Quién te ha visto, Pedro
«Hace tiempo que Sánchez ya no tiene colaboradores: solo le quedan palmeros y sicarios. Y socios malévolos que contribuyen a convertirnos en un país disfuncional»

Ilustración de Alejandra Svriz.
Quién le ha visto y quién le ve. Cuando irrumpió en nuestras vidas, allá por 2018, Pedro Sánchez prometía un país adánico y resiliente, y un mundo pacífico y sostenible. Imitaba los posados de John Kennedy, se cimbreaba como Obama, competía con Justin Trudeau por el título mundial de Míster Progresista y ambicionaba un liderazgo europeo. Ahora, con suerte, le dejan cenar en casa.
Pasada la etapa de ínfulas imperiales, con Begoña Gómez desaparecida por motivos de fuerza mayor, Sánchez ha quedado reducido a una copia de Acidonitrix, el personaje tóxico de Astérix y la gran zanja, muñidor de traiciones y peleas e irrefrenable pirómano.
Las portadas de ayer, un lunes cualquiera, eran un catálogo de incendios. Huelga de médicos en demanda de mejoras laborales, la mayor protesta desde 1995. Colapso judicial: la Audiencia Nacional paraliza casos por falta de funcionarios y el Supremo insta a los abogados a que lleguen a pactos en 4.500 litigios. Desmadre migratorio. Los regularizados no van a ser 500.000, advierte el Centro Nacional de Inmigración y Fronteras, sino más del doble: hasta 1,3 millones. Las mafias ya se movilizan a cuenta de los certificados de antecedentes penales y se espera un cuarto de millón de irregulares desde el espacio Schengen.
Desastre de las infraestructuras: Óscar Puente prevé que la línea de AVE Madrid-Sevilla, interrumpida desde el trágico accidente de Adamuz hace un mes, reabra «mañana o pasado». Cabe suponer que con velocidad reducida, como el resto de los trayectos. Constatado de la peor forma el lamentable estado de la red ferroviaria, los expertos alertan de las presas y de las carreteras.
En pleno goteo de excarcelaciones de asesinos etarras, Oriol Junqueras recuerda que «la ambición nacional de ERC no tiene límite». Y siempre, como música de fondo, la sinfonía de corruptelas que han llevado a España al peor resultado histórico en el Índice de Transparencia Internacional, codo a codo con Chipre y las Islas Fiji. El pozo sin fondo de Ferraz, la parentela Sánchez-Gómez y siempre Zapatero, nuestro Bambi Corleone.
Arde también el PSOE, de derrota en derrota, hasta la debacle final. El sanchismo culpa a los muertos y los críticos se rebelan ante tanta miseria. Emiliano García-Page lo ha descrito con precisión: «No puede ser que termine hundiéndose a toda la infantería para que exista el cuartel general». Ya lo creo que puede ser: los parámetros del analisis desbordan la lógica política para entrar en el terreno de la psiquiatría. Felipe González se ha soltado la faja y ha dicho que, llegado el día, a Pedro le va a votar Rita la Cantaora. Por RTVE desfilan compungidos los teleñecos de Moncloa: Ana Redondo, Isabel Rodríguez o Ángel Víctor Torres, esos cráneos privilegiados, sugieren al expresidente y refundador de su partido que se vaya. E Iñaki Gabilondo le sermonea: «Tu hostilidad ha llegado demasiado lejos». Como vuestro servilismo, podría responderle Felipe, pero no lo va a hacer porque está de vuelta de majaderías.
Hace tiempo que Sánchez no tiene colaboradores: solo le quedan palmeros y sicarios. Y socios malévolos, que contribuyen a convertirnos en un país disfuncional. Del mismo modo que tampoco gobierna: diseña estrategias de supervivencia. Ni su partido ni los españoles le merecen el más mínimo respeto. Todos somos contingentes, pero él es necesario. Sin Presupuestos, sin Congreso y sin elecciones generales a la vista. Despreciado en Europa, denostado en casa, se inventa batallas contra los tecnoligarcas y la ultraderecha para quitarse de en medio.
Hoy mismo viaja a la India. Pero antes, unos fuegos artificiales: anuncia de nuevo 15.000 viviendas que no va a construir, y sube el salario mínimo por sexta vez y abronca a la patronal por oponerse. Espolea a Tezanos, que pone al PSOE diez puntos por delante del PP (¿no hay nadie en el CIS que levante la voz ante la malversación de fondos y la degradación profesional?), y activa a los abajo firmantes, que sacan un manifiesto, otro, en el que connotados odiadores y desinformadores exigen leyes contra el odio y la desinformación.