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¿Se ve la baliza V16 a un kilómetro de distancia? La DGT dice que sí, pero oculta la letra pequeña

Tráfico difunde el «kilómetro» como argumento, aunque admite que la visibilidad es menor con lluvia y en curvas

¿Se ve la baliza V16 a un kilómetro de distancia? La DGT dice que sí, pero oculta la letra pequeña

Baliza.

La Dirección General de Tráfico (DGT) ha destacado una cuestión técnica sobre la baliza V16 conectada: «Es visible a 1.000 metros». El dato aparece en su comunicación institucional como argumento de seguridad y mejora frente a los triángulos de emergencia. Los responsables de Tráfico tratan de destacar que con la baliza se gana tiempo de reacción y se reduce el riesgo en una avería o accidente. En un reciente reportaje incluido en la Revista DGT, el organismo dependiente del Ministerio del Interior afirma que la luz 360º de la V16 «se aprecia desde un kilómetro de distancia». Mientras, asegura que la visibilidad de los triángulos se reduce a cien metros.

Sin embargo, en la web oficial, la DGT, en el apartado dedicado a los Dispositivos de preseñalización V16, Tráfico introduce la letra pequeña, en la que matiza la afirmación. «La baliza permite ser vista hasta una distancia de mil metros en condiciones óptimas» y advierte de inmediato de que «curvas», «cambios de rasantes» o «condiciones climatológicas adversas, como pueden ser la nieve, la niebla o la lluvia» harán que esa distancia «sea menor».

Ese aviso altera por completo el significado del dato. El «1.000 metros» deja de ser un compromiso estable y pasa a describir un límite superior condicionado. En términos de seguridad vial, no es una puntualización menor. La baliza se utiliza precisamente en el peor escenario: incidentes de noche, con lluvia o niebla, con visibilidad degradada y, en muchas ocasiones, en tramos en los que el trazado recorta la línea de visión. La DGT lo reconoce al enumerar factores de reducción. Pero el mensaje que ha calado es el de la distancia máxima, sin contexto.

La visibilidad no es una magnitud absoluta. Depende de la intensidad luminosa, del ángulo del haz, de la frecuencia de destello y del ruido lumínico del entorno. Depende también de la meteorología —la niebla y la lluvia actúan como barrera—, del relieve y de la geometría de la vía. Y depende incluso de la definición operativa de «ver»: no es lo mismo detectar un destello a lo lejos que identificar con rapidez dónde está el vehículo inmovilizado y con cuánto margen puede reaccionar el conductor que se aproxima. La propia coletilla de la DGT —curvas, rasantes, lluvia, nieve o niebla— es el reconocimiento institucional de esa complejidad.

Aun así, la cifra redonda compite mejor que una explicación técnica. La distancia de un kilómetro se memoriza y se replica. Por eso ha saltado del canal institucional al mercado como reclamo central y se ha convertido en un argumento de compra. La DGT, de hecho, insiste en que las V16 deben estar certificadas y remite a su listado oficial para evitar confusiones, pero su comunicación pública ha instalado primero la idea del kilómetro y solo después, de forma secundaria, el contexto que lo limita.

La discusión tiene además un componente de política pública. Si la Administración impulsa el cambio de dispositivo por razones de seguridad —evitar que el conductor camine por la calzada para colocar triángulos—, la obligación de claridad no se limita a decir qué dispositivos están certificados. También exige explicar qué significa realmente «visible a 1.000 metros». La cifra puede ser cierta en condiciones óptimas. El problema es que, tal y como se transmite, tiende a leerse como garantía universal. Y la propia DGT afirma lo contrario: la distancia será menor cuando el escenario sea adverso.

En octubre de 2025, la propia DGT publicó contenidos divulgativos para responder dudas sobre la V16 conectada y reforzó el mensaje de seguridad asociado a la transición final. En paralelo, la cifra del kilómetro se consolidaba para justificar su uso.

La propia web de la DGT recuerda que la V16 conectada será el único dispositivo legal de preseñalización a partir del 1 de enero de 2026, y en ese entorno la cifra 1.000 metros deja de ser un detalle: se convierte en un argumento de compra masiva.

La baliza V16 se ha cuestionado por una mezcla de factores que confluyen en el mismo punto: el conductor no tiene una guía simple y verificable. Por un lado, el mercado se ha llenado de productos V16 con etiquetas y promesas que no siempre distinguen entre homologación, conectividad real y requisitos de certificación. Por otro, el calendario de la DGT ha acelerado la demanda y ha disparado la publicidad. Y, en paralelo, la propia comunicación institucional ha instalado cifras redondas que funcionan como reclamo, pero que dependen de condiciones de la vía y la meteorología.

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