía, y con el mismo porcentaje de votos (43%) que sacó Guardiola hace unos meses en Extremadura, Moreno sacaría en unos meses una mayoría absoluta?

Porque los sistemas electorales importan. Y mucho. Ninguno es neutro a la hora de traducir votos en escaños. No pasa nada, lo importante es que los partidos los asuman como justos… pero a veces producen estas paradojas. En dos territorios contiguos y similares, con un porcentaje Moreno tuvo su sábado de gloria hace cuatro años y le sobraron escaños para tener la mayoría absoluta, y con el mismo porcentaje Guardiola vive dese hace semanas su particular calvario con Vox, por quedarse a cuatros escaño de la mayoría absoluta…

7.- ¿Que opina de estos modelos electorales que dice aquí Albert Rivera, distintos al español: «Hay otros modelos como el británico con lista por distrito, hay modelos de doble lista, hay modelos de lista desbloqueada…»?

No hay sistemas mejores o peores, quitando la manifiesta superioridad del parlamentarismo sobre el presidencialismo en épocas polarizadas como ésta. Lo que Rivera plantea es debatible, pero en España no hay un gran recuerdo de los distritos uninominales (generaban clientelismo) y el escenario de una democracia con partidos políticos débiles es ahora mismo los EEUU. No me parece muy recomendable. El populismo va contra las instituciones mediadoras, y con todos sus problemas, que los tienen, los partidos son una institución mediadora de libro. 

8.- ¿Son válidas estas revisiones «independientes» a partir de los datos del CIS? 

No le hagamos mucho caso al CIS. Sus muestran están sesgadas porque es razonable pensar que gente «de derechas» no contesta a la encuesta cuando sabe que es del CIS. Eso invalida ya el trabajo. A mayores, la cocina es muy de autor: lo que plantea esta revisión es razonable, pero creo que hay como decía, un error de base. 

9.- ¿Qué sesgo político puede entrañar este censo revisado que se va a practicar?

No conozco bien el tema, pero es verdad que la base del sistema electoral es más el padrón que el censo. Tu derecho a voto se confirma por tu vecindad administrativa. A mí me parece un atraso y ya lo hemos comentado otras veces… ¿Por qué no puedo votar donde tengo intereses aunque no viva allí? Dicho lo cual, alterar modelos históricos de recogida de información siempre es un riesgo porque estás dificultando el trabajo de los historiadores futuros, pero en una época de presentismo descarnado, ¿eso a quién le importa?

10.- ¿Debe usar una IA como Claude (u otra equivalente) también un demóscopo, como dice Kiko Llaneras (aquí)?

Sí, sin duda. Ayuda mucho a la hora de ordenar los datos, por ejemplo. Antes yo perdía mucho tiempo analizando resultados en unas elecciones por tamaño de municipio, por poner un ejemplo, y ahora la IA organiza esa información con rapidez. Bienvenida cualquier ayuda que permita tratar mejor y más rápido la información.

11.- Me ha entregado las respuestas en el último minuto… ¿Se ha despistado por las vacaciones?

Qué va, Tadeu. Pero me he ido a la España vacía, a mi tierra zamorana, y resultaba que la conexión a la red no funcionaba. Por supuesto, no tenemos cobertura de móvil. Llamé al operador (muy dominante) y me ofrecieron venir… ¡el miércoles que viene a arreglarlo! Así que, como en los viejos tiempos, me fui a un bar y logré llegar a tiempo. Así funcionan los servicios en esta España posmoderna y pasada de vueltas en cuanto uno se aleja cuarenta o cincuenta kilómetros de una gran ciudad.

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