José Carlos Rodríguez

Tocqueville en Cuba

«Lo cierto es que la dictadura de Batista dio paso a otra mucho peor; indeciblemente peor. Que los seis años de Batista se convirtieron en más de 60 de los Castro»

Opinión

Tocqueville en Cuba
José Carlos Rodríguez

José Carlos Rodríguez

Elegí vivir de contar lo que acaece. De todas las ideas sobre cómo debemos convivir, la libertad no me parece la peor.

La película El Padrino recrea el momento en que los revolucionarios tomaron el control de Cuba. El film muestra cierta simpatía con los revolucionarios. Michael, cuando ve un hombre dispuesto a matarse con tal de llevarse por delante unos cuantos policías, comprende que hay algo más allá del cálculo que lleva a unos cuantos hombres a coger las armas y dirigirlas hacia el Gobierno, y sus apoyos.

Lo cierto es que la dictadura de Batista dio paso a otra mucho peor; indeciblemente peor. Que los seis años de Batista se convirtieron en más de 60 de los Castro. Que las pocas cárceles que había en la isla se extendieron como un sarampión por la isla, que Cuba toda se convirtió en una infame cárcel. Que la prostitución pasó de ser un modo de vivir a ser un modo de sobrevivir. Y que aquel régimen, que iba a superar en renta per cápita a la democracia estadounidense (realmente estaba cerca), ha sumido a la próspera Cuba en el epítome de la miseria.

Todo el mundo lo sabe. Unos estamos en contra del comunismo, otros están a favor. Lo que me parece interesante de estos días de protesta es que el régimen parece haber perdido al menos en parte el control de la población sometida.

Los Castro han impuesto una cruel dictadura. Controlan la población, como un ganado, con múltiples métodos de sometimiento. Uno de ellos es la economía. En ocasiones, cuando la miseria comienza a mirar a la muerte y el precio de la rebeldía cae a plomo, el régimen abre la mano que aprieta el cuello de los cubanos. Cuando su economía de supervivencia les permite soñar con una vida de cómoda pobreza, quizás de vida independiente, vuelve a cerrar la mano. La pobreza ha sido el gran aliado del régimen. En la miseria, la mano enemiga del régimen puede ser la que te salve de un final adelantado.

Esta política cruel le ha servido bien a los Castro y sus secuaces. Pero, en parte, la han abandonado. Poco a poco, Cuba ha albergado el sueño de crear un modelo de comunismo de estilo chino: un crecimiento que ofrezca nuevas posibilidades de corrupción de los líderes, sin aflojar los grilletes de los pies de los cubanos. La pandemia le ha dado la vuelta a la situación. Cuba sufre la mayor carencia de alimentos desde los años 90, cuando algunos súbditos de Castro recurrían a las flores para alimentarse. Y ya vio Alexis de Tocqueville hace casi dos siglos que las condiciones para la rebelión no es la pobreza, sino el freno en el progreso, cuando los más pobres se ven obligados a renunciar a unas esperanzas que nunca consideraron suyas, pero a las que ahora no van a renunciar. Pero los Castro nunca leyeron a Tocqueville.

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