Anaís, la amiga de Ábalos: «Él me escondía en el armario y en el maletero del coche»
La entrevistada demuestra con capturas de WhatsApp la relación con el exministro tras el registro de la UCO en Valencia
El nombre de Anaís D. G. figura en los informes de la Unidad Central Operativa (UCO) como la mujer que intentó auxiliar a José Luis Ábalos durante el registro de su vivienda en Valencia el 10 de junio de 2025. Fue ella quien recibió el encargo de ocultar un disco duro entre su ropa —concretamente en sus leggings— en un movimiento que los agentes detectaron a tiempo. Aquel episodio, lejos de suponer el final de la relación entre ambos, marcó el inicio de una etapa aún más clandestina.
En conversación con THE OBJECTIVE, Anaís sostiene que continuó manteniendo una relación sentimental con el exministro tras el registro. Pero ya nada era igual. Si antes podía acceder con normalidad al domicilio, después de la intervención policial todo debía hacerse a escondidas. «Luego volvimos a hablar y estuve quedando con él cada dos por tres como amigos con derecho». La expresión es suya. El vínculo se reanudó bajo nuevas reglas. «Pero tenía que ser a escondidas. Cuando me recogía, tenía que esconderme en el maletero del coche por la situación».
El contraste con el inicio de la relación, según su testimonio, es revelador. «Cuando le conocí, al principio, podía ir delante sin esconderme ni nada. Después, cuando salió lo de la UCO, me escondía». El miedo a la exposición pública y al impacto mediático del registro cambió la dinámica entre ambos. Anaís introduce además otro elemento: «Antes no me escondía ni nada, pero después tenía que esconderme en el armario de su cuarto porque Andrea decía que no me quería ver». El relato dibuja escenas que se suceden entre armarios cerrados y maleteros bajados, en una etapa en la que el cerco judicial sobre el exministro ya se estrechaba en el Tribunal Supremo.
La última vez que se vieron fue dos días antes de una de sus comparecencias clave. «Dos días antes del Tribunal Supremo. Y hablé con él en el Tribunal Supremo. Me dijo: ‘Anaís, cuídate’». Sin embargo, la ruptura no fue total. Según la entrevistada, pocos días después de que Ábalos ingresara en prisión provisional, recibió una llamada inesperada. «El que se ha puesto en contacto conmigo, unos días después de que Ábalos entrara en el Supremo, fue Joseba Izaguirre, el hermano de Koldo García, con el que nunca he tenido relación. Me dice que Koldo le había dado mi número para ver cómo estaba. Me dijo que si podía pasarle la factura de mi teléfono para pasarla a prisión y que pudiese hablar conmigo Ábalos». La petición no es menor. En Instituciones Penitenciarias es requisito imprescindible acreditar los números de teléfono con los que un interno puede comunicarse. Anaís asegura que le sorprendió la solicitud y que preguntó expresamente para qué quería su factura. Este periódico ha tenido acceso a la captura de pantalla en la que ella formula esa pregunta a Joseba García, quien posteriormente vuelve a llamarla para explicarle el motivo.

El hijo del exministro, Víctor Ábalos, ha negado públicamente que su padre haya intentado contactar con Anaís desde prisión y ha sostenido que la entrevistada miente. Sin embargo, este periódico ha podido contrastar más de cincuenta capturas de pantalla de conversaciones entre Ábalos y Anaís posteriores al registro de la UCO. Los mensajes comienzan el 18 de junio de 2025, apenas ocho días después de la entrada de los agentes en la vivienda valenciana. En uno de los intercambios, el exministro muestra su preocupación por las fotografías de Anaís que circulan en páginas web y por el impacto reputacional que ello podría tener. Le reprocha la exposición pública y manifiesta su inquietud por ser relacionado con prostitutas. La cuestión no es baladí: los audios que obran en la causa y diversas exclusivas publicadas por este periódico ya habían situado ese asunto en el centro del foco mediático.

En otros mensajes, Ábalos hace varias llamadas ante el silencio de Anaís tras la repercusión del registro domiciliario. Ella, según las capturas, le pide que la deje en paz. La presión mediática, el miedo a las consecuencias legales y la exposición pública generaron un distanciamiento intermitente, pero no definitivo. Otro extremo que refuerza la versión de Anaís son las transferencias bancarias realizadas por el propio Ábalos. Entre ellas figura una con fecha 26 de noviembre, un día antes de su ingreso en prisión provisional. El contexto no puede desligarse de los episodios anteriores: el intento de ocultación del disco duro, las declaraciones sobre el uso habitual de efectivo y la supuesta videollamada con Delcy Rodríguez en las semanas previas a la entrada en prisión. En todos esos capítulos, Anaís ha sostenido su versión frente al desmentido del entorno familiar del exministro.

Ahora aporta pruebas documentales de que la relación continuó tras el registro de la UCO y de que, incluso desde prisión, se intentó restablecer el contacto. Las capturas —cuyo contenido íntegro no se publica por tratarse de conversaciones de carácter personal— muestran un intercambio constante de mensajes, llamadas y reproches que desmienten la imagen de un vínculo inexistente. La historia, según su relato, no es la de un encuentro puntual ni una amistad circunstancial. Es la de una relación intermitente, clandestina y marcada por el miedo a la exposición pública. «Tenía que esconderme», repite. En el armario. En el maletero. En definitiva, en una casa que ya había sido escenario de un registro policial de ocho horas.
