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Zapatero y su presunto testaferro extreman la precaución: contacto cero desde la detención

El expresidente y Julio Martínez Martínez se reunían con regularidad antes de la detención, siguiendo un patrón casi ritual

Zapatero y su presunto testaferro extreman la precaución: contacto cero desde la detención

José Luis Rodríguez Zapatero. | Ilustración de Alejandra Svriz

José Luis Rodríguez Zapatero ha levantado un muro de silencio. Desde que la Policía Nacional detuvo a Julio Martínez Martínez —empresario alicantino, conocido en su entorno como Julito y a quien la Policía sitúa como el presunto testaferro del expresidente socialista— no ha vuelto a producirse ningún encuentro entre ambos. Contacto cero, según ha podido saber en exclusiva THE OBJECTIVE. Ni llamadas, ni mensajes, ni citas discretas. Una ruptura súbita que contrasta con la relación fluida y constante que, según fuentes de la investigación, mantenían hasta apenas unos días antes del arresto.

La consigna, aseguran esas mismas fuentes, es clara: desaparecer del radar. Zapatero habría extremado sus precauciones de seguridad y cortado cualquier vínculo visible con quien durante años fue una figura central de su entramado económico informal. Un movimiento defensivo que los investigadores interpretan como una reacción directa al avance de la causa judicial que investiga un presunto delito de blanqueo de capitales ligado a los 53 millones de euros de fondos públicos recibidos por el rescate la aerolínea Plus Ultra.

Reuniones semanales en El Pardo

El contraste con el pasado inmediato es llamativo. Según ha podido saber THE OBJECTIVE por fuentes de la trama investigada, Zapatero y Martínez se reunían con regularidad antes de la detención, siguiendo un patrón casi ritual. «Una vez a la semana quedaban en el monte de El Pardo», explican. No era una casualidad ni una elección inocente. El enclave —zonas sin cobertura, caminos de acceso restringido y controlados por Patrimonio Nacional— ofrecía el aislamiento perfecto. Un modus operandi que encaja con el perfil de seguridad extrema que rodeaba a Martínez Martínez, quien utilizaba un teléfono sin conexión a internet y con apenas cinco contactos, entre ellos el propio Zapatero.

Todo cambió tras la operación policial del 11 de diciembre de 2025. Desde entonces, el expresidente ha optado por borrarse de la ecuación, consciente de que cualquier movimiento podría ser interpretado como un intento de interferir en la investigación. La ruptura es aún más significativa si se tiene en cuenta que Zapatero se reunió con Martínez tan solo 72 horas antes de su detención, tal y como adelantó El Debate. Aquel encuentro, celebrado a primera hora de la mañana del 8 de diciembre, fue grabado en vídeo.

Las imágenes acreditan que Martínez salió de su domicilio en el barrio de Salamanca cargado con una bolsa y se desplazó hasta un punto acordado en el monte de El Pardo. Durante más de una hora, ambos caminaron aislados, sin cobertura telefónica. Tras la reunión, desayunaron en un restaurante previamente asegurado por los escoltas. Tres días después, la Policía llamaba a la puerta de Martínez. Para los investigadores, la secuencia es demasiado precisa para ser casual. Especialmente porque, tras ese último encuentro, el empresario borró correos y mensajes de uno de sus dispositivos, una acción que ahora se analiza como un posible intento de obstaculizar la investigación.

El presunto testaferro de ZP

La Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal sitúa a Julio Martínez Martínez como pieza clave en el entramado económico que rodea a Zapatero tras su salida de La Moncloa. La relación entre ambos se remonta a 2012, cuando el expresidente comenzó a intensificar sus viajes a Venezuela aprovechando su relación privilegiada con el régimen chavista, tal y como adelantó en exclusiva este periódico. Martínez, que hasta entonces no tenía experiencia en el país, empezó a cerrar negocios con el respaldo directo del exjefe del Ejecutivo. Con el paso de los años, tejió una red de al menos 16 sociedades, muchas de ellas activadas a partir de 2020 y 2021, coincidiendo con el rescate de Plus Ultra.

La Policía investiga si esas empresas funcionaban como vehículos interpuestos para canalizar fondos y ocultar beneficiarios finales. Pero el epicentro del caso es el rescate de 53 millones de euros concedido en 2021 a Plus Ultra a través del Fasee, gestionado por la SEPI. Una operación que causó estupor desde el primer momento: la aerolínea apenas representaba el 0,03% del tráfico aéreo en España, contaba con una flota mínima y acumulaba pérdidas.

Según publicó en exclusiva THE OBJECTIVE, Zapatero intercedió personalmente ante el entonces ministro de Transportes, José Luis Ábalos, para que Plus Ultra obtuviera la calificación de empresa estratégica. Sin ese aval, el rescate habría sido imposible. «Zapatero exigió que le diesen el rescate a Plus Ultra», afirma una fuente presente en las negociaciones. En la antesala del despacho ministerial, Koldo García, asesor de Ábalos, habría pronunciado una frase que hoy resuena con fuerza: «Estos se van a forrar».

Transferencias y comisiones

La UDEF ha detectado transferencias de Plus Ultra a Julio Martínez que, a juicio de los agentes, no responden a servicios reales. Sospechan que podrían encubrir comisiones por la mediación de Zapatero. Aunque no se ha acreditado un retorno directo de ese dinero al expresidente, sí existen pagos del empresario a las hijas de Zapatero, Alba y Laura, a través de su sociedad Análisis Relevante S.L.

Otro de los elementos que ha encendido las alarmas es el incremento patrimonial de Martínez Martínez. Bienes de alto valor, como un lujoso barco amarrado en Alicante, no encajan con su actividad conocida. Muchos activos figuran a nombre de sociedades interpuestas, pero el control último apunta al empresario. Este enriquecimiento acelerado es un indicio más de ingresos opacos vinculados a su papel como presunto testaferro.

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