Marichús miente a Andalucía
«Es impresionante el elevado concepto de sí misma que tiene quien gesticula como el hermano feo de los Calatrava»

Ilustración de Alejandra Svriz.
Hoy el Gobierno de España es mejor porque, junto al autócrata, ya no se sienta María Jesús Montero, vicepresidenta primera del Gobierno desde 2023, vicesecretaria general del PSOE desde 2022 y secretaria general de Andalucía desde 2025. ¡Ea con el pluriempleo! Nunca tanta incapacidad pudo atesorar tanto poder.
La que se desdobla en sus actuaciones y dice de sí misma como si fuera otra: «Yo creo que lo que realmente es importante, por lo menos a mí me inspira y a mí me motiva, es el hecho de que, probablemente —esto en política es bastante inusual—, una persona que tiene grandes responsabilidades en el Gobierno, en este caso vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, que probablemente ha sido la persona, o la mujer, sin duda, con más poder del conjunto de la democracia, ¡eh, eh!, que ha tenido responsabilidades que, en definitiva, han supuesto más poder del conjunto de la democracia, decida presentarse a unas elecciones autonómicas, dejando sus cargos institucionales y apostando por Andalucía».
Es impresionante el elevado concepto de sí misma que tiene quien gesticula como el hermano feo de los Calatrava —¡qué mayor soy!—, que cuando se explica es tan incomprensible como los discursos de Chiquito de la Calzada y cuyas formas son de vendedora ambulante de bragas sobaqueras de mercadillo de quinta.
No es nada inusual que Pedro Sánchez envíe a la inmolación política a todos sus servidores. Nunca compañeros, siempre fungibles, prescindibles en su propio beneficio. Sánchez no crea su equipo ni lo mantiene por su capacidad. Si fuera por capacidad, Marichús jamás habría estado tanto tiempo a su lado. La que se cree «sin duda, la mujer con más poder del conjunto de la democracia» será recordada por su inutilidad política. Por ser la vicepresidenta económica que fue capaz de pasar tres años de una legislatura, violando la Constitución, incapaz de presentar un borrador de presupuestos. Su dignidad permaneció intacta; la ausencia tiene esa virtud.
Marichús es la barriobajera racista del «Feijóo es el señor mopongo [sic] y no es que venga de África, es que ponga usted una propuesta, que yo me opongo. Da igual lo que usted diga, yo, mopongo». La absolutamente inútil en economía que dijo: «Chiqui, mil millones no son nada» o que el Gobierno había solicitado «entre el billón y el billón y medio de euros». Como si fuera casi lo mismo. Este nivel de estulticia intelectual la iguala a un expresidente del Perú que, preguntado por el medio ambiente, respondió «que él no quería medio ambiente, lo quería entero».
Así es la que tantos cargos ha ostentado durante tanto tiempo. Marca el nivel de los Gobiernos de Sánchez. Nadie así puede ser la mujer con más poder del conjunto de la democracia. La más poderosa fue Teresa Fernández de la Vega. Y también tuvo más poder —aunque pésimamente gestionado y utilizado— Soraya Sáenz de Santa María. La primera hizo mucho y bien. La segunda también hizo mucho y mal. Marichús, aparte de gesticular en el Congreso y decir tonterías, no ha hecho absolutamente nada que no sea el ridículo.
Miente como parte de la mejor escuela sanchista cuando asegura: «Yo misma, en primera persona, de lo que estoy encantada, y el presidente del Gobierno prescindiendo de alguien de su equipo que desarrolla un trabajo importante para el devenir de la legislatura de Pedro Sánchez. Así que me permiten que yo ponga en valor lo que me parece que tiene más valor, que eso no se ve habitualmente: que una persona con ese recorrido, con ese número de funciones que tiene asignadas, decida venir a Andalucía a disputar unas elecciones autonómicas para rescatar a los ciudadanos andaluces del desgaste, del deterioro de los servicios públicos. A mí me parece esto, en política, algo digno de mencionar y me parece que también da, en primera persona, el testimonio de qué entendemos por poder los socialistas, que no es otra cosa que ponernos al servicio en aquellos lugares donde se nos necesita para dar lo mejor de nosotros mismos».
Marichús miente a Andalucía y a los españoles. Su regreso a Andalucía se hizo desde el Congreso con la ausencia del presidente. Se va sin querer ir. No tuvo la valentía política ni la dignidad personal de decirle a Pedro Sánchez que no quería esa inmolación.
Su compromiso con Andalucía es inexistente. No ha renunciado a su escaño en el Congreso de los Diputados ni a ser vicesecretaria general del PSOE porque mantiene el billete de regreso a Madrid. Quiere conservar una posición política nacional. No se da cuenta de que su batacazo en Andalucía la deja sin futuro cuando por fin salga Pedro Sánchez. Lo más cerca que estuvo de ser presidenta fue aquellos cinco días en los que Pedro se retiró a su casa a meditar su futuro por un amor que no tenía. Ella imploraba su vuelta con la misma pasión que pone en su marcha a Andalucía. Ninguna.
En un escenario tan adverso para el PSOE en Andalucía, Marichús, la que regalaba toda la pasta a los catalanes, es sin duda la peor candidata. El PP, con Moreno Bonilla, compite por la mayoría absoluta. Ella compite contra Vox por una lejana segunda plaza. Así de catastrófica es la situación del PSOE en Andalucía, casi empatados con Vox.