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España

Felipe VI exige respeto a la Constitución: «La mejor manera de conmemorarla es cumplirla»

Armengol pide no caer «en el ensimismamiento» con la Carta Magna más longeva de la historia de España

Felipe VI exige respeto a la Constitución: «La mejor manera de conmemorarla es cumplirla»

El rey Felipe VI durante su discurso en el Congreso de los Diputados de este martes. | Fernando Villar (EFE)

El rey Felipe VI ha emplazado a los poderes públicos al «respeto, defensa, desarrollo y fortalecimiento» de la Carta Magna de 1978, ahora que se ha convertido en la más longeva de la historia de España. «La mejor manera de conmemorar la Constitución es cumplirla», ha enfatizado en el acto institucional en el Congreso de los Diputados para celebrar los más de 47 años de vigencia. Los diputados de ERC, Junts, Bildu, PNV y BNG, aliados de investidura del Gobierno de Pedro Sánchez, fueron los grandes ausentes en dicho acto al considerar que no había «nada que celebrar».

El monarca ha señalado que la actual Carta Magna es «nuestra referencia y la que esperamos legar a nuestros hijos» en el futuro. «No podemos, no queremos, no sabríamos vivir siendo otra cosa que ciudadanos libres. Por eso, más allá de los años que cumpla, de su longevidad, lo que hoy celebramos es su legitimidad de origen: la voluntad del pueblo español libremente expresada en las urnas», ha constatado.

Esa «credencial democrática, mucho mayor que la de cualquiera de sus predecesoras, es la clave de su duración», a juicio del Rey, ya que no fue la voluntad de una parte de la sociedad contra otra, sino que se pactó gracias al espíritu de concordia «que impulsó el proceso constituyente, y que nos ha acompañado en tantos momentos de nuestra historia».

Felipe VI ha echado mano de la metáfora «recurrente» de que las constituciones son definidas «como marcos, vigas y pilares
de la convivencia
». En el derecho constitucional, ha recordado, abundan «los símiles arquitectónicos» porque el
ordenamiento jurídico debe ser una arquitectura e«n cuyo interior se puede vivir, se puede convivir». Por ello, ha insistido en no caer en el error de que la Carta Magna es «una especie de habitación vacía».

«Nada más lejos de la realidad: si nuestra constitución se ha convertido en la más longeva de nuestra historia es por todas esas ideas que contiene –la libertad, la igualdad, la justicia, la solidaridad, el pluralismo, unidad y la descentralización junto con la cohesión
territorial– y que articulan nuestra convivencia democrática. Así, para entender el valor real de nuestra constitución deberíamos ser capaces de imaginarnos cómo seríamos, los españoles, si no hubiéramos optado, en el año 1978, por ese conjunto de ideas», ha incidido.

El monarca ha admitido que a los españoles nacidos con posterioridad quizás les cueste imaginarse esa España «sin derechos ni libertades» que había sido el franquismo. «Pero no hace falta remitirse a tiempos remotos porque hoy, más allá de nuestras fronteras, y más allá de las fronteras de Europa, es esa la realidad para miles de millones de personas, que viven a años luz de lo que significa un estado social y democrático de derecho. Cuántos hombres y mujeres lo sacrifican casi todo para que en su tierra arraigue el mismo espíritu, o parecido, que se contiene en nuestra Constitución del 78, que ha sido referente para tantos procesos de transición, o directamente son perseguidos tan solo por demandarlo. A algunos les cuesta incluso la vida», ha recordado.

Al hilo de ello, el Rey ha tenido unas palabras de recuerdo para todos aquellos que «se dejaron la vida en el camino hacia la consolidación de nuestro régimen de libertades». Precisamente, esta semana se ha cumplido 30 años del asesinato del expresidente del Tribunal Constitucional Francisco Tomás y Valiente a manos de un terrorista de ETA. Un atentado que dio paso a que miles de españoles se lanzaran a las calles con las manos pintadas de blanco «en un inmenso ‘no’: un ‘no’ a la violencia; un ‘no’ al terror; un ‘no’, a la barbarie. Y ahí estaba, también, la expresión de nuestros valores constitucionales».

Felipe VI ha advertido de que se viven «tiempos difíciles e inciertos, que hacen aún más visibles las imperfecciones que, como toda obra humana, tiene nuestro marco institucional y normativo», pero ha emplazado a los presentes en el hemiciclo a que no piensen que se debe a una menor vigencia del ordenamiento constitucional. «Todo lo contrario: es precisamente el espíritu crítico, la legítima insatisfacción, el afán por seguir progresando, lo que nos acerca cada vez más a una realización más plena de esos principios y valores».

En este sentido, ha pedido no caer «nunca en la complacencia» de ver la obra completa, ni tampoco «en el derrotismo» de pensar que el esfuerzo de generaciones de españoles ha sido en vano. «Tengamos visión y perspectiva. El camino recorrido por esta España constitucional ha sido brillante y el futuro no lo será menos, siempre y cuando lo sigamos escribiendo juntos».

«Al celebrar la longevidad de nuestra constitución, tomamos conciencia de lo que le debemos; de lo que nos debemos, a nosotros mismos, como ciudadanos, como demócratas y como españoles. Y esa conciencia no se limita a la letra de la Carta Magna, sino que se extiende a todo el acervo constitucional: las leyes y las instituciones. Nos obliga a su respeto, defensa, desarrollo y fortalecimiento», ha incidido el monarca, quien ha resaltado que la mejor manera de conmemorar la Constitución es cumplirla. «Recordemos así, en este acto conmemorativo, que el mayor homenaje a la Constitución tiene lugar todos los días, a todas horas: está en el esfuerzo, la entrega y el compromiso de los millones de ciudadanos anónimos de nuestro país con su futuro colectivo, con España. Y ese, por encima de cualquier otra efeméride, es el auténtico motivo de celebración», ha concluido.

«Estabilidad, cohesión, progreso y consensos»

La presidenta del Congreso, Francina Armengol, ha señalado antes de la intervención del monarca que la Constitución de 1978 ha
consolidado «su posición» como la ley fundamental más longeva de la historia de España tras recordar que, hasta ahora, este título lo ostentaba la Constitución de la Restauración, aprobada en 1876, y que ahora se ha superado con el 47 aniversario con la Carta Magna actual. «Este puesto es en sí mismo un éxito porque la longevidad, en este caso, significa estabilidad, cohesión, progreso y consensos: los valores que una democracia necesita para avanzar, robusta, a través de los tiempos y las transformaciones sociales», ha indicado la política balear.

Armengol ha hecho un repaso de las constituciones previas. «La Pepa, inicio del constitucionalismo y símbolo del liberalismo; el Estatuto Real de 1834; la Constitución de 1837, efímera pero paso esencial hacia el parlamentarismo; la de 1845, una Constitución de retroceso democrático; la de 1869, que proclamó la soberanía nacional y el sufragio masculino, un sistema parlamentario y la separación entre Iglesia y Estado; la Constitución de 1876, que permitió los turnos pacíficos y fue excluyente con la población; la de 1931, que llevó al país a ser una república democrática y se recordará siempre porque permitió por primera vez el voto de las mujeres», ha recordado.

La presidenta se ha parado un momento en el código republicano, un texto que fue «uno de los más renovadores y progresistas de su tiempo», pero que se vio «truncado, como tantas vidas en nuestro país, por el golpe de Estado, la guerra civil y la instauración de la dictadura franquista, que duró hasta 1975, casi cuatro décadas».

«La Constitución que hoy venimos a homenajear no es, por lo tanto, una norma longeva que ha sabido simplemente sostenerse a lo largo de los años. Su permanencia da cuenta de una excepcionalidad sin ambages. Las circunstancias que acompañaron a nuestra Carta Magna fueron, desde el inicio, complejas. Convulsas, podríamos decir, como siempre que una sociedad se revuelve desde sus cimientos para traspasar una época. La voluntad común de desmantelar las estructuras anquilosadas de la dictadura y sustituirlas por un flamante sistema democrático fue ─y sigue siendo hoy─ el mayor de nuestros éxitos colectivos», ha constatado ante el pleno.

Armengol ha recordado que quienes asumieron la tarea de confeccionar en la Transición un texto que «estuviera al nivel de los profundos cambios que exigía una sociedad atenta y comprometida no lo tuvieron fácil», pero aquel se proceso se hizo «bien» y se consiguió gracias «al acuerdo, diálogo, escucha, la mirada ávida hacia una ciudadanía que luchaba por transformarse, por convertir este país en un Estado de derecho, garante de la libertad y la igualdad».

En este sentido, ha incidido en que el proceso constitucional fue un «aperturista y constructivo» que culminó con la votación del pueblo español en referéndum, en el que la «inmensa» mayoría dijo sí: «Y ese sí, esa aceptación colectiva, es la que hoy sigue vigente, aceptando un texto que nos regula a todas y a todos y que ha durado más que ningún otro, pero, sobre todo, que ha supuesto el mayor periodo de avances democráticos de nuestra historia, la mayor transformación, el mayor progreso».

Aquella «heroicidad colectiva de una sociedad por muchos años silenciada», de la que se cumplen casi 50 años, era una democracia «nueva, quizá temblorosa en sus reajustes, osada sin duda, pero inexperta». Con el paso del tiempo, hoy se ha convertido en «un
referente, una de las democracias más sólidas del mundo actual, un modelo en Europa», ha insistido.

«La Constitución de 1978 ha permitido, ni más ni menos, que la nuestra sea una democracia plena, capaz de adaptarse a las transformaciones que el paso del tiempo requiere. Una Constitución que admite reformas: la tercera de ellas, una reforma social, que hemos llevado a cabo en esta legislatura, y ha conquistado avances en derechos a través de la modificación del Artículo 49. Somos un referente de progreso y de derechos a nivel internacional, cuyas instituciones, fortalecidas, se hacen eco de los múltiples avances sociales y de una economía en constante crecimiento», ha hecho hincapié.

Armengol ha pedido a los presentes en el hemiciclo que no se engañen ni se crean a salvo. «Nuestra fortaleza democrática, que ha soportado duros embistes y que se erigió en equilibrio a pesar de las tensiones, ha de seguir sosteniendo y permitiendo nuestra convivencia pacífica, nuestro Estado social y de derecho, nuestra sociedad libre e igualitaria. No bajemos la guardia. No caigamos en el ensimismamiento, no seamos los extremos de un cuerpo que da bandazos en el aire». La presidenta de la Cámara Baja ha subrayado la necesidad de «remar en la misma dirección» y el trabajo de asegurar la democracia como trabajo comunitario. «Lo fue hace casi cincuenta años. Lo es hoy, y lo será mañana», ha concluido.

La Constitución de 1978 se ha convertido en la más longeva de las nueve que ha tenido España en su historia, al superar en tiempo de vigencia a la de 1876, impulsada por el entonces presidente Antonio Cánovas del Castillo, que ostentaba el récord de vigencia con 47 años y 73 días. En concreto, aquella Constitución del ‘turnismo’ entre conservadores y liberales duró 17.239 días, desde su promulgación en 1876 hasta el golpe de estado de Miguel Primo de Rivera. Una cifra que la vigente Carta Magna de 1978 iguala este 17 de febrero de 2026 contando desde su aprobación por el pueblo español en el referéndum del 6 de diciembre de 1978, aunque no fue entonces cuando entró en vigor, sino el 29 de ese mes.

En este tiempo, la Constitución de 1978 sólo ha tenido tres reformas puntuales y ha garantizado la estabilidad del país permitiendo el desarrollo del Estado de Derecho y la alternancia en el poder de distintos actores políticos. Para celebrar el récord de longevidad, el Parlamento ha organizado un acto en el hemiciclo del Congreso. Poco antes del inicio del acto, los Reyes fueron recibidos en el Patio de Floridabanca por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, la propia presidenta del Congreso y el presidente del Senado, el popular Pedro Rollán. Junto a ellos estarán también el presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido, y la presidenta del Tribunal Supremo, María Isabel Perelló, en representación del Poder Judicial.

Tras los saludos de rigor, la comitiva se dirigió al Salón de Pasos Perdidos para saludar a los miembros de las mesas del Congreso y del Senado, a los portavoces de los grupos parlamentarios de ambas cámaras y al líder del partido mayoritario de la oposición, Alberto Núñez Feijóo. Y, a continuación, las autoridades se dirigieron al hemiciclo y los Reyes, acompañados por los presidentes de ambas cámaras legislativas, accedeieron al Salón de Plenos para ocupar sus asientos en la mesa presidencial.

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