The Objective
El purgatorio

David Alandete: «Trump pidió echar a España de la OTAN en un par de ocasiones»

El periodista, corresponsal del diario ‘ABC’ en EEUU, publica nuevo libro: ‘Objetivo venganza’

«Hay preguntas que incomodan y hay periodistas que son la pregunta misma». Hoy se sienta en El purgatorio uno de los cronistas más punzantes de la escena internacional: David Alandete. Ex director adjunto de El País y actual corresponsal en EEUU para el diario ABC, ha vivido en primera línea el ascenso, la caída y la brutal reinvención de Donald Trump. Desde los entresijos del caso Epstein hasta la espectacular operación de la Delta Force que sacó a Maduro de Caracas, Alandete disecciona un mundo en llamas en su nuevo libro Objetivo venganza y en el que, según él, Zapatero ha pasado de mediador a figurante necesario de una narcodictadura.

PREGUNTA.- ¿Qué tal el jet lag?

RESPUESTA.- Bueno, la verdad es que uno no se acostumbra nunca al jet lag y a mí me da igual para dónde vaya, así que siempre lo noto cuando vengo a España.

P.- En el prólogo del libro hay unas líneas que hablan acerca de lo que incomoda realmente a un gobierno. Voy a leerlas textualmente: «Y fue entonces cuando comprendí algo que ya intuí tras años cubriendo conflictos, regímenes autoritarios y crisis internacionales. Lo que de verdad teme cualquier poder no es una opinión ni un editorial: teme la pregunta que no controla». Si tú mañana recibes una llamada de Donald Trump y te dice de ir a tomar una Coca-Cola cerca de la Casa Blanca, ¿qué le preguntarías?

R.- Si me pudiera sentar con Donald Trump a solas, que es un reto y que no consiguen muchos periodistas extranjeros, lo primero que le preguntaría es cuándo va a haber elecciones en Venezuela. Esa sería mi primera pregunta.

P.- Abriremos con el tema de Venezuela. Primero voy a presentarte, que todavía no lo he hecho (quería romper el hielo con esta pregunta). David Alandete ha sido director adjunto de El País durante muchos años. Ha costado llegar a la Casa Blanca, al final lo has conseguido… ¿Cómo es la vida allí? ¿Cómo es la vida en Washington?

R.- Mira, la vida en Washington para la gente adicta al trabajo y al periodismo como yo es una bendición, porque no hay nada más que hacer que hablar de política e ir a la Casa Blanca o al Capitolio y seguir a políticos, diplomáticos, visitas oficiales… Por lo tanto, no se la recomendaría a alguien a quien no le guste el periodismo o la política porque es una ciudad muy pequeña sin mucho que hacer, pero a gente como a ti y como a mí, yo creo que esa ciudad es de verdad la capital del mundo.

P.- Y hace un frío, supongo, que tiene que ser…

R.- El problema de Washington es que George Washington decidió fundar esa ciudad en un pantano que era de su propiedad. Hace un frío horroroso y húmedo en invierno y un calor monstruoso e igualmente húmedo en verano.

P.- Y los corrillos de periodistas todo el día comiéndote la oreja de un lado a otro, supongo que tiene que ser también letal.

R.- Bueno, ¿sabes qué? Que hay una competitividad inherente en el periodismo que se aplica entre los americanos allí (la CNN, la Fox, los ves…), pero entre colegas extranjeros —yo tengo un buen grupo de corresponsales, de hecho soy miembro de la Asociación de Corresponsales Extranjeros de la Casa Blanca y estoy ahora en su junta directiva— somos periodistas de Angola, Kurdistán, Italia, Australia, Japón… y nos llevamos muy bien y estamos trabajando siempre juntos.

P.- Sí, también lo mencionabas en el libro, que Donald Trump, por ejemplo, contestaba al de Angola y le decía: «Oye, la visita del presidente, ¿cómo fue?» «Pues fue estupenda», que siempre

R.- A mí me sorprende una cosa de Donald Trump, que parece tonto y a mucha gente le parece tonto y que no sabe nada y que se lo inventa todo, pero vamos a ponernos en situación: el helicóptero de fondo al que se va a subir, el ruido de las aspas, el servicio secreto rodeándonos, 40 periodistas apelmazados en dos metros cuadrados y de repente uno le dice: «¡Kurdistán!», «Me voy a hablar con el de Siria de eso», «¡Angola!», «Tengo que hablar con el petróleo»… ¡Oye, sabe! Y a mí me sorprende. Él nos tiene localizados y él sabe que yo soy el de Venezuela. Aunque el Gobierno de España piense que yo solo pregunto de España e instigo críticas, yo siempre le he preguntado de Venezuela, y él sabe que cuando quiere hablar de Venezuela, me llama a mí. Y durante muchísimo tiempo, yo siempre me pregunté: «¿Por qué Trump?, porque él elige. ¿Por qué Trump quiere hablar tanto de Venezuela?». Y al final, el 3 de enero de 2026 lo supimos.

P.- Vamos a hablar del libro, titulado Objetivo venganza. ¿Es la venganza el único motor político de Trump en este nuevo mandato?

R.- Si no el único, sí el principal. Trump quiere vengarse. Él vuelve y tiene una lista de cuentas pendientes, y esas cuentas pendientes se las va cobrando. Primero sale de Washington, y yo le acompaño en ese último viaje que hace. Mis compañeros, mi compañero del ABC en Washington, están cubriendo la llegada de Biden y yo elijo estar con Trump porque me parece que a mí siempre me encanta la historia de una despedida o un buen entierro, y parece que a Trump le estén enterrando. Fui a la base de Andrews y él dijo algo que me llamó la atención, dijo: «Voy a volver, volveremos». Y yo pensé: «Bueno, este hombre o no está en contacto con la realidad o tiene un plan». Y efectivamente tenía un plan. Empezó a purgar el partido: todos los críticos dentro del partido, después el Capitolio para ir fue controlando su grupo parlamentario en el Senado y la Cámara. Cuando ganó las elecciones purgó totalmente el funcionariado —ha despedido a 700.000 funcionarios, que se dice pronto—. Después purgó el Pentágono, purgó casi todo el estamento militar en la cúpula, ha purgado las instituciones internacionales de Estados Unidos y ahora está con la OTAN, con la ONU… es una venganza constante. Incluso ha saldado viejas cuentas con medios: el Washington Post se le ha entregado prácticamente en la línea editorial. Ahora van a despedir a la mitad de la plantilla del Post porque Jeff Bezos quiere estar a buenas con Trump.

P.- ¿No es quizás un pelín exagerado purgar tanto y hacer esa criba?

R.- Desde luego, moverse por venganza y una purga tras otra a mí me parece, pues sí, ciertamente aberrante, pero le está dando rédito. Él prometió un segundo mandato en el que no tendría cortapisas y no las ha tenido. Mira la comparativa: en el primero, él apoya un pronunciamiento contra Nicolás Maduro, Juan Guaidó sale y saca a Leopoldo López del arresto domiciliario y aquello fracasa. Porque él dice que se le había prometido una cosa que no se cumplió y no estaban listos para hacerlo. Irán. Él da orden al ejército de atacar a Irán y los generales se resisten. En su segundo mandato, después de todas estas purgas, saca a Maduro del poder y da un bombazo a las instalaciones nucleares de Irán que, si no arruina, entorpece bastante el programa nuclear.

«Irán y Venezuela muestran la diferencia entre el primer y el segundo mandato: en el primero se resistieron, en el segundo, después de las purgas, nadie se resiste»

P.- A mí lo que me asombra, o al menos lo que hablábamos antes, la información que recibimos en España tanto en 2016 como en 2020… o sea, nunca se ha esperado, bajo los análisis, que Trump saliese como presidente del Gobierno. ¿Por qué crees que el público español sigue recibiendo una imagen tan distorsionada como, por ejemplo, la cuentas en el libro acerca de Donald Trump?

R.- Bueno, yo creo que los medios de comunicación hemos hecho un trabajo muy deficiente a la hora de informar de Donald Trump y lo que representa. Donald Trump no es simplemente un bufón que esté en la presidencia. La primera Administración de él fue retratada como una aberración, cuando se ha demostrado que en realidad la aberración era la presidencia de Biden. Aquello fue la excepción de una nueva realidad en Estados Unidos que domina Donald Trump. Y él se ha impuesto dos veces porque —creo— él es el síntoma de un hartazgo en Estados Unidos con las élites políticas y la atrofia del Gobierno y la corrupción. Y él ha venido a vender justo lo contrario, ¿no? Despedir funcionarios, hacer del Gobierno algo más eficiente… es irónico que un millonario de nacimiento sea quien se rebela contra las élites, pero así lo compran los estadounidenses. Hemos hecho mucha caricatura en el oficio en España, hemos contado las cosas como no son y eso nos ha sorprendido a muchos. Si la victoria de Donald Trump conmociona en muchos sitios es porque la prensa no ha contado bien cómo fue la presidencia de Biden y cómo fue la campaña electoral. Si la captura de Maduro conmociona a muchos es porque la prensa no ha contado bien lo que Donald Trump lleva tiempo advirtiendo.

David Alandete. | Víctor Ubiña

P.- Se dice y dices que con Biden era imposible hacer el periodismo libre, ¿por qué?

R.- Lo cuento en una parte del libro sobre lo que supuso tratar de contar el declive físico y cognitivo de un presidente de Estados Unidos. Toda la maquinaria política de la Casa Blanca y muchos compañeros se revolvieron en contra de eso. Tú publicabas una nota diciendo que a Biden le habían puesto, recuerdo lo publiqué, unas zapatillas en lugar de zapatos para ir con el traje porque no puede caminar y que además tenían que ir guiándolo porque se confunde, y la Casa Blanca te decía que era periodismo amarillista, otros compañeros te decían que estabas cayendo en el sensacionalismo e incluso la embajadora de Estados Unidos en España entonces, Julissa Reynoso, jefa de gabinete y amiga personal de Jill Biden, hacía llamadas a medios quejándose de ese ejercicio de periodismo. A mí no me importó. Pusimos en la portada de ABC un titular que era Un Biden enfermo alarma a Estados Unidos, que era lo que sucedía, mucho antes de aquel debate en el que se derrumbó. Y aquello me pasó factura, se me cerraron puertas, pero yo creo que, al menos humildemente, en mi propio lugar yo no contribuí a ese gran engaño que fue pintar a Biden como vamos, prácticamente Einstein, cuando estaba ya bastante decaído.

P.- Sí, hablando de esto, imagino que y volviendo al principio y a las cribas también, dentro de estos corrillos de periodistas o grupos de periodistas, ¿nunca te han tachado como republicano cerrado?

R.- ¿A quién, a mí?

P.- Sí.

R.- No, para nada, porque yo realmente lo que hago es transmitir hechos, lo que yo veo. Me han atacado por todo: me han llamado demócrata, republicano, de izquierda, de derecha, demasiado de izquierda para el ABC, demasiado de derecha para El País. Esto se me ha dicho siempre cuando yo, en realidad, mis opiniones políticas me las guardo. Yo nunca, nunca, nunca expreso opiniones sobre aquello de lo que escribo. Eso, desgraciadamente en España, al parecer te hace un fascista. Si tú hoy en España eres periodista y no eres periodista con adjetivo (feminista, ecologista, igualitario…), te conviertes automáticamente prácticamente en alguien de extrema derecha. Y no es así. El periodismo debe ser imparcial, equidistante. El periodismo debe despojarse de todas las valoraciones y todas las causas. Yo para escribir una crónica sobre Donald Trump en que seis de cada diez palabras sean «ultra», «facha», «extremista»… eso es una caricatura de alguien que está gobernando en Estados Unidos y yo simplemente tengo que contar lo que hace. ¿Por qué? Yo he prestado muchísima atención a Venezuela. Ha habido gente aquí en España que me ha dicho que yo estaba cumpliendo la agenda de la «gusanera venezolana», la extrema derecha… todos estos insultos. Cuando al final lo único que he hecho es informar de una prioridad para Trump que acabó el 3 de enero llevándose a Maduro preso. Eso, para mí, justifica mi trabajo. Y sinceramente, para ser periodista hoy en día libre, te tiene que importar cero que te tachen de izquierdista, derechista, fascista, radical o lo que sea.

«Donald Trump es el síntoma de un hartazgo en Estados Unidos con las élites políticas, la atrofia del Gobierno y la corrupción, y ha venido a vender justo lo contrario»

P.- O sea que no excluyen tanto en Estados Unidos como en España, quizás que hay una polarización enorme aquí.

R.- No, en Estados Unidos también hay una polarización creciente. Lo que pasa es que hay un manifiesto hartazgo. Los medios están en una gran crisis, sobre todo después de la victoria de Trump, porque los medios en Estados Unidos no supieron ver la popularidad de Trump que arrasó en estas elecciones. Es el segundo presidente en la historia que gana dos mandatos no consecutivos y tiene el control total del Capitolio. Yo creo que los medios también han hecho introspección en Estados Unidos y están en ello. Desgraciadamente yo creo que esa introspección y esa autocrítica en los medios en España no se está produciendo.

P.- Nos vamos a ir con un tema muy interesante, porque esto lo estamos grabando un 3 de febrero -la entrevista saldrá un 6 de febrero- pero este fin de semana pasado ha salido el documental de Melania Trump y hay un capítulo del libro dedicado a ella. Lo tratas como el gran enigma. Hablas de su figura en estos últimos años. ¿Es Melania una víctima de las circunstancias o la estratega silenciosa de la familia Trump?

R.- Es una gran pregunta, pero yo creo que no es ninguna de esas cosas. Yo creo que Melania Trump es una persona que vive su vida, que no está inmiscuida en política. Claramente es una persona mucho más de izquierda que su marido: es alguien que abandera causas, por ejemplo se manifestó a favor del aborto y del matrimonio gay… Es alguien que tiene su propia opinión, su propia agenda y que está cero interesada en la vida política de Washington. Yo de hecho la he visto en contadas ocasiones en Washington. Yo creo que cuando se la exige estar allí, pues para el árbol de Navidad, el conejo de Pascua y poco más, está. Es cierto que Melania Trump se ha inmiscuido en determinadas causas que yo creo que son interesantes: una de ellas es contra el bullying en los colegios, la campaña Be Best, que yo creo que la honra (pero todas las primeras damas tienen ese tipo: Laura Bush estaba a favor de enseñar literatura a los niños…).

P.- Sí, Michelle con las comidas de los colegios, etc.

R.- Exacto, etc. Pero Melania ha conseguido algo interesante y es que, a petición de la primera dama de Ucrania, contactó con Putin y liberó a niños ucranianos que estaban presos en reformatorios en Rusia. Ella se ha querido inmiscuir en algunas cosas y oye, muchos, cuando estrenó el documental este famoso, Melania, vaticinaron una debaсle, pero ha sido el documental más taquillero de la historia. El documental de Melania en su primera semana es el que más entradas ha vendido en la historia de los documentales en Estados Unidos. Llamativo, ¿no? No es que los documentales tengan la misma tirada que Avatar, pero es interesante.

P.- No, la pregunta venía porque da la sensación de que de repente sale hablando acerca del aborto y defendiéndolo, de que sí que es quizás un objeto del Gobierno de Trump como para hacer esa otra parte.

R.- Bueno, eso ha sido siempre así. Nancy Reagan en los años de Reagan era precisamente eso. Laura Bush con George Bush hijo apoyó, de hecho, el aborto mientras él era presidente y estaba mucho más a la izquierda de su marido. Pero la primera dama es un papel puramente protocolario en Estados Unidos. Llevan el museo que es la Casa Blanca (porque la Casa Blanca es un museo), suelen elegir la decoración, aunque en esta Administración es Trump quien la elige, él es el que redecora, el que pinta todo de oro, pero a ella no se la ve, simplemente se ha inmiscuido en esta cuestión de Rusia que yo creo que la honra. Creo que ella y su equipo se revuelven mucho contra quien quiera tratarlas de víctimas, porque no es víctima, ella elige estar ahí y está muy cómoda por lo que se ve.

«Trump prometió un segundo mandato en el que no tendría cortapisas y no las ha tenido»

P.- Ya. Sí. Vámonos con Venezuela, ya toca. El día 3 de enero Estados Unidos entró en Venezuela. Esto ya lo sabemos todos: capturó a Maduro y a su mujer y se los llevaron para Nueva York. ¿Cómo se vivió esto en las calles de Washington? ¿Cómo fue el momento?

R.- Fue una conmoción enorme. Para mí primero —personalmente— fue una gran satisfacción el ver que mi trabajo sobre Venezuela desde el 19 (porque yo llevo insistiendo sobre Venezuela y sobre los planes de Trump en Venezuela desde el 18-19) no había estado equivocado, es decir: Venezuela era una prioridad para Trump. Pero segundo, pocos momentos se han vivido en Estados Unidos en que la Fuerza Delta haya ido a una capital extranjera, extraído al jefe de Estado, se lo haya llevado a Guantánamo y de allí a Nueva York a ser juzgado sin una sola baja.

P.- Y tú sabías que eso iba a pasar, o los periodistas de allí ya teníais… bueno, no se sabe lógicamente a ciencia cierta. Es imposible, pero…

R.- Yo ya publiqué un par de meses antes que una de las opciones era la extracción de Maduro con la Fuerza Delta. Esto nos lo dijeron a los periodistas algunos asesores: era una de las opciones que se barajaban. Por eso a mí no me sorprendió tanto el hecho, pero sí que conmocionó a la ciudadanía estadounidense. O sea, es una demostración de fuerza y de poderío militar como pocas. Si Estados Unidos estaba o había una sensación en Estados Unidos desde la presidencia de Biden de que ya no era una superpotencia, de que el poderío militar ya no es lo que era, esto ha cambiado radicalmente con esta operación.

David Alandete. | Víctor Ubiña

P.- Hace poco tuviste a María Corina Machado entrevistándola y le preguntaste una cosa que es muy simple, pero es verdad: «¿Cómo es Trump en las distancias cortas?». A mí me gustaría preguntarte cómo es María Corina Machado en las distancias cortas.

R.- María Corina Machado es alguien muy empática, alguien que se nota que ha sufrido mucho, incluso físicamente. Está muy dolorida de su salida. Es alguien que ha pasado 14 años sin poder salir de su país y más de un año en la clandestinidad más absoluta. Pero es alguien de una fe inquebrantable en la libertad de su país. Es alguien que vive y respira para producir un cambio en su país. Y yo veo a alguien dispuesta a hacer cualquier sacrificio, cualquiera, con tal de que caiga esta dictadura.

P.- Sí, porque da la sensación quizás de que el efecto lapa a Trump ahora de cuando sacó a Maduro del país y los tuits y demás y tal es que ella, más que la libertad, da la sensación, digo, puede darla, lo que quiere es la presidencia.

R.- No, no creo que ese sea el caso. O sea, ella desde luego ha sido candidata y ganó las elecciones. A pesar de ser inhabilitada puso a Corina Yoris (también inhabilitada) y finalmente puso a Edmundo González Urrutia que ganó las elecciones y ella tiene la legitimidad de haber resistido y haber aguantado. Pero yo no creo que María Corina Machado quiera el poder a toda costa; al revés, yo creo que ella es muy consciente de que ella es muy importante a la hora de establecer cuáles son los hechos de la persecución de los opositores. María Corina Machado ha tenido razón en el diagnóstico todo este tiempo. A ella se la inhabilita y se la ataca por un hecho: decir abiertamente que solo con una gran demostración de fuerza por parte de Estados Unidos el régimen colapsaría, caería y se vería obligado a dar paso a la democracia. Solo la intervención de Donald Trump ha permitido una ley de amnistía impuesta y ha permitido una reforma de los hidrocarburos para que empresas externas puedan entrar. Por lo tanto yo creo que María Corina Machado tenía razón en su diagnóstico.

P.- ¿Y que Estados Unidos entre en Venezuela no es una forma también de opresión?

R.- ¿Cómo está Estados Unidos en Venezuela en este momento?

P.- Han tomado el control parcial o incluso total del asunto.

R.- El control remoto. Es decir, no hay un solo soldado de Estados Unidos sobre el terreno. Mi opinión es que existe una figura en el derecho internacional que citaba siempre Luis Almagro, el anterior secretario general de la Organización de los Estados Americanos, y él lo dijo varias veces: «La comunidad internacional tiene la obligación de proteger». Es decir, cuando hay una serie de abusos irrestrictos sobre la población civil (y en Venezuela se ha cometido tortura, ejecuciones sumarias, asesinatos, desapariciones, persecuciones, mordazas…), la comunidad internacional debe intervenir. Nadie ha intervenido. No es que no hayamos intervenido, es que ha habido ignominiosamente expolíticos españoles como José Luis Rodríguez Zapatero que han sido parte crucial en darle oxígeno a esa dictadura.

«Donald Trump no es simplemente un bufón que esté en la Presidencia; la aberración fue la presidencia de Biden»

P.- ¿Se escucha el nombre de Zapatero en Washington, en la Casa Blanca?

R.- Sí, desde luego se escucha mucho, sobre todo porque alguien como el «Pollo» Carvajal ha ofrecido información abundante de él y de otra gente. No me cabe duda y sí se oye su nombre. Lo que pasa es que la Casa Blanca y la Fiscalía en Estados Unidos en este momento tienen mucho trabajo con Maduro, su mujer, su hijo, los narcosobrinos, Alex Saab el testaferro, Diosdado Cabello, Vladimir Padrino, Tarek El Aissami… La cantidad de elementos dentro de la narcodictadura que ha controlado Venezuela desde la caída de Chávez es inacabable. Zapatero es un actor, yo no diría ni siquiera secundario, es un figurante en todo este drama.

P.- ¿Caerá algún día?

R.- No lo sé. Yo no sé lo que le va a pasar a él aquí en España. Yo creo que él está bastante nervioso, él sabrá lo que ha hecho. Pero yo creo que si hay una «Comisión de la Verdad» y se establecen los hechos dentro de Venezuela, Zapatero no va a salir bien parado.

P.- Volvamos a España. Hay una noticia que también le interesa mucho al espectador: es el tema de la OTAN. ¿Es verdad, pero de verdad que Estados Unidos se plantea o se planteó echar a España de la OTAN?

R.- Lo pidió Trump en un par de ocasiones.

P.- ¿Pero no fue un populismo? A eso me refiero. ¿Fue algo verdadero?

R.- Yo creo que él es consciente de que no se puede echar a España. Yo se lo dije, de hecho se lo dije yo, porque estaba en la sala del gabinete con Zelenski y le repregunté porque él había amenazado con echar a España y me dijo: «Usted ha dicho que quería echar a España de la OTAN, pero no existe un mecanismo para ello». Y él me dijo: «¿Existe o no existe?». Y le dije: «No existe». Entonces él se giró y le dijo a J.D. Vance (porque J.D. Vance es el más crítico, su vicepresidente, con Europa y con la OTAN) y dijo: «Pues entonces yo creo que los demás países deberían hacer algo, pero si no también estoy pensando en castigos comerciales».

P.- Sí. ¿Es España todavía un aliado estratégico para Estados Unidos o no cuentan con nosotros?

R.- España, más allá del Gobierno, es un aliado de primer orden. Tenemos parte del escudo Aegis aquí en Rota y en Morón.

«Es irónico que un millonario sea quien se rebele contra las élites, pero así lo entienden y lo compran millones de votantes en Estados Unidos»

P.- No, digo a nivel económico, porque sí que es verdad que en España estamos viendo cómo nos derivamos quizás al lado más chino. No sé cómo…

R.- Bueno, Trump, acuérdate, la primera… lo cuento en el libro, la primera noche que regresa al poder me dice aquello de que España es parte de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). España se ha convertido desde el regreso de Trump en uno de los principales clientes compradores de gas natural licuado de Estados Unidos. No creo que estemos en realidad abandonando la alianza económica y comercial con EEUU.

P.- Figuras muy interesantes, ya has comentado una, J.D. Vance, el segundo de Trump. A mí me interesa todavía más Marco Rubio. Marco Rubio, ya te he visto también hablando en redes sociales acerca de él. Es una figura muy interesante y el otro día habló de España. Dijo que le gustaría que en Venezuela hubiese una transición como la que hicimos aquí después de la dictadura de Franco. Claro, es complicado en un país donde realmente lo que están haciendo es tutelándolo (vamos a dejarlo en tutelar por ahora, no porque no tienen a ningún militar dentro de Venezuela). ¿Será una transición que se haga solo y únicamente por el petróleo?

R.- No, no, yo creo que Marco Rubio… yo le conozco desde 2008, cuando era diputado por Florida, después senador, después candidato, y siempre ha dicho lo mismo: que es una voluntad abierta de la caída de las dictaduras en Cuba y en Venezuela. Él siempre lo ha dicho: la democratización del continente americano y para eso hay tres rémoras. Cuba es la más vieja, Venezuela y Nicaragua. Marco Rubio jamás habla de petróleo. Habla Trump, porque Trump tiene que vender sus decisiones a sus bases, y sus bases le eligieron diciendo que ya está bien de conflictos en el extranjero. Por eso está armado esto de esta manera: «el petróleo es para nosotros». Pero él sabe perfectamente que Estados Unidos es autosuficiente en materia energética. No necesita petróleo, tiene gas natural, tiene fracking, tiene todo. Marco Rubio quiere la caída de Cuba porque él es español y es cubano. Marco Rubio tiene bisabuelos españoles, padres cubanos y a nadie se le escapa. Si de esta Administración salen Donald Trump y Marco Rubio habiendo conseguido no solo la caída de la dictadura venezolana, sino de la dictadura castrista, sé que esto que voy a decir es impopular, pero sí, merecerían el Nobel de la Paz los dos.

P.- Hablemos del Nobel de la Paz. ¿Es imposible que Trump lo gane algún día?

R.- Hombre, yo creo que es imposible, sobre todo después de los hechos ahora con la policía migratoria y el ICE y la brutalidad de la respuesta, la muerte de ciudadanos estadounidenses y muchas otras decisiones de Trump —que ha bombardeado Nigeria y demás—. Pero oye, escuchemos lo que dice Trump: Trump ha conseguido el acuerdo de paz en Gaza, ha conseguido poner fin a una masacre absoluta y absurda, está consiguiendo o cree que puede conseguir lo mismo con Ucrania y están cerca. Ha firmado acuerdos de paz entre otros sitios y si consigue la caída de Venezuela y de Cuba… Yo te puedo decir que si no es Trump y esto lo consigue alguien llamado Barack Obama o Bill Clinton, les hubieran dado dos o tres Nobeles seguramente. Pero Trump es provocador, es polémico, es iconoclasta y es impopular en esos círculos. Es un poco triste que lo quiera tanto y se le vaya a resistir. Pero yo no creo que le den el Nobel. Pero también te tengo que decir una cosa: a Obama le dieron el Nobel por nada, por hacer nada. Obama mató a civiles en Yemen con ataques después de haber recibido el Nobel de la Paz. Aung San Suu Kyi en Birmania le dieron el Nobel y después, al tomar el poder, hizo una campaña de terror absurda. El Nobel de la Paz lo tienen Arafat y Begin, que tienen sangre en sus manos. No sé, no entiendo muy bien esta obsesión de él con el Nobel, pero bueno, ya tiene el premio de la FIFA de la Paz que le dio Infantino y creo que con eso le debería bastar.

P.- Bueno, ya como dato también remarcar que el ICE no es una cosa que haya impuesto Trump, que hay que dejarlo claro porque mucha gente no lo sabe, Obama ya…

R.- Pero sí que lo ha desplegado. El ICE se creó en 2004, pero sí lo ha desplegado en ciudades donde no debería estar. Y tú poner al ICE, a la patrulla fronteriza y al ejército a hacer labores de orden público es una estrategia muy arriesgada y yo creo que absurda y él de hecho ya está dando media vuelta.

P.- ¿Puede llegar a afectar el ICE a los ciudadanos españoles y al consulado?

R.- No creo, no creo. No. Sí que es cierto que ellos publican«lo peor de lo peor», que son deportados que son detenidos…

P.- Los vídeos de TikTok esos que…

R.- No, pero tiene una lista en internet y pone «lo peor de lo peor» y son perfiles con fotos. Oye, hay varios españoles. Hay como una decena de españoles. La mayoría son venezolano-cubano-españoles, pero España está en esa lista.

David Alandete. | Víctor Ubiña

P.- No, porque el otro día entró en uno, en el consulado de Ecuador y entró el ICE a la fuerza, por eso lo preguntaba.

R.- No creo, porque además o conozco bien la Embajada española y está en cumplimiento de todas las reglas y de todo lo demás. No somos sospechosos de nada con eso.

P.- Y sobre lo que también estabas comentando antes de Marco Rubio y Trump y lo del Nobel, intentando conseguir esta paz perpetua en todos los lados del mundo, nos da la sensación, o al menos lo que yo recibo y hablo con gente que voy conociendo, de que nos acercamos a un conflicto bélico grande. ¿Hay una posibilidad o se ve que pueda haber una Tercera Guerra Mundial ahí en Washington?

R.- No, o sea, yo he oído muchas cosas, ¿no? Primero que Estados Unidos está al borde de la guerra civil, cosa que me parece absurda.

P.- Conflicto, sí.

R.- Me parece absurdo. No, Estados Unidos no está al borde de la guerra civil. Se le ha dado mucha más importancia aquí a problemas como el del ICE y lo que ha sucedido en Minnesota que en Estados Unidos. En lo que se refiere a un conflicto internacional, después de la operación de Venezuela no creo que en Rusia o en China… hay que pensar que cuando Trump llega a Caracas, en teoría Maduro tiene defensas de sistema de misiles rusas y chinas. Y no funcionó ni una. Pero que no funcionaron.

P.- O que no las quisieron hacer funcionar.

R.- No, no, que no funcionaron. O sea, a ti te vienen de esto… ¿tú crees que te vienen a detener al jefe de Estado que está en un búnker en Fuerte Tiuna y no disparas ni un solo misil?

P.- En el momento en el que se dispara ese misil, David, el mundo se va.

R.- Yo no lo entiendo, pero no se protegieron. Yo creo que, y Trump dijo: «no les funcionaron muy bien esas defensas, igual lo tienen que volver a mirar», que es un comentario interesante.

P.- Hay un nombre en el libro: Laura Loomer. Poco español sabrá acerca de ella y me interesa mucho porque en España tenemos figuras parecidas como puede ser la de Vito Quiles. No es el mismo modelo, pero ¿cómo de factible sería que una figura como Loomer pudiese calar en el antiguo continente?

R.- Yo creo que hay diferencias. Vito Quiles es periodista, tenga el título o no, él ejerce de periodista, él va y hace preguntas incómodas. Y que conste que a mí me parece excelente que haya gente que haga eso. Yo creo que debe haber gente que haga preguntas incómodas y aunque se use esa estrategia, yo creo que eso se debe mantener. Y creo que es tóxico que se trate de desprestigiar a cualquier tipo de periodista haga la labor que haga. ¿Qué pasa? Que si esto lo hiciera Caiga quien caiga hace unos años y es humor de izquierda y vas en contra del PP, sienta de maravilla. Pero que lo haga Vito Quiles y otra gente como él es ya una perversión del periodismo. Me parece que eso es un gran error. Laura Loomer es alguien que es una polemista, sigue a Trump, se erige en su perro de presa y consigue purgas sin ser nada en el Gobierno. Pero te puedo decir que gente dentro de la Administración Trump tiene tanto temor a Laura Loomer como le tienen los periodistas. Por lo tanto, yo creo que esa figura es muy difícil que se replique aquí y creo además que Trump se ha dado cuenta de que es alguien tóxico y está marcando ciertas distancias. De hecho, Trump le dijo a su equipo que le dieran un trabajo y ella se negó. Yo creo que Laura Loomer es más una Leire Díez, la fontanera del PSOE (ese tipo de figura), que no un periodista incómodo.

P.- ¿Qué pasó con Charlie Kirk, más allá de lo que sabemos todos?

R.- Mira, yo a Charlie Kirk le conozco, le conocí en 2018 en un evento que hizo él para traer votantes negros a conocer a Trump en la Casa Blanca. Y nos atendió a los medios y yo ya vi que era un chaval joven que estaba implicado en algo que me parecía muy importante: que era conectar a Trump con el votante joven. Porque en su primer mandato Trump era como viejuno, era alguien como: «Ah, viene este, es una excepción, lo ha puesto ahí Rusia». Pero cambió radicalmente y en esos cuatro años que cuento en el libro que se reinventó, cambió el chip, se acercó a un votante joven a través de pódcasts, vídeos en TikTok moviendo así las manos bailando, yendo al podcast de Joe Rogan y aquello cambió. Y Charlie Kirk fue crucial en eso. Desafortunadamente le matan de un tiro en la cabeza y aquí en España vemos inmediatamente gente que no sabe nada de Charlie Kirk ni quién es en determinados medios decir que se lo merecía, que era un ultra, que era un radical… en una demostración de indignidad y falta de principios éticos realmente nauseabunda.

P.- Y por preguntas de las que haces en España, te han tachado de antipatriota y de traidor, hasta un ministro de este Gobierno.

R.- Pues fíjate, no lo he contado todavía, pero al ministro le puse una demanda por ello, porque yo, como periodista, solo tengo mi firma y mi hemeroteca. Esto salió en varios medios instigado por la ministra de Defensa, el ministro de Transportes (que no me preguntes a mí qué hace el ministro de Transportes opinando de la labor de un periodista, pero lo hizo, imprudente) y un medio que ellos controlan, El Plural ya ha sido condenado por llamarme periodista que instiga a las críticas de Donald Trump. Tienen que publicar una rectificación y han sido condenados a pagar las costas.

P.- O sea que ha ido para adelante con el…

R.- Sí, sí, y mi abogada consiguió que admitiera a trámite en el Supremo la demanda que le puse a Óscar Puente por intromisión en el derecho al honor, precisamente por unos hechos que cuento en el libro y que me parecen un ataque brutal. Pero lo peor de eso no es la crítica del Gobierno. Lo peor es la crítica de compañeros de profesión que se atreven a decir que yo instigo críticas simplemente por hacer preguntas. ¡Eso es lo peor! El tener un sistema en que la prensa hace tu trabajo sucio estando en el poder es realmente demostración de una degradación periodística de la que hemos sido víctima muchos; THE OBJECTIVE ha sufrido ataques, gente como Ketty Garat, Álvaro el director, y muchísima otra gente se ha visto expuesta a unos ataques que gracias a su resistencia no han pasado a más. Pero un ejercicio de justicia poética que todo haya sido confirmado, reconfirmado para mayor gloria de este medio.

P.- Fue una de las razones por las que te fuiste a Estados Unidos, la llamada que recibiste de Pedro Sánchez en el 2017…

R.- No, no, no, a mí me despidieron. Es decir, yo estaba en El País como director adjunto y de un día para otro a mí me despidieron sin darme ningún tipo de razón después de haberme convertido en alguien incómodo para Pedro Sánchez. Es un hecho que Pedro Sánchez acude a Telefónica —que era uno de los accionistas en El País— a pedir que cambiáramos la línea editorial. Y bueno, cuando me despiden yo tengo que decidir qué hacer El País no considera que haya hueco para mí entre sus firmas y entonces decidí irme a Estados Unidos con ABC y ya está. Iba a volver igual, porque a mí me gusta estar allí, ya había estado allí varios años, seis o siete años, y a mí me gusta la información de Estados Unidos.

P.- Vámonos a lo calentito de las últimas horas que ha sido el caso Epstein. ¿Cómo se está viviendo allí en directo?

R.- El caso Epstein sí que está centrando mucha atención, está siendo uno de los mayores impedimentos para la presidencia de Trump. A él se le nota incómodo cuando habla del asunto por las revelaciones que tiene, no tanto de él, sino también de donantes, amigos suyos. Por lo tanto, cuanto más vemos que estalla el caso Epstein, más escándalos monta él por ahí. Es decir, más se pone a hablar de Groenlandia, por ejemplo. Es algo que se conoce y lo digo en el libro, hay un capítulo que se llama «Inundar la zona de mierda», se entiende, perdón por la expresión.

P.- La máquina del fango, ¿no? Esta que llamamos que llaman.

R.- Steve Bannon lo define muy bien, uno de sus consejeros, asesores, que es: tienes que tener la zona, como él la llama, tan llena de basura que no le des a los medios de comunicación —a los que él considera el verdadero adversario de Donald Trump, no el Partido Demócrata— descanso. Tenerlos sin capacidad de reacción. Pues imagínate: tomar Groenlandia, tomar Canadá, tomar el Canal de Panamá, desmontar el Kennedy Center para llamarlo Trump, tomar el control…

David Alandete. | Víctor Ubiña

P.- Son todo bulos entonces, o…

R.- No, son simplemente provocaciones. Algunas ciertas, otras no, que lo que hacen es que los medios no tengan capacidad de reacción.

P.- O sea que no quiere Groenlandia. ¿O sí la quiere?

R.- Yo creo que no la quiere. No. Él lo que quiere es una mayor presencia militar de tropas estadounidenses en Groenlandia y ya la ha conseguido. No creo que quiera soberanía de Groenlandia.

P.- ¿Volverás a España?

R.- No. Para nada. No, no. Estoy muy contento donde estoy, no tengo ningún plan de volver a España. Además me encanta informar de Estados Unidos.

P.- ¿Y por qué?

R.- Yo veo aquí la situación un poco en este momento, la política española está en una fase de polarización, de división. Los periodistas aquí están sujetos de verdad a unas presiones increíbles y yo ya tuve mi mi dosis durante aquellos años que estuve en El País aquí. Lo mío es la política internacional. Mi especialidad es Estados Unidos y Oriente Próximo. Ahora estoy más centrado en América Latina también y creo que hay mucho trabajo allí y es lo que a mí me interesa y lo que sé. Uno también tiene que saber dónde está su límite de eficiencia. Yo soy eficiente informando de Estados Unidos, es lo que a mí me gusta y no quisiera renunciar a eso.

P.- Te voy a hacer unas preguntas que son las clásicas de esta nueva temporada de El purgatorio. Si tuvieras que enviar a alguien al cielo, ¿a quién sería? (en el sentido de alguien que te encante o que se haya portado bien y para ti sea el máximo). Me han llegado a decir hasta Zara, la tienda, o sea que imagínate. Pueden decir cualquier cosa.

R.- Te puedo creer. Es interesante. ¿Quién? O sea, porque o sea, hay gente buena y gente pero oye, cada uno hace sus propias obras y sus propias acciones. Vamos a enviar al papa Francisco, ¿no? Que creo que se lo merece, ¿no? Debe estar ya en el cielo, no necesito yo mandarle, pero creo que es alguien que hizo un gran bien por la humanidad.

P.- ¿Si tuvieras que enviar a alguien al infierno?

R.- Al infierno… a Pedro Sánchez.

P.- ¿Y si tuvieras que enviar a alguien a El purgatorio?

R.- A Óscar Puente, hasta que se resuelva mi demanda.

P.- Veamos. ¿Caerá?

R.- No lo sé. No lo sé. No lo sé.

P.- David Alandete, ha sido un placer. Buen viaje de vuelta.

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