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España

El PP inicia una ofensiva en el Congreso para aclarar los vuelos opacos del Falcon a Suiza

El Gobierno se ha escudado hasta ahora en «criterios técnicos» y en la Ley de Secretos para evitar dar información

El PP inicia una ofensiva en el Congreso para aclarar los vuelos opacos del Falcon a Suiza

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Los vuelos en Falcon con destino Suiza han reabierto el debate sobre el uso de aeronaves del Ala 45 por parte del presidente del Gobierno y el grado de transparencia exigible sobre estos desplazamientos. Tras conocerse la existencia de estos vuelos, adelantada por THE OBJECTIVE, el Partido Popular ha activado una ofensiva a través de preguntas con respuesta escritas para que Moncloa aclare al menos el núcleo esencial: motivo del viaje, agenda asociada y coste asumido con recursos públicos.

El empleo de medios oficiales para el traslado de autoridades se produce en un contexto en el que confluyen, por un lado, razones legítimas de seguridad y operatividad y, por otro, obligaciones básicas de rendición de cuentas. La cuestión, sostienen fuentes parlamentarias, no es divulgar información sensible ni comprometer dispositivos de protección, sino garantizar que exista una explicación verificable cuando se utilizan recursos públicos en desplazamientos del jefe del Ejecutivo fuera del circuito ordinario de publicidad.

El Gobierno ha consolidado un patrón de respuesta que limita la trazabilidad pública de estos traslados. En contestaciones parlamentarias previas, el Ejecutivo ha sostenido que el traslado de autoridades en aeronaves militares se realiza conforme a «criterios técnicos» fijados por el Ministerio de Defensa y por el Ejército del Aire y del Espacio. Sin embargo, esas respuestas no detallan cuáles son esos criterios, ni aportan información que permita evaluar cómo se decide el medio empleado en cada caso, qué alternativas se contemplan o qué impacto presupuestario tiene la decisión.

Falcon sin agenda

Esa opacidad por parte del Gobierno se ha convertido en un cortafuego habitual. El Ejecutivo responde a la pregunta formal, pero evita proporcionar contenidos comprobables sobre el criterio en sí. En términos prácticos, reduce el debate a una respuesta: «Hay criterios técnicos». Y lo hace sin abrir la puerta a la fiscalización. El problema se agrava cuando se pregunta por lo más relevante: para qué se viaja, con qué agenda institucional y con qué coste.

El cerrojo informativo se endurece cuando las preguntas reclaman información concreta —fechas, destinos, duración, motivo o composición de la comitiva—. En respuestas registradas en sede parlamentaria, el Gobierno ha invocado la Ley de Secretos Oficiales y el acuerdo del Consejo de Ministros de 28 de noviembre de 1986 para considerar «materia clasificada» los movimientos de aeronaves militares y los planes de protección, cerrando la puerta al desglose.

Los grupos parlamentarios preguntan con precisión y el Ejecutivo se reserva los datos esenciales alegando que es materia clasificada. En la práctica, el control queda reducido a una remisión a la seguridad o a una invocación normativa, sin entrar en el núcleo del asunto. Ese antecedente es el que ahora vuelve a ponerse a prueba con el caso de Suiza: la oposición reclama que la protección legítima por razones de seguridad no opere como una cláusula de cierre para evitar cualquier explicación sobre desplazamientos sufragados con recursos públicos.

Estados Unidos, Dominicana y Suiza

Desde marzo de 2021, el registro de movimientos de las aeronaves del Ala 45 que ha podido reconstruir THE OBJECTIVE supera los 6.600 trayectos, una cifra que da dimensión al debate: no se trata de un episodio aislado, sino de un volumen muy elevado de desplazamientos en aeronaves de Estado cuyo grado de publicidad y trazabilidad varía. En ese marco, los vuelos ahora vinculados a Suiza se incorporan a a un análisis continuo que ya ha puesto el foco en otros destinos del Falcon.

Buena parte de esa reconstrucción se apoya en el seguimiento de plataformas de rastreo aéreo y en el trabajo de verificación que permite “traducir” señales operativas a una cronología inteligible. En ese terreno cobra relevancia Falcon Despega, un proyecto que muestra el rastro de estas aeronaves, ordenando la información por fechas y destinos. Esto permite evaluar la magnitud real de los movimientos y su encaje en la agenda pública cuando existe.

El análisis agregado muestra, además, una pauta clara fuera del perímetro comunitario. Entre los destinos del Falcon fuera de la Unión Europea que más se repiten en el periodo analizado destacan Estados Unidos, República Dominicana y Suiza, un triángulo que concentra buena parte del interés político y mediático por motivos distintos: desde la lógica institucional de los viajes a EEUU hasta las controversias en torno a República Dominicana y, ahora, el capítulo suizo.

Vuelos abiertos a interpretación

Ese antecedente es importante porque explica por qué el debate se ha intensificado. Cuando la oposición parlamentaria ha pedido el detalle verificable —fechas, destinos, duración, justificación y comitiva— Moncloa ha tendido a refugiarse en fórmulas genéricas y, en último término, en el cierre por Secretos Oficiales para evitar el desglose de los movimientos de aeronaves militares y de los planes de protección, lo que deja a las Cámaras con información mínima y difícilmente contrastable.

La consecuencia es política y reputacional: con un volumen de vuelos tan alto y con destinos recurrentes fuera de la UE, la falta de información básica abre espacio para interpretaciones. La falta de respuestas, tanto en el Parlamento como en el Portal de Transparencia, deja patente un silencio que ya funciona como estrategia.

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