¿Quién es más corrupto?
«El Gobierno sanchista recurre al ataque al PP como defensa. Tarea inútil: nunca se ha visto en España mayor número de delincuentes en un Gobierno y en un partido»

Ilustración generada mediante IA.
Hay dos lemas en España que son verdad como la vida misma: «No hay mejor defensa que el ataque» y, segundo, aquello que repetían las abuelas, siempre sabias: «Vísteme despacio, que tengo prisa».
Este Gobierno sanchista, incapaz de defenderse con argumentos o con verdades que demostrarían que es falso todo lo que se dice y publica sobre su corrupción, ha recurrido al ataque al PP como defensa. Tarea inútil: nunca se ha visto en España mayor número de delincuentes o presuntos delincuentes en un Gobierno y en un partido.
El esfuerzo de los estrategas actuales del PSOE por sacar votos de debajo de las piedras no parece que sea muy eficaz, según las encuestas. En Andalucía no hay signos de remontada, pero la culpa no es de esos estrategas, sino de quien se empeñó en presentar a Montero como candidata contra viento y marea, contra el criterio mayoritario de los dirigentes andaluces. Intentar ahora sacar rédito de la corrupción del PP de Rajoy no es hilar muy fino. Hubo corrupción, claro que la hubo, con destacados personajes que han conocido las penurias de la cárcel. Pero que pretendan los sanchistas presentarse como limpios de polvo y paja, con un par de mangantes como únicos implicados en asuntos turbios, es algo muy alejado de la realidad. Tanto, que atenta contra la inteligencia de los españoles.
Son multitud los que conocen perfectamente hasta dónde ha llegado la corrupción en el mundo sanchista. No en todo, pero sí alcanza a personajes muy próximos al presidente de Gobierno, y negarlo a pesar de tantas y tan contundentes evidencias causa rubor. Por la desfachatez con la que se trata de desviar la atención hacia las malas acciones del adversario.
No hay ciudadano de este país que no conozca la importancia de José Luis Ábalos en el círculo de Sánchez, el poder que le otorgó Sánchez en el partido y en el Gobierno y cómo lo apoyó cuando aparecieron las primeras noticias sobre sus fechorías. Las publicó este diario, que sufrió una atroz campaña de desprestigio profesional alentada por la Moncloa y sus terminales mediáticas.
«Ningún hermano de Rajoy o de Aznar vivió en Moncloa secretamente y con una caravana en el parking de la sede del Gobierno»
Los responsables de sacar las castañas del fuego al PSOE ya no son lo que eran. Con el ataque feroz al PP por las ilegalidades cometidas hace más de 13 años, y la corrupción de todos conocida, lo que se provoca es que pongan las comparaciones sobre el papel, negro sobre blanco. El ahora y el antes. Y el sanchismo no sale bien parado.
Begoña y sus maniobras para hacerse con una cátedra en la Complutense sin cumplir los requisitos; maniobras también para conseguir patrocinadores, que en algún caso se han judicializado por si la esposa del presidente hubiera presionado al Gobierno para que sus patrocinadores recibieran trato de favor. En el PP que hoy responde en la Audiencia Nacional del caso Kitchen, no hubo cajas con fajos de billetes guardados en el despacho de la residencia oficial de un ministro, ni puestos de trabajo en empresas públicas para amantes del hombre más poderoso del PSOE y del Gobierno, gracias a la confianza que le dio Pedro Sánchez.
No hubo en el PP vacaciones pagadas por comisionistas, no hubo un hermano del presidente con un cargo en la Diputación de Badajoz sin aparecer por la sede. Ningún hermano de Rajoy o de Aznar vivió en la Moncloa secretamente y con una caravana en el parking de la sede del Gobierno. El padre de Rajoy, enfermo, vivió mucho tiempo en la Moncloa; era de dominio público, y el entonces presidente quiso hacerse cargo de los gastos. Son muy torpes los que, al utilizar el ataque como defensa, no dedican un minuto para analizar previamente si hay vergüenzas que tapar.
Este Gobierno, que presume de progresista, feminista y legisla contra la prostitución, ha sido prolífico en episodios que hieren profundamente a las feministas de verdad y a quienes conocen a fondo el mundo de la prostitución. Un Gobierno que presume de sensibilidad social y austeridad no debe hacer alarde de utilización de los medios del Estado y de los pertenecientes a Patrimonio Nacional para sus desplazamientos y vacaciones a todo plan junto a familiares y amigos. Sin cumplir las leyes de transparencia, se niegan a identificar a quienes han disfrutado de esos medios y bienes.
«Los españoles seguiremos sufriendo las consecuencias de la lucha a muerte entre los dos únicos partidos capaces de gobernar»
Vivimos días inquietantes, con una guerra que quita el sueño y unas amenazas de Trump que nos han tenido con el corazón en vilo. Nos conmocionó especialmente la frase rotunda con la que anunciaba su disposición a acabar con toda una civilización, refiriéndose a la iraní, a la persa. Cuando el corazón latía con miedo, cuando no faltaba casi nada para la hora señalada, llegó el anuncio del alto el fuego.
El mundo entero respiró con alivio, pero ante un bárbaro como Trump, que solo piensa en el dinero que puede amasar con su política de reconstrucción posguerra —así lo confesó abiertamente en redes sociales—, no se sabe cuánto puede durar el alivio. Y es inquietante que ese bárbaro tenga a España en su punto de mira, porque Sánchez no pierde ocasión para demostrar que le detesta.
Un alto el fuego puede significar el fin de una guerra. O no. Pero aun en ese caso, que ojalá se confirme, los españoles seguiremos sufriendo las consecuencias de la lucha a muerte entre los dos únicos partidos con capacidad de gobernar. El que gobierna, el de Sánchez, nos lleva por el camino de la amargura. El camino de la confrontación permanente. Con el espectáculo de un juicio en el Supremo que deja los pelos de punta al ver cómo se las gastaban algunos de los protagonistas del sanchismo.