The Objective
España

La prisión de Cáceres aparta al «educador del terror» y lo saca de la junta de tratamiento

TO desveló que el funcionario implantó un sistema de control e intimidación entre los reos aprovechándose de su estatus

La prisión de Cáceres aparta al «educador del terror» y lo saca de la junta de tratamiento

El centro penitenciario de Cáceres. | TO

La dirección del centro penitenciario de Cáceres ha decidido actuar ante el «sistema de terror» que un funcionario y educador de la prisión habría instaurado desde hace tiempo con los presos del módulo de respeto. Un mes después de que THE OBJECTIVE desvelase las prácticas irregulares cometidas por este trabajador para ganar influencia y poder en la cárcel extremeña, la cúpula del centro ha decidido apartar al funcionario de su puesto, en el módulo cuatro, y reubicarlo como educador en el departamento de ingresos, la sección en la que los reos pasan sus primeros días en el penal, según informan fuentes penitenciarias.

Este movimiento implica también su salida de la junta de tratamiento, el órgano colegiado de la prisión que decide sobre asuntos de relevancia como la clasificación de presos y la concesión de permisos penitenciarios. Un puesto del que se habría aprovechado presuntamente el educador para perpetuar un sistema de control entre los presos a base de «coacciones y amenazas» contra unos reclusos y de beneficios a otros, denuncian fuentes penitenciarias. Este modus operandi ha perjudicado el trabajo de decenas de profesionales de la cárcel, ha creado temor entre los presos y está presuntamente amparado por la subdirectora de Tratamiento y esposa del citado funcionario.

La decisión de la directora se produce en un clima de tensión total entre la plantilla. Los funcionarios reclaman medidas más contundentes y, sobre todo, más comunicación por parte de la cúpula del centro. «Nadie nos ha informado oficialmente de nada, nos enteramos a hechos consumados», advierten fuentes penitenciarias, que desconocen si la orden ejecutada por la dirección es definitiva o un «cortafuegos temporal». En un comunicado conjunto, los sindicatos representativos de la prisión (CCOO, CSIF, APFP y Acaip) solicitaron en enero a la responsable del centro que les diese traslado de todas las actuaciones que estuviese realizando para aclarar los hechos.

Tensión en el módulo de respeto


En su respuesta, la directora señaló que había remitido diversos informes sobre las informaciones publicadas a la Subdelegación del Gobierno y al inspector de zona, indicando que su departamento «no había recibido en ningún momento denuncia o queja de interno, familiar o parte informativo de funcionarios sobre los hechos tan graves denunciados». Así, quedaba «a disposición de la Subdirección General de Análisis e Inspección y actuaría siguiendo las directrices que reciba en todo caso». Frente a esto, fuentes penitenciarias insisten en que las quejas del personal fueron —y son— continuas y en las últimas semanas se han remitido distintos escritos a la inspección penitenciaria.

En paralelo, el temor entre los presos del módulo de respeto ha crecido en los últimos días porque el nuevo educador que tienen asignado está de baja y temen futuras represalias del anterior si regresa al departamento. En un principio, se espera que el funcionario continúe en el módulo de ingresos, donde comenzó a trabajar en el turno de tarde el pasado lunes. Las dudas crecen entre el personal, habida cuenta de que la dirección no ha comunicado oficialmente el cambio de puesto del trabajador.

Su «guardia pretoriana»

Tal como desveló este periódico, el polémico educador habría diseñado toda una estrategia para hacerse con el control del citado módulo, pensado para la convivencia pacífica y la reinserción social. Cuando asumió el puesto hace tres años, el trabajador penitenciario creó un «comité de conflictos» integrado por presos de confianza para mantener el orden en el módulo. Una serie de internos que, con el paso del tiempo, se convirtieron en «su guardia pretoriana» para «amenazar y atemorizar a otros presos y hacer cumplir las normas» que él mismo estableció, aseguran distintas fuentes penitenciarias.

La directriz era clara desde un primer momento. Cuando un interno llegaba al módulo de respeto, el educador y el comité de conflictos se reunían con él y el funcionario le advertía que «es don P., que es el marido de la subdirectora y que aquí [en la prisión] mandan ellos». Distintos testimonios recabados por este periódico coinciden en este sistema de funcionamientoen el que el trabajador prometía supuestos beneficios a quienes obedecían, valiéndose de su posición: permisos de salida, buenos puestos de trabajo en el penal, terceros grados… Y todo lo contrario si no lo hacían.

Para estos últimos casos, el funcionario «amenazaba a los reclusos con expulsarlos del módulo de respeto o proponía su traslado a otra prisión, pese a que estos no la habían solicitado», según denunciaron fuentes conocedoras de estos hechos. En otras ocasiones, advertían: «No tramitaba directamente las instancias que le remitían los presos para obtener permisos». Como educador, explican las fuentes, «es el encargado de elaborar informes favorables o no a las peticiones de los presos». De esta forma, su valoración resultaba clave a la hora de conceder ciertos beneficios a la población reclusa, también formando parte de la junta de tratamiento. Una posición con la que ahora no cuenta. 

Denuncias de presos

En cualquier caso, los capítulos más graves se han producido cuando el comité de conflictos se ha extralimitado en sus funciones y ha llegado a agredir a presos que no acataban las supuestas normas del módulo. Según ha podido saber THE OBJECTIVE, dos reclusos han interpuesto una denuncia por lesiones contra el funcionario y educador y sus «reos de confianza». En el primer caso, porque presuntamente agarraron a un interno —con una traqueotomía— por el cuello; y en el segundo, por partir un brazo a otro recluso. «Se han producido muchas agresiones, pero nadie quiere denunciar porque pueden tener repercusiones dentro. Hay mucho temor».

A finales del año pasado, el citado comité dimitió en bloque tras «distintas acusaciones de agresiones», según transmitieron por el módulo quienes lo integraban. Hace unas semanas, además, se abrió un parte disciplinario al cabecilla del grupo por acusaciones de amenazas de otros internos. Días después de que trascendiesen las informaciones, el educador decidió recomponer ese grupo de reclusos y también distribuyó una hoja entre los mismos para recabar apoyos frente a las acusaciones. Pese a que el educador ya no juega ningún papel en ese módulo ni en ningún otro de interior, fuentes penitenciarias señalan que el trabajador sigue «reuniéndose por la prisión sin ningún pudor con su antigua guardia pretoriana». Su regreso al penal ha motivado que dos educadores hayan pedido la baja médica. Según revelan fuentes del centro extremeño, la mayoría de la plantilla se niega a trabajar con él.








Publicidad