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España

El presidente de ADIF desaparece tras el mayor siniestro ferroviario en 12 años

Puente defiende el relato tras el siniestro y Renfe coloca a su responsable ante los medios

El presidente de ADIF desaparece tras el mayor siniestro ferroviario en 12 años

El presidente de ADIF, Luis Pedro Marco de la Peña, mantiene silencio absoluto sobre los incidentes ferroviarios.

El accidente ferroviario de Adamuz del pasado 18 de enero ha dejado una anomalía en la gestión pública de la crisis: la total ausencia del presidente de ADIF. En los días posteriores al siniestro, Luis Pedro Marco de la Peña no ha protagonizado ni una comparecencia ante los medios ni ha dado una explicación pública propia en primera persona, pese a que ADIF es el gestor de la infraestructura y una pieza central en cualquier investigación sobre el estado de la vía y los sistemas de seguridad asociados.

Hasta la fecha, esa ausencia no se ha compensado con un parte institucional en primera persona. En la cobertura pública disponible, Marco aparece citado sobre todo como compareciente «pendiente»: se anuncia su paso por el Congreso y distintos grupos reclaman explicaciones, pero no se recogen declaraciones suyas ante cámaras o micrófonos tras el siniestro. Esta situación importa porque, en una crisis de seguridad ferroviaria, la presidencia del gestor no es un cargo ornamental: representa al organismo responsable de la infraestructura, del mantenimiento y de la interlocución con el proceso investigador.

En la práctica, la ausencia de una voz propia de ADIF en el arranque deja dos efectos inmediatos. Primero, traslada el peso del relato al ministro —que inevitablemente introduce un marco político— y a fuentes operativas parciales. Segundo, debilita el circuito de rendición de cuentas: sin una explicación del máximo responsable, la discusión pública tiende a polarizarse entre hipótesis, reproches y consignas antes de que el análisis técnico cierre conclusiones. Esa es la razón por la que el «silencio» no es un matiz comunicativo: es parte del problema institucional. Junto a esto, la ausencia anticipa que puede ser uno de los primeros ceses, si los hay, tras el trágico suceso de Adamuz.

ADIF vs Renfe

La comunicación institucional ha recaído, de forma visible, en el ministro de Transportes, Óscar Puente, que compareció acompañado de directivos de ADIF y Renfe para fijar el marco inicial del accidente y pedir prudencia. Puente defendió que el siniestro no puede explicarse por falta de controles, mantenimiento u obsolescencia y reclamó no adelantar conclusiones mientras avanzan las investigaciones oficiales.

En esa comparecencia, el ministro admitió que los daños observados en las ruedas del tren —los «mordiscos» mencionados públicamente— son compatibles con la posibilidad de un defecto en la vía, sin anticipar una conclusión definitiva. El relato es relevante porque sitúa el foco en la infraestructura —ámbito de responsabilidad del gestor— en un momento en el que su máximo responsable no aparece en el primer plano público.

El contraste con Renfe es evidente. La operadora sí ha situado a su presidente en primera línea: ha intervenido en medios y se le ha atribuido el mensaje de que el fallo humano está prácticamente descartado como origen del accidente, a la espera de las conclusiones oficiales. La decisión de Renfe de exponer a su máximo responsable subraya, por comparación, el vacío comunicativo de ADIF.

Implicación institucional

La ausencia pública del presidente de ADIF no solo afecta a la imagen: tiene implicaciones institucionales. ADIF es el titular y gestor de la red ferroviaria y, por tanto, el responsable del mantenimiento de la vía, de la explotación de la infraestructura y de la información operativa que alimenta la reconstrucción de un siniestro.

Cuando el presidente del gestor no comparece, el hueco lo cubre la política —en este caso, el ministro— y el relato se desplaza de lo técnico-institucional a lo político, con el riesgo añadido de que la comunicación se perciba como defensa preventiva en una crisis con víctimas.

Ese patrón contrasta con el precedente de Angrois (2013). En las primeras horas tras el descarrilamiento del Alvia en Santiago, el entonces presidente de ADIF, Gonzalo Ferre, hizo declaraciones públicas a medios: a las 48 horas apuntó a la velocidad y sostuvo que el maquinista debía haber empezado a frenar antes; días después reconoció que el accidente podría haberse evitado si hubiera estado implantado el sistema Ertms. Posteriormente, compareció en el Congreso para dar explicaciones.

Comparecencia en el Congreso

En Adamuz, por ahora, la imagen pública se ordena de otra forma: Puente monopoliza el mensaje político y niega que la causa pueda atribuirse a falta de controles o mantenimiento; Renfe expone a su presidente; y ADIF mantiene a su máximo responsable fuera del foco, sin rueda de prensa, sin preguntas y sin explicación directa.

El Gobierno, en cualquier caso, ha situado ya la próxima estación en el Parlamento. Puente ha anunciado que Luis Pedro Marco de la Peña comparecerá en el Congreso «a la mayor brevedad» junto con el presidente de Renfe. Esa intervención —cuando se produzca— determinará si el silencio de los primeros días era una estrategia de crisis, una cautela jurídica o una simple ausencia de agenda comunicativa del gestor de infraestructuras ante el accidente más grave desde 2013.

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