Sánchez reclamó a Israel el material que Marruecos sacó de su móvil con Pegasus
El Gobierno envió un avión con emisarios a Tel Aviv una semana después de ser espiado

Pedro Sánchez y Benjamin Netanyahu durante un encuentro en Israel en 2023. | EFE
El Gobierno de Pedro Sánchez envió -tan solo una semana después de ser espiado con el software Pegasus- un avión con emisarios a Israel con una misión: conseguir que la empresa propietaria del programa espía, NSO Group, facilitase al Ejecutivo el material, o al menos la descripción del contenido que Marruecos había extraído de su teléfono móvil tras un pinchazo. El equipo enviado por Moncloa viajó a Tel Aviv en el mismo avión privado que habían desplazado a Málaga para realizar un trabajo de «contención de daños» junto a técnicos israelíes a las pocas horas de constatar el espionaje. El EC-KOL, la matrícula de la aeronave a la que habían encargado esa discreta misión, desapareció de los radares en pleno mar Mediterráneo, y volvió a reaparecer cuatro días más tarde cuando volaba hacia Madrid de vuelta. La respuesta que recibieron no gustó en Moncloa.
THE OBJECTIVE ha venido recopilando en la última semana una serie de circunstancias, eventos, reuniones y vuelos que se produjeron alrededor del episodio de espionaje con Pegasus del móvil de Sánchez y varios de sus ministros. En resumen, este diario ha revelado el vuelo que hizo un equipo de ingenieros y representantes de la empresa israelí NSO Group a Málaga apenas 24 horas después de que los servicios de inteligencia de Marruecos extrajesen más de 2,5 gigabytes de información del teléfono del presidente.
También se ha explicado en estas páginas que apenas unos días más tarde de la llegada a Málaga de ese vuelo del T7-CPX (matrícula de este avión estrechamente vinculado a la inteligencia israelí), la pista de la Costa del Sol recibió la visita de una aeronave privada de la empresa española Gestair Aviation. Llevaba matrícula EC-KOL, uno de los jets que el PSOE le alquila a esta compañía cuando quiere evitar el uso de la flota Falcon (principalmente en épocas electorales).
Ahora, THE OBJECTIVE revela que ese mismo avión privado de Gestair, que voló varias veces ida y vuelta entre Madrid y Málaga trasladando a personal de servicios de inteligencia y de Moncloa, realizó un vuelo internacional que marcó la crisis de Pegasus y el futuro de las relaciones entre España e Israel.
Misión a Israel y respuesta
El ajetreo de la inteligencia española e israelí aquellos días post-pinchazo culminó, tal y como indican las fuentes consultadas, con un viaje de urgencia a Tel Aviv de representantes españoles. Emisarios enviados por Moncloa con una misión concreta, según apuntan las fuentes consultadas: conocer qué se le había robado exactamente a Pedro Sánchez de su teléfono; qué material concreto formaba parte de ese paquete de 2,6 gigas que había salido del móvil del líder socialista, en el que podrían hallarse videos, fotografías, audios, conversaciones de chat o documentos reservados.
THE OBJECTIVE ha confirmado la existencia de ese viaje, en el que se produjeron contactos con la inteligencia exterior israelí y la cúpula de NSO Group. Fueron en total cuatro días de estancia con encuentros de alto nivel en los que se intentó conocer el alcance del desafío que suponía la intromisión de los servicios de inteligencia de Rabat en el teléfono del líder de un aliado de la Alianza Atlántica mediante una herramienta desarrollada y vendida por un país con la condición de aliado importante extra-OTAN desde 1987.
La respuesta que recibió el Gobierno de los israelíes, y sobre la que ahondará TO en próximas entregas, no fue «del agrado» de Moncloa. El Gobierno continuó sin saber a ciencia cierta qué era lo que Pegasus se había llevado del móvil de Sánchez. Fuentes de probada solvencia relacionan aquella situación con ciertas decisiones que tomaría años más tarde el Ejecutivo de Sánchez sobre Israel, llegando prácticamente a la ruptura de relaciones diplomáticas.
Vuelos que ‘desaparecen’
Para volar a Tel Aviv, los representantes españoles recurrieron a esa misma aeronave privada de alquiler, con matrícula EC-KOL, la misma que había volado al menos dos veces a Málaga cuando el equipo de respuesta de NSO Group se encontraba en la ciudad andaluza. Al mediodía del 28 de mayo, casi diez días después de que se produjese el más grave episodio de Pegasus, el jet despegaba del aeródromo de Cuatro Vientos, pista madrileña de uso conjunto civil-militar. Voló con rumbo a Tel Aviv, pero su rastro desaparece a mitad de camino, sobre Italia. Se ‘materializará’ en su ruta de vuelta en ese mismo punto, sobre el mar de Tirreno, cuatro días después.
Fuentes de inteligencia explican que ese tipo de anomalías y «desapariciones» son características de un vuelo de carácter militar o que requiera alta seguridad (una misión diplomática secreta, por ejemplo). Las aeronaves militares son las únicas que no están obligadas a llevar activo el sistema de rastreo ADB-S, que permite seguir en directo la trayectoria, altura y velocidad de un determinado avión o helicóptero.

Tal y como recoge una instrucción de la Organización de Aviación Civil Internacional (ICAO), ciertas aeronaves estatales «pueden en ocasiones apagar o desactivar el modo S/ADS-B y volver a modos 3/A/C en vuelos específicos (de alta seguridad o de entrenamiento) para restringir el seguimiento y la grabación de las maniobras de vuelo, actuaciones y capacidades». Eso fue lo que hizo sobre el Mediterráneo el EC-KOL cuando apagó el ADS-B y ‘desapareció’ para evitar seguimientos incómodos.
Cabezas de turco en el CNI
TO seguirá ofreciendo datos inéditos de este episodio en futuras entregas, pero lo revelado hasta ahora pone de manifiesto varios hechos. El primero, que Moncloa supo lo que había pasado a las pocas horas de la intromisión en el móvil de Sánchez. Que Israel actuó de forma diligente en esas primeras horas. Que el incidente se produjo, explican las fuentes de inteligencia consultadas, por un grave fallo de cálculo de Moncloa al dar prioridad al hecho de conseguir una foto política en Ceuta —en plena crisis del asalto a su frontera— por encima del criterio de la inteligencia, que desaconsejó de forma severa viajar a la frontera con Marruecos en ese momento de enorme tensión.
Pero también, como ha venido informando TO, dejó al descubierto un hecho que aún hoy no se olvida en círculos de la inteligencia española: el Gobierno usó al CNI de coartada frente a sus socios independentistas. Moncloa guardó como secreto de Estado la información sobre el pinchazo hasta que decidió utilizarla políticamente un año después, en mayo de 2022, cuando el independentismo comenzó a airear un supuesto espionaje a más de medio centenar de independentistas, en cuyos teléfonos se hallaron trazas de infección con Pegasus. Al menos 18 de ellos habían sido interceptados con Pegasus, bajo control de la Audiencia Nacional, por su presunta participación en los graves sucesos del Tsunami Democràtic.
Ante la crisis política abierta con sus socios, con Carles Puigdemont y Oriol Junqueras reclamando una purga en el CNI y en el Ministerio de Defensa que incluía a la ministra Margarita Robles, el Gobierno de Sánchez optó por detonar el caso Pegasus: el 2 de mayo de 2022, Félix Bolaños anunció el espionaje al móvil del presidente, culpando poco después al CNI de haber fallado en la custodia de los dispositivos del Consejo de Ministros.
Ocho días después, la entonces directora del Centro, Paz Esteban, fue fulminada entre acusaciones de «errores», pese a que Moncloa conocía las causas y el alcance de la crisis de Pegasus desde hace un año. Con esa destitución, el PSOE dio por colmadas las ambiciones del independentismo de vengarse del CNI, uno de sus principales obstáculos durante la última década. La de Esteban sería la primera pieza que el independentismo se cobraría en esos días en los servicios de inteligencia españoles, donde hoy aún se recuerda con pesar aquel episodio que puso en tela de juicio el prestigio del Centro.
