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De Amazon al 'Rey de la sandía': la misma baliza V16 se encarece un 40% según la plataforma

Con el mismo certificado como referencia, la diferencia de precio responde al canal de venta, no al rendimiento del dispositivo

De Amazon al ‘Rey de la sandía’: la misma baliza V16 se encarece un 40% según la plataforma

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La baliza V16 conectada se ha convertido en un producto de compra masiva y, con ello, en un mercado donde el precio depende tanto —o más— del canal que del dispositivo. Un caso llamativo lo resume con cifras y con una referencia técnica comparable: el mismo modelo y certificado (V16IoT eBOX, IDIADA PC25040153) se ofrece por 27 euros en venta directa a través de la web vinculada a El Rey de la sandía y por 37,95 euros en Amazon. La brecha es de 10,95 euros por unidad, un encarecimiento cercano al 40%.

La diferencia no es anecdótica. En un producto que se compra con prisa —por obligación normativa percibida o por presión del calendario—, 11 euros de margen alteran la decisión del consumidor y convierten al canal en el principal determinante del precio. Aquí, además, la comparación está asentada en una referencia objetiva: tanto la ficha de venta directa como el anuncio en marketplace remiten al certificado IDIADA PC25040153, que aparece asociado al modelo V16IoT eBOX en documentación pública.

El vendedor más barato llama la atención por el nombre y por el contexto. El Rey de la sandía se hizo conocido en 2022 por un modelo de precios bajos en Parla (Madrid) y por una narrativa de enfrentamiento con los márgenes de la gran distribución. Diversas crónicas periodísticas han identificado al comerciante asociado a esa marca como Carlos Moreno, vinculado a iniciativas low cost y a la enseña La Trastienda. En su tienda online, la baliza se presenta como «Luz de Emergencia Geolocalizada V16IoT Ebox» y se ofrece a 27,00 euros «impuestos incluidos».

En Amazon, el precio utilizado en esta comparación asciende a 37,95 euros. Ese salto revela un patrón habitual en mercados tensionados: el consumidor paga no solo por el producto, sino por la tranquilidad que le transmite un canal. La reputación del marketplace, la facilidad de devolución, la rapidez de entrega y la familiaridad del entorno de compra actúan como «prima de confianza». Y esa prima se paga incluso cuando la referencia técnica es la misma.

La clave, en este punto, es separar el debate en dos planos. Uno es el precio. Otro es la identificación del producto. La V16 conectada se vende en un entorno saturado de etiquetas como homologada, certificada, DGT 3.0, conectada o sin cuotas. A menudo se utilizan como sinónimos, aunque describen cosas distintas (certificación, conectividad, requisitos normativos). En ese terreno, el canal de venta se convierte en atajo: «Si está aquí, será fiable». Y ese atajo reduce el incentivo a comparar.

Por eso es relevante que en este caso exista un ancla verificable: el código del certificado. Cuando dos anuncios remiten al mismo respaldo oficial, la comparación deja de ser intuición y pasa a ser una evidencia. Con ese punto de apoyo, la brecha del 40% deja de ser una disputa comercial y se convierte en un dato informativo: en un mercado de balizas V16, el consumidor puede pagar casi un 40% más por el mismo certificado en función de dónde compre.

¿A qué responde el margen? El canal marketplace incorpora capas —comisiones, logística, publicidad interna, posicionamiento, costes de devolución— que pueden empujar el precio al alza, especialmente cuando la demanda es alta y el comprador busca lo rápido y lo seguro. La venta directa, en cambio, puede prescindir de parte de esa estructura y operar con márgenes menores. Es una dinámica típica del comercio electrónico. La particularidad aquí es el contexto: un producto presentado como seguridad y ligado a un calendario de obligatoriedad concentra la demanda y favorece que el precio dependa más de la confianza en el canal que de las especificaciones.

El fenómeno se agrava por otra característica del mercado V16: la multiplicación de marcas y denominaciones. Actas de certificación, como la otorgada a El Rey de la sandía muestran que el mismo modelo industrial (V16IoT) puede comercializarse bajo marcas diferentes, lo que dificulta al consumidor identificar equivalencias si no se fija en el marcado o en el código de certificación. En ese entorno, el certificado funciona como el único «idioma común para comparar».

En definitiva, no se trata de un choque entre productos parecidos. Se trata de la misma referencia técnica (PC25040153) vendida con precios distintos: 27 euros —de El Rey de la sandía— en venta directa frente a 37,95 en marketplace, casi 11 euros más por la misma certificación. La brecha sugiere que el coste lo fija el canal más que el dispositivo. Y deja una conclusión práctica para el lector: en la baliza V16 conectada, la comparación no empieza por el logo ni por el escaparate, sino por el código del certificado.

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