Juan Milián

¡Viva el Brexit manque pierda!

En un sondeo realizado por YouGov la mayoría de los afiliados al Partido Conservador británico consideran que hay que seguir con el Brexit

Opinión Actualizado:

¡Viva el Brexit manque pierda!
Foto: Rui Vieira
Juan Milián

Juan Milián

Morellano del 81. Politólogo y político. Procesólogo por obligación, mediterráneo por vocación. He escrito algún libro.

El nacionalismo es la retórica de los narcisistas para alcanzar y mantener el poder. Al nacionalista el futuro de la nación le importa lo mismo que al populista el de “la gente”, a saber, un bledo, un comino o un pimiento. En un sondeo realizado por YouGov la mayoría de los afiliados al Partido Conservador británico consideran que hay que seguir con el Brexit, aunque este suponga un daño significativo para la economía o el mismísimo fin del Reino Unido con la separación de Escocia o Irlanda del Norte. ¡Viva el Brexit manque pierda! Solo frenarían la salida de la Unión Europea si esta llevara al laborista Jeremy Corbyn al 10 de Downing Street. Un enemigo, externo o interno, siempre consolida el sentimiento de pertenencia. Lo dicho, el poder por encima de cualquier otra consideración. En todo caso, no es baladí recordar el origen del embrollo, porque nos muestra que la historia se forja con el carácter y las decisiones de algunos individuos, no con la fuerza de ningún destino escrito de antemano. Todo podría haber sido de otra manera.

En sus dos gobiernos David Cameron promovió tres referéndums cuyas preguntas poco tenían que ver con el objetivo real de su convocatoria. El primero, sobre la reforma del sistema electoral, pretendía garantizarse el apoyo de sus socios liberal-demócratas a las políticas de ajustes que necesitaba la entonces maltrecha economía. Era 2011, plena crisis, y Cameron ganó aquella apuesta: se aprobaron las reformas económicas y el sistema electoral no se modificó. Tres años después se celebraría el referéndum sobre la independencia de Escocia. Cameron pensó que con una pregunta a todo o nada se evitaría tener que negociar una mayor delegación de poder hacia Edimburgo. No salió tan bien. El primer ministro acabó prometiendo una mayor descentralización durante la campaña y ahora los nacionalistas escoceses exigen otro referéndum. Neverendum. Y finalmente, en 2017, el del Brexit. Con él, el líder tory creyó que podría aplacar las disensiones de los euroescépticos de su partido. Y acabó demostrando que la democracia representativa era un estadio civilizatorio superior al de la democracia directa.

Trasladando a la sociedad lo que eran problemas de partido, Cameron despreció la sabiduría acumulada y quebró la tradición parlamentaria británica. Impropio de un buen conservador. Westminster se resintió jugando a la ruleta rusa -nunca mejor dicho- hasta que la bala salió del tambor del revólver. Se cometió un delito de alta frivolidad. Sin embargo, la situación británica no es nada excepcional ni en el espacio ni en el tiempo, por muy irracional que parezca. El conflicto es consustancial a unas sociedades cada vez más complejas. La cuestión es embridarlo provechosamente para que sea un aliado del progreso y la libertad. Esa es la gran razón de la democracia representativa. Sin embargo, la historia está plagada de casos en los que el oportunismo político ha despejado el camino a un sentimentalismo que arrasa con todo. Algunos solo tenemos que mirar por la ventana para ver lo mismo.

Más de este autor

Antes muertos que pragmáticos

«Uno se pregunta qué concepción tiene Pedro Sánchez de sus votantes cuando viene a decir que estos nunca aceptarían pactar con el Partido Popular»

Opinión

Sobrevivir a la Bannonización

«Buscan eliminar todo lo que hay entre el PSOE y VOX, porque así se saben eternamente gobernantes sin responder ante los gobernados, sin pagar el precio de la gestión negligente»

Opinión

Más en El Subjetivo

Víctor de la Serna

Al borde de la violencia

«Ahora mismo estamos de nuevo en plena orgía de memoria histórica manipulada, para –como siempre- tapar los problemas reales de un país que no ha acallado a ninguno de sus demonios»

Opinión

Gregorio Luri

El olvido del don

«Podría decir que el mayor don es recibir la vida, pero no sé si se me entendería, dado que estamos muy desganados a la hora de transmitirla»

Opinión

Jordi Amat

El engaño del sofista

«Parece que la Dra. Álvarez de Toledo, dedicada a la batalla cultural, se haya convertido en defensora de la Transición, aunque la vacuidad de su argumentación la convierta en abanderada de un mito impugnado por la mejor historiografía»

Opinión