The Objective
Entrevista

Mariano Rajoy: «Estamos viviendo el periodo más sombrío de la historia de la democracia»

El expresidente del Gobierno (2011-2018) repasa la actualidad y comenta algunas de las frases de su nuevo libro

Seguramente muchos tengan dudas sobre cómo habría que valorar el paso por La Moncloa de Mariano Rajoy Brey (Santiago de Compostela, 1955), pero lo cierto es que le tocó bailar con la más fea: una crisis económica descomunal y un desafío independentista inédito hasta ese momento en España. En lo que seguro que concita mayor consenso es en que probablemente sea el mejor expresidente que hemos tenido. O al menos el más discreto. Ni un ruido, ni una injerencia en su partido, ningún intento por marcar la agenda. Reacio a las entrevistas, ahora se asoma a los medios porque ha publicado un libro con las frases que resumen su ideario político: El arte de gobernar (Almuzara, 2025). Y ya de paso se presta a reflexionar sobre algunos temas de actualidad.

Pregunta.- Me gustaría comenzar poniendo encima de la mesa algunas frases que he leído en su libro y que usted me las comente. Por ejemplo, «hay que gobernar para todos». 

Respuesta.- Un gobernante es elegido por la gente con las siglas de un determinado partido político, pero su obligación cuando llega al gobierno es tener en cuenta las inquietudes, los anhelos y los problemas de todo el mundo. Esa es la principal obligación de un gobernante. Su ideología y su partido están muy bien, pero tiene que gobernar para todos.

P.- Así lo veíamos todos hasta que llegó Sánchez y nos levantó el muro. 

R.- Claro. Nosotros estamos viviendo ahora el periodo más sombrío de la historia de la democracia española desde 1978, cuando se aprobó la Constitución. Nunca hemos vivido una etapa con tanta división, con tanta polarización como estamos viviendo en este momento. En España los grandes temas siempre se hicieron por consenso: la Constitución, la entrada en la Unión Europea, la entrada en el euro, la política exterior, la política de defensa… Hasta en mi época pasó con la sucesión a la Corona y la aplicación del artículo 155. Hoy eso es inviable. Se han liquidado los grandes consensos nacionales, que son los que dan estabilidad a un país.

P.- «Si no es posible decir la verdad, cállate».

R.- Hoy en día el problema no es la libertad de expresión, el problema es la mentira. Y entonces yo lo que digo es una cosa obvia: «Oye, mira, no mientas».

P.- ¿Usted no nos mintió nunca siendo presidente? 

R.- A propósito, no. Yo nunca quise engañar a nadie, pero al llegar al Gobierno me encontré una realidad que me obligó a hacer lo contrario que había prometido en mi programa electoral: subir impuestos, nacionalizar la banca…

P.- Tiene en el libro una frase que hasta el propio Pedro Sánchez firmaría: «Cuando la realidad lo exige, no hay que temer cambiar de criterio».

P.- Sí, pero hay matices. Una cosa es hacer caso a la realidad y otra cosa es hacer caso a tus intereses políticos, partidarios y personales, que no es lo mismo. Ortega y Gasset ya dijo que «la realidad ignorada siempre prepara su venganza».

P.- «A veces es urgente esperar». 

R.- Absolutamente, es que lo he vivido tantas veces… Por ejemplo, cuando yo tuve que aplicar en Cataluña el artículo 155 de la Constitución, pues había gente que me recomendaba que lo hiciera antes y luego es verdad que también aparecieron otros que decían que no, que debió haber sido seis meses después. Entonces, al final tú tienes que tener un criterio.

P.- Lo que pasa es que a usted se le reprochaba muchas veces no tomaba decisiones

R.- Por eso digo que a veces es urgente esperar. Fíjese usted en el tema del famoso rescate. Yo tenía todos los días a los medios de comunicación preguntándome por cuándo íbamos a ser rescatados. Y claro, realmente solo había dos opciones: pedir el rescate o no pedirlo. Evidentemente, yo no quería pedirlo. Esperé y gracias a eso España no fue rescatada y evitamos la quiebra del Estado.

P.- «Son preocupantes los problemas de guardarropía que se ven en algún Parlamento».

R.- Bueno, hay algún Parlamento que tiene un evidente problema de guardarropía. Oiga, es que usted está en el Parlamento, no en la playa. Usted cuando va a una boda normalmente va vestido como las personas sensatas que van a la boda. Y yo creo que algunos han interpretado que esto de la democracia, la modernidad, pues es tener un problema de guardarropía.

P.- Aparte de la guardarropía, usted hace en el libro una defensa del parlamentarismo y del Parlamento. De hecho, usted viene a lamentar que haya perdido su función. ¿Qué le pareció la polémica del otro día entre Gabriel Rufián y Carlos Mazón en una comisión parlamentaria?

R.- Mire, me sonó mal. Yo he estado en algunas comisiones de esas porque de vez en cuando te citan ahí para demostrar lo mal que lo hiciste o lo tonto que eres… y la única solución que tienes es quitarte de en medio, no entrar al fondo del asunto y contarles un chiste. Y eso es un drama. Yo he sido diputado diez legislaturas y siempre había que pensarse muy mucho qué decir. Hoy, desgraciadamente, todo eso se ha perdido. Las formas son muy importantes en todas las facetas de la vida, y en algunas ocasiones incluso más que el fondo. Con buena educación, se puede decir cualquier cosa. Pero si empiezas a insultar, debes saber que empleas el recurso de los mediocres.

P.- «Los políticos tienen serias dificultades para sumar el talento de la sociedad». ¿Por qué?

R.- Mire, a veces la gente me dice: «Oye, esto es un desastre». Y yo a veces le digo a alguno: «Hombre, ve tú». Y me responden: «¿Cómo voy a ir yo a la política?». Y me lo dicen por una razón, porque parece que si sales de la vida civil y entras en política ya estás haciendo algo malo, eso ya te convierte en un señor sospechoso. Y lo primero que tienes que hacer es presentar tus declaraciones de la renta y de patrimonio. Y si tienes un patrimonio elevado, entonces te insultan mucho más, lo cual es algo verdaderamente notable. Y luego encima, cuando sales de la política, se inventaron aquello de las puertas giratorias, con lo cual no puedes ir a ninguna parte. Eso es un disparate. Y eso echa a la gente buena, capaz y competente de la política. Y eso es muy grave, porque igual que es bueno que haya empresarios importantes, también es bueno que haya políticos importantes. 

P.- Usted se muestra partidario en el libro del bipartidismo, defensor de los partidos sistémicos fuertes. Pero, sin embargo, a usted se le reprocha mucho que cuando comenzó a liderar el Partido Popular, todo el centroderecha estaba agrupado en torno al PP. Y cuando usted abandonó la Presidencia del Gobierno, el centro derecha estaba dividido en tres partidos diferentes. Yo no sé si reconoce algún error que llevara a esa situación o aquello fue simplemente fruto de la casualidad o de los tiempos que vivíamos.

R.- Bueno, lo que ha pasado es que los populistas han aparecido en todas partes: Francia, Italia, Alemania… ¿Qué factores veo yo? Un factor muy divisivo es la inmigración y el uso político que hacen algunos partidos de eso. Otro factor que creo que fue el más importante en España fue la crisis económica y las medidas que hubo que tomar. La corrupción fue otro factor, y sobre todo la corrupción exagerada. Pero al final la historia dice que los mejores años de la democracia española han sido cuando había un bipartidismo razonable. Empezó Podemos con aquella cosa verdaderamente de locos de «la casta y el no nos representan». Y vemos ahora dónde ha terminado Podemos. Luego llegó Ciudadanos, que hablaba de la modernidad y tal. ¿Dónde están ahora? Y eso le va a pasar a Vox en el futuro. Yo creo en los partidos moderados y tengo unos valores: ocuparme de los problemas de la gente, evitar la bronca, que las grandes cuestiones nacionales se pacten. Y esta dinámica en la que estamos ahora en España a mí no me gusta. Pero aún así le diré una cosa. Cuando yo me fui tenía 137 escaños en el Congreso de los Diputados, después de todas las decisiones que tuvimos que tomar en aquella época, que no eran unas decisiones que nos convirtieron en unos señores muy simpáticos. Yo siempre dije: «Hay que hacer lo que hay que hacer. Y si haces lo que hay que hacer, por lo menos le prestas un servicio a tu país e incluso puedes ganar las elecciones. Pero como no hagas lo que tienes que hacer, machacas a tu país y no ganas las elecciones ni loco».

P.- Respecto a esto de los populismos, Benigno Pendás en el prólogo de su libro dice que «el populismo se alimenta del fracaso de los partidos sistémicos». ¿Qué parte de culpa se atribuye usted en ese fracaso de los partidos sistémicos? 

R.- Bueno, mire usted, hoy el mundo es tan complicado que no es fácil atender a todas y cada una de las peticiones de la gente. Es decir, cuando te viene una crisis de caballo, es evidente que tienes que hacer lo que tienes que hacer. Y las circunstancias también ayudan. Yo creo que nosotros intentamos gobernar siguiendo la tónica que habíamos mantenido en otros gobiernos anteriores.

“Probablemente lo que me faltó fue explicar mejor las decisiones que tomé. A mí eso de publicitar las cosas y hablar bien de uno mismo nunca se me ha dado bien”

P.- ¿Cuál cree usted que fue su mayor error en su etapa de gobierno? 

R.- Probablemente lo que me faltó fue explicar todas las decisiones que tomé en su día. Pero es que a mí eso de publicitar las cosas y hablar bien de uno mismo nunca se me ha dado bien. Es decir, todo el mundo me dice: «Es que usted no comunica». ¿Qué le voy a hacer? Yo estoy aquí para gobernar, no para comunicar. Y eso creo que es un error. 

P.- ¿No fueron también un error aquellas escenas de violencia que vimos la mañana del 1 de octubre en Cataluña? ¿No se podían haber evitado esas imágenes que tanto daño hicieron internacionalmente?

R.- Pues no lo sé, probablemente tenga usted razón. Pero conviene recordar que aquello era una convocatoria electoral que vulneraba todas y cada una de las leyes que hay en este país. Hay una frase que digo en el libro en la que creo mucho: «Cuídate de los profetas del pasado, de los que siempre saben lo que había que haber hecho».

P.- ¿Y se arrepiente de algo que hiciera? 

R.- De lo sustancial, no. Y lo sustancial fue lo económico, el tema catalán, la sucesión del Rey y el tema europeo.

Foto: Víctor Ubiña

P.- Presidente, ¿cuándo se jodió España?

R.- Cuando llegó el Frankenstein. Cuando tú te alías con los que se quieren ir de España, con el brazo político de una organización terrorista y con extremistas de izquierdas de todo pelaje, los resultados son los que tenemos. Ahora se ha publicado que si hubo una reunión entre Koldo, Cerdán, el presidente del Gobierno y Otegi. No sé si la hubo o no la hubo, pero a mí no me sorprende porque Bildu es el principal apoyo que tiene el Gobierno de España en estos momentos. El Frankenstein es lo peor que le ha pasado a España desde 1978. 

P.- Esta misma pregunta, la de cuándo se jodió España, se la hice aquí también al presidente Aznar, pero él respondió que España se empezó a joder en el 11-M, porque atribuía al Gobierno de Zapatero el inicio de todos los males. No sé si usted lo comparte…

R.- Bueno, es que el Frankenstein tiene sus antecedentes históricos. Cuando tú vas uniéndote a fuerzas políticas extremistas, pues al final llegas al Frankenstein. 

P.- Lo que dicen algunos es que a partir del 11-M el gobierno Zapatero empezó a inocular una serie de mantras en la sociedad española que envenenaron el ambiente. Y lo que yo me pregunto es, puesto que luego usted llegó al Gobierno y además lo hizo con una mayoría absoluta bastante clara, ¿por qué no fue posible en sus años de gobierno revertir la situación? ¿cómo no fue posible vacunarnos para que eso que había sembrado Zapatero no continuara luego con Sánchez? 

R.- Bueno, no es tan fácil. Pero yo siendo presidente del Gobierno y con mayoría absoluta recuperé los grandes consensos nacionales en los temas importantes, como la aplicación del artículo 155 o la sucesión en la Corona. Hicimos un esfuerzo para entendernos en muchas cosas. Yo los grandes temas los preguntaba, los consultaba y los hablábamos.

P.- Eso es indudable, pero le voy a poner un par de ejemplos. Zapatero puso en marcha la Ley de Memoria Histórica y ustedes, que en principio habían prometido derogarla, luego no lo hicieron. ¿Por qué no la derogó?

R.- Pues mire, ese fue uno de los casos en los que no hice absolutamente nada, no gasté ni un euro para eso. ¿Y qué hubiera pasado si yo derogo una ley que no se aplicaba entonces en España? Ah, pues mire usted, a lo mejor hubiera contribuido mucho más a la bronca, como han hecho otros y como siguen haciendo otros. A mí nadie me puede decir que bajo mi mandato se aplicara esa ley, simplemente la dejamos en stand by.

P.- El segundo ejemplo que le quiero poner tiene que ver con la Justicia y con todo lo que estamos viendo estos días, porque ustedes llevaban en su programa electoral cambiar el sistema de elección de los vocales del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) para despolitizar el órgano de gobierno de los jueces. ¿Por qué no hicieron ustedes esa reforma que probablemente nos hubiera ahorrado muchos problemas ahora? 

R.- Porque no teníamos los votos suficientes para hacerlo. 

P.- Pero el señor Gallardón como ministro de Justicia la llegó a proponer, creo recordar.

R.- No teníamos los 2/3 de los votos que se requerían. Y en cualquier caso, nosotros renovamos el CGPJ en tiempo y en forma. Y fue una etapa de la Justicia que no tiene absolutamente nada que ver con lo que estamos viviendo ahora. Entre otras cosas porque el Gobierno de España se creía lo de la división de poderes y la independencia judicial.

P.- Usted tuvo que salir de La Moncloa por una moción de censura que le plantearon a raíz de la sentencia del ‘caso Gürtel’. Me gustaría saber en qué piensa usted cuando ve todo lo que está cayendo alrededor de Pedro Sánchez y que él sí que ha conseguido sobrevivir, al menos de momento.

R.- Aquello era una broma, la moción de censura se produjo utilizando un párrafo que luego el Supremo le criticó a la Audiencia Nacional. Y fue la consecuencia de una desmedida ambición por parte del actual presidente del Gobierno.

P.- ¿Usted pudo haber evitado la moción de censura de alguna manera? 

R.- Que yo sepa, no. 

P.- ¿Nadie le advirtió de que se estaba fraguando una moción de censura? 

R.- No, porque hubo la sentencia y el día de la sentencia ya empezó todo. 

P.- Sí, pero eso lo tenían más o menos preparado de antemano, lo habían hablado entre ellos.

R.- Yo lo desconocía. 

P.- ¿Y a usted los servicios secretos no le informaron de esa reunión del caserío entre Otegi y Sánchez?

R.- No.

Foto: Víctor Ubiña

P.- ¿Qué le parece que se esté celebrando el 50 aniversario de la monarquía sin la presencia en los actos oficiales del rey Juan Carlos I?

R.- Mal. Yo estuve hace unos días en la entrega del Toisón de Oro a la reina Sofía, Herrero de Miñón, Miquel Roca y Felipe González, y me pareció un acto extraordinario. Y además saqué una conclusión: en España hubo una etapa con políticos respetables, y estoy absolutamente convencido de que pueden venir tiempos mejores. Ahora bien, si en el Reino Unido celebran los 50 años de algo, se entera todo el planeta. Aquí, sin embargo, ha sido una cosa clandestina. 

P.- ¿Y qué le parece que el rey Juan Carlos viva fuera de España? 

R.- Pues mire, mal. Los juicios tienen que ser globales. El Rey ha sido el piloto de la transición de un régimen autoritario a un régimen democrático y gracias a eso entramos en Europa, entramos en el euro y tuvimos los mejores años de bienestar de la historia de España. Y luego ha cometido errores, como todo el mundo. ¿Quién no comete errores? Pero el balance es absolutamente invencible. 

P.- ¿Qué opinión tiene sobre el libro que acaba de aparecer?

R.- La opinión que tengo es que el balance del reinado de Juan Carlos para España es positivo. 

“Me parece mal que se celebre el 50 aniversario de la monarquía sin Juan Carlos I y que esté viviendo fuera de España: los juicios tienen que ser globales”

P.- Hablemos de Feijóo. No sé si a usted le pasa, pero yo veo continuamente que hay gente que quiere decir Feijóo, pero en realidad se confunden y dicen Rajoy. ¿No le parece curioso?

R.- El personal percibe que en Galicia somos todos más o menos iguales. A mí que me confundan con Feijóo no me crea el más mínimo problema. 

P.- Incluso se ha acuñado el término “Feijoy”, que es una especie de fusión de los dos, pero no sé si lo hacen con buena intención...

R.- No, no, los bienintencionados no proliferan por aquí. 

P.- ¿Cree que Feijóo será presidente algún día?

R.- Sí, yo creo que después de las próximas elecciones Feijóo será presidente. ¿Sabe por qué? Porque el Partido Popular es la única opción sensata, democrática, equilibrada y que puede traer un poco de paz a este país.

P.- ¿Y cree usted que tardará mucho en llegar eso?

R.- Eso no tengo ni idea. En cualquier país democrático ya hubiéramos tenido elecciones simplemente por no haber conseguido aprobar los Presupuestos. Nosotros estuvimos siete años, y hubo siete Presupuestos.

P.- Dice en el libro que «la Constitución tiene instrumentos para defenderse en caso de ser atacada». Yo no voy a ser quien lo niegue, pero es indudable que el propio Pedro Sánchez nos está descubriendo ciertas lagunas de la Carta Magna, porque ahora mismo está gobernando sin Presupuestos, sin Parlamento… Y ahí sigue.

R.- Sí. El problema es que esa frase la utilizo con ocasión del 155. Yo creo que el mensaje del 155 fue: la democracia española tiene instrumentos para defenderse cuando es atacada y los puede utilizar, cosa que yo hice. Lo que pasa es que es muy difícil pedirle a Pedro Sánchez que utilice los instrumentos de la Constitución contra sí mismo. 

P.- Usted también dice que «el derecho a la autodeterminación no existe en nuestra Constitución». Permítame que le recuerde que la amnistía tampoco estaba y la acabaron aprobando. Es decir, que probablemente no tenemos mecanismos para impedir que el Gobierno acabe emprendiendo el derecho a la autodeterminación si lo necesita para sobrevivir, aunque no esté previsto en la Constitución.

R.- No creo que lleguen ahí. 

P.- Puigdemont ya nos ha advertido que es lo siguiente que van a hacer. 

R.- Sí, es verdad que le ha pedido al PSOE que rompa con el consenso constitucional y que diga que aquí no hay soberanía nacional y que, por tanto, un señor de Cuenca no puede opinar sobre lo que pasa en Galicia. Eso es letal.

P.- ¿Qué tiene que hacer el Partido Popular para recuperar la ilusión de esos votantes que se le fugaron en su momento? 

R.- Los votos de la gente no son de un partido político. El problema de España en este momento no es de ideología sino de calidad de la democracia. ¿Qué tenemos que hacer? Pues defender la Constitución y defender la democracia. Y acabar con esta brutal división y polarización que vivimos. 

P.- Pero algo tendrá que hacer el Partido Popular, por ejemplo, para que le voten los jóvenes, porque estamos viendo que, según las encuestas, el PP no logra conectar con la gente más joven.

R.- Bueno, el PP tiene que intentar conectar con la gente joven, con la gente mayor y con absolutamente todo el mundo. El Partido Popular lo único que tiene que hacer es ser nosotros mismos. Un país a tortazos no ha funcionado nunca. 

P.- Si llegan las elecciones y el Partido Popular necesita los apoyos de Vox, ¿es partidario de incorporarlo al Gobierno?

R.- Bueno, yo soy partidario de que el Partido Popular gane las elecciones y luego ya veremos. Pero hombre, hay algunas cosas que son muy complicadas, porque luego no te votan los Presupuestos, como se ha visto en Extremadura. ¿Usted para qué está? Es decir, ¿cuál es su aportación a a la normalidad aquí? Porque si todo consiste en subir el tono de las palabras… yo desde luego eso no es lo que quiero para mi país. 

P.- Insisto: ¿usted cree que el Partido Popular debería buscar el apoyo de Vox para formar gobierno?

R.- Lo que tiene que buscar de momento es el apoyo de la gente. Lo que pueda ocurrir en el futuro, pues vaya usted a saber. 

P.- En las últimas grandes crisis que ha afrontado España (dana, incendios, volcán de La Palma), se han visto deficiencias del Estado. ¿Sería usted partidario de hacer algún retoque en el Estado autonómico para conseguir que cuando nos pase alguna emergencia como esas, la respuesta pueda ser más rápida y eficaz?

R.- Mire el cambio que yo veo en el corto plazo es el de Gobierno. Nosotros vivimos el Prestige y yo era vicepresidente primero, y al día siguiente allí estaba, siguiendo instrucciones de Aznar. Hablé con la autonomía y dije: «Oiga, este es un tema nacional». Yo coordiné aquello con el Gobierno gallego. Allí estaba el Estado. Si el Estado no está pilotando todo lo que hay que hacer en temas como la dana, ¿para qué sirve el Estado entonces? No es un problema de cambiar nada, es un problema de actitud del gobierno de turno. En el caso de Valencia la obligación era estar allí, coger al Gobierno valenciano y decir: «Oye, vamos a trabajar esto de manera conjunta»… y nos hubiéramos ahorrado muchos problemas. 

P.- ¿Es usted partidario de hacer algún cambio en la ley electoral para evitar que la gobernabilidad de España quede en manos de los nacionalistas?

R.- La reforma electoral forma parte del acervo constitucional, porque es una regla de juego. Y las reglas de juego tienen que pactarse. No se puede hacer una reforma electoral por mayoría porque a mí me apetece. Y esta ley electoral no ha funcionado tan mal: aquí ha gobernado el PSOE con mayoría absoluta y en minoría y el PP con mayoría absoluta y en minoría. O sea que hacer una reforma electoral para que los demás no puedan estar en el Parlamento hay que pensárselo mucho y, sobre todo, hay que conseguir un apoyo muy mayoritario. Eso es muy importante, porque no todo se debe hacer por mayoría. 

P.- ¿Le preocupa Europa?

R.- Sí, me preocupa mucho. En Europa se ha producido un acontecimiento malo, que fue el ‘brexit’. Malo para Europa y malo para el Reino Unido. Pero bueno, a partir de ahora, tal como está el mundo, yo creo que Europa tiene que mantener la relación atlántica. Más que nada porque Canadá, Estados Unidos y Europa son democracias y los demás no son democracias. Y luego Europa necesita tener sobre todo una política exterior y de seguridad común. Porque si ponemos en común la política exterior y de seguridad, podemos hablar de tú a tú con China, Estados Unidos y Rusia. Si cada uno va por su lado, pues tenemos un pequeño problema. Europa tiene que creérselo porque somos 450 millones de habitantes. Tenemos el mayor nivel de bienestar del mundo. Tenemos muchas cosas muy positivas. Tiene que creérselo, y además me gustaría que se lo creyera desde la moderación, la sensatez y el equilibrio. ¿Se podrá hacer? Yo creo que sí. 

P.- ¿Qué opinión tiene de Donald Trump? 

R.- Bueno, mi forma de ver la vida no es la de él. En cualquier caso, creo que los demócratas hicieron un gran esfuerzo para que Donald Trump ganara las elecciones. Y sobre eso nadie dice nada. Y ese es un tema importante. Hombre, yo el problema que veo en este momento es que ha generado mucha incertidumbre. Los que queremos que todas las democracias del mundo estén unidas, pues nos gusta que las cosas estén claras. Parece que lo de la OTAN ahora está resuelto y que se va a mantener. Vamos a ver qué ocurre con Ucrania. Y luego yo estoy radicalmente en contra de los aranceles, porque creo que es malo para el exportador, malo para el importador, malo para el consumidor, genera inflación… Pero aun así, oiga, Estados Unidos es una democracia. Los otros son dictaduras. 

P.- Ha arregalado Gaza, va camino de arreglar Ucrania y encima nos puede quitar a Maduro de en medio...

R.- Maduro ya tenía que haberse ido, aunque solo sea por una razón, porque perdió las elecciones. Un señor que pierde las elecciones y las manipula ya tenía que haberse ido y espero que se vaya.

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