Los espías que no aparecen en 'Anatomía de un instante'
La serie de Movistar no entra en el papel de los agentes del Cesid, que movieron los hilos del golpe del 23-F

Una de las fotos más icónicas del intento de golpe de Estado del 23-F y ganadora del premio Nacional de Periodismo y el World Press Photo. | Manuel P. Barripedro (EFE)
La serie de Movistar sobre el 23-F, Anatomía de un instante, aparece un par de meses antes de que se cumplan 45 años de un acontecimiento que pudo llevar a España al caos y haber puesto fin a la democracia. Es la primera reflexión en ese formato hecha para televisión y vendrán otras en medios distintos. Me ha gustado la serie, grandes actores, buenos perfiles de los personajes y una trama interesante, en especial para los que menos conozcan la realidad de aquel golpe de Estado. Desde mi perspectiva de periodista y profesor universitario especializado en servicios de inteligencia, echo de menos la inclusión de lo que ocurrió en las alcantarillas del poder, la presencia en las sombras de los espías que movieron los hilos del golpe. Me gustaría destacar algunos puntos relevantes de esos agentes que no aparecen con la intención de rellenar el mosaico:
- En el juicio celebrado en 1982, no se tuvieron en cuenta, a pesar de su relevancia, las versiones sostenidas por personas que tuvieron conocimiento directo de los hechos. No apareció el informe de investigación interna del servicio secreto, entonces Cesid, con la integridad de las declaraciones incriminatorias contra algunos acusados y contra otros que no estaban en la sala. Fue el llamado «Informe Jáudenes». Como secretario general y hombre fuerte del espionaje, Javier Calderón intentó establecer una versión oficial de los hechos que todo el servicio debía seguir: no debían secundar lo que él consideraba versiones tendenciosas que pretendían la desintegración del Ejército.
Las palabras de Juan Alberto Perote, jefe de la unidad operativa, un testigo directo de primera mano, son demoledoras: «Sustituí a Cortina en el mando de la AOME —Agrupación Operativa de Misiones Especiales— y tuve acceso a las pruebas concluyentes que demuestran que agentes a sus órdenes participaron en el asalto al Congreso. Conocí también los intentos que desde la dirección del Cesid se hicieron para ocultarlo y dispuse de la documentación que se ocultó a las defensas en el juicio de Campamento. Documentación que sin lugar a dudas serviría para invalidar el juicio».
Reuniones secretas en Zarzuela
- Durante los años 1980 y 1981, Cortina acudió al palacio de la Zarzuela sin dejar huella, no convenía que se supiera que el jefe de la unidad operativa del Cesid se veía con el jefe del Estado. Estas reuniones las acreditó personal cualificado de la Casa Real como Sabino Fernández Campo, a la escritora Pilar Urbano —«Y por la puerta trasera, visitaban al Rey sin control ni registro Manolo Prado… el comandante Cortina del Cesid»— y las negó Cortina. Este visitó al Rey con datos preocupantes recogidos en los estados de opinión de los cuarteles. Le reiteraba lo que ya conocía sobre los problemas que causaban el malestar —terrorismo, comunistas, socialistas, delincuencia, manifestaciones— y le empezó a aportar detalles calientes sobre movimientos involucionistas. Juan Carlos le preguntaba, como a muchos otros, qué soluciones veía. Cortina apareció un día en su despacho y le recordó la Operación Golpe de Timón, la que finalmente intentó aplicar Alfonso Armada.
- El factor exterior era de vital importancia cuando los conspiradores pusieron en marcha la operación en 1980. El golpe no iba a ser «un asunto interno español», como declararía hipócritamente más tarde el secretario de Estado del presidente Reagan, Alexander Haig. Cortina se ocupó personalmente del flanco internacional. Mantenía unas estupendas relaciones con Ronald Edward Estes, jefe de estación de la CIA en Madrid. En determinado momento entró en juego el embajador de Estados Unidos, Terence Todman, al que desveló los planes de una manera discreta. Cortina también fue responsable de los contactos con la Santa Sede.
La «operación tenedor»
- El Rey nunca se dio por enterado de los planes de Armada y Cortina. Desde el momento que recibió información de la Operación Golpe de timón dejó claro que no aceptaría nada que estuviera fuera de la Constitución, no podía haber derramamiento de sangre y debía contar con el consenso de las principales fuerzas políticas.
- Las investigaciones de varios acreditados periodistas llegan a concluir que, desde el Cesid, se creó para Armada un staff político y de enlace que, además de tenerle informado, le proporcionaba contactos explicativos con parlamentarios; diseñando marketing sobre la operación y sobre el personaje Armada ante empresarios y banqueros, haciéndoles ver las futuras ventajas; e intoxicando a periodistas de muchos periódicos.
- Otra de las acciones importantes en las alcantarillas fue la obtención de información sobre las posturas de personalidades influyentes. Los grupos operativos habían puesto en marcha durante la Transición la Operación Tenedor, que les vino de perlas en ese momento. Su objetivo era escuchar las conversaciones de los poderosos cuando estuvieran convencidos de estar a salvo de oídos indiscretos. Conversaciones que mantenían en restaurantes elitistas, en un ambiente relajado.
