No basta con que España esté harta de Sánchez
El PP debe superar la impaciencia y la frustración, salir de su laberinto y transmitir un proyecto para renovar el país

Ilustración de Alejandra Svriz.
1. La decisión
Las obsesiones son así. En noviembre, el PP decidió arrastrar a Sánchez y al sanchismo por una serie de derrotas, adelantando las elecciones en Extremadura y Aragón para que enlazasen con Castilla y León y Andalucía, terrenos a priori favorables. Suministrar a Sánchez un semestre de derrotas.
En todas ellas, su comité de estrategia, o sus asesores/encuestadores pronosticaban holgadas victorias del PP y derrotas demoledoras, cada una y por acumulación, de Sánchez. Es difícil saber de dónde sacaron tales ideas, porque el PP está en descenso desde las elecciones de 2023 y no consigue frenar sus pérdidas de voto hacia Vox ni ganar una cantidad apreciable de votantes procedentes del PSOE. Como las obsesiones son así, olvidaron que su problema es el crecimiento del enemigo secundario, que ya es el principal, el más peligroso electoralmente: Vox, porque está en su terreno.
En el fondo, hubo una divergencia de objetivos que se compatibilizaron alegremente, sin pensarlo dos veces. Mientras Feijóo y su equipo piensan a nivel nacional, los dirigentes regionales lo hacían a nivel regional. Mientras unos querían derrotar a Sánchez, otros querían librarse de la incómoda sombra de Vox. Soslayaron estas diferencias de objetivos. En Extremadura, los perdigones del disparo alcanzaron al PSOE (y a Gallardo, ya olvidado), pero la victoria del PP fue insuficiente y no hay forma de librarse de Vox. Lo mismo pasó el domingo en Aragón. Los dirigentes regionales no podrán agradecer a Feijóo que haya impuesto semejante estrategia. No se convocan elecciones para quedar atrapado por el adversario más peligroso.
Lo más chocante es que estas dinámicas están presentes en la opinión pública a escala nacional desde hace meses. El PP ignoró la tendencia al crecimiento de Vox y su estancamiento. Dos graves errores.
Saltemos hasta la semana pasada.
2. Parar, templar y mandar
El toreo de principios del siglo XX estaba lleno de maestros sabios en lo suyo y en la vida. Sabían lo dura que puede ser: «Más cornás da el hambre», dejó dicho Espartero. Sus frases han pasado a la historia. Sobresalía Juan Belmonte: su «parar, templar y mandar» está a la altura de Rochefoucauld, Gracián, Dinuouart o Escrivá de Balaguer. El lunes, en la comisión de investigación (¿?) del Congreso sobre el caso Koldo, Feijóo mostró que no frecuenta estas lecturas. Un candidato a la presidencia del Gobierno debe parar, templar y mandar sobre las provocadoras intervenciones de una serie de diputados cuyos nombres nadie recuerda. Un senador estadounidense dejó una frase que es una guía: «En una bronca, aunque tengas razón, la gente sólo se acordará de la bronca». La construcción del liderazgo social de Feijóo sufrió el lunes un quebranto.
3. Saber callar
«El primer grado de la sabiduría es saber callar» (Dinouart). En su lugar, en la última semana de campaña en Aragón, el PP se ha cansado de filtrar que Vox crecía a su costa. El pánico se apoderó de la campaña y acabó recurriendo al auxilio de Vito Quiles y Los Meconios (esos nostálgicos del 36), con Tellado justificando el feliz hallazgo de tales refuerzos. ¿De verdad quienes dirigen las campañas del PP creían que las fotos de Feijóo con Quiles frenarían la corriente de sus votantes hacia Vox? Debieron pensarlo, pero no pensaron en los votantes de centro que votaron PSOE y que deberían atraer, repelidos ante tales fichajes. Esas fotos con Quiles perseguirán a Feijóo lo que queda de legislatura. Estas ayudas costaron votos —tal vez los dos escaños perdidos— al PP en los dos últimos días de la campaña (seguro que los trackings lo tienen registrado). En Extremadura, la última semana de campaña la consumió Guardiola arrojando sospechas sobre el extravío de un puñado de votos en Correos finalmente aparecidos. Sólo cabe pensar que las campañas del PP se descontrolan. Su diseño es muy endeble.
4. ¿Objetivo cumplido?
Ahora el PP, Guardiola y Azcón, tienen que negociar dos gobiernos autonómicos con un Vox reforzado. Y tiene que gestionar dos campañas en Castilla y León y Andalucía con el mosqueo de que Vox pueda repetir la hazaña. Y el PP puede repetir errores. ¿Era esta la intención de noviembre? Desde luego que no. El discurso ha cambiado. Ahora el PP invita a Vox a que gobierne. Seguramente es lo único que cabe hacer, pero el PP debe aprender a manejar il tempo, no transmitir que está angustiado.
5. Para qué ganar
El PP tiene que explicarse a sí mismo cómo toma decisiones, en qué datos se apoya. Debe superar sus frustraciones e impaciencias. Es para echar de menos al prudente Pedro Arriola, cuyo papel nadie ocupa. ¿Para qué esta estrategia, cuyos resultados eran previsibles desde noviembre? Desde luego, por centrarnos en Aragón y Extremadura, no se convocan para perder dos diputados y negociar aún en peores condiciones de lo que se estaba.
El PP tiene que superar el trauma de no gobernar. Su política y sus decisiones están dominadas por la impaciencia, sin reflexión sobre las consecuencias de sus actos. En una semana, Feijoo dañó su credibilidad como líder por no preparar un debate, y como estratega porque las decisiones de Aragón fueron equivocadas y su resultado a la vista está. Ahora Castilla y León. Siempre hay consuelo: Tellado dijo el domingo por la noche que Azcón había vencido a Alegría. ¿De verdad este es el análisis final?
No basta con que España esté harta de Pedro Sánchez; el PP tiene que aportar algo en positivo. El proyecto del PSOE está agotado —y el partido destruido—, pero los resultados de Extremadura y Aragón indican que el PP no consigue transmitir un proyecto para renovar el país.
El cambio no puede consistir en que haya un relevo en el Gobierno. Ni el Gobierno puede consistir en dos partidos superpuestos, en una reedición de esta malhadada legislatura. Desde 2007, todos los indicadores estadísticos están a la baja, los países del este de Europa se acercan o nos superan. Esto requiere mucho más que un cambio de gobierno, pero el PP parece conformarse con eso.
