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El ex DAO fue detenido tras sacar el arma en un prostíbulo, pero se tapó el caso

En el altercado participó también Juan Carlos Bará Torres, entonces inspector jefe de la Unidad de Intervención Policial (UIP) con base en Vigo

El ex DAO fue detenido tras sacar el arma en un prostíbulo, pero se tapó el caso

El ya es-DAO de la Policía, José Ángel González- | Moncloa (Europa Press)

El ya ex director adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional, José Ángel González Jiménez, dimitido tras su imputación por un presunto delito de agresión sexual violenta, fue detenido a finales de los años noventa después de protagonizar una reyerta en un club de alterne de Valladolid en la que llegó a sacar su arma reglamentaria. El episodio, que terminó en comisaría con la toma de declaración de los implicados, quedó sin consecuencias disciplinarias tras la intervención de altos responsables policiales, según confirman a THE OBJECTIVE fuentes conocedoras de los hechos.

También se vio involucrado en el altercado Juan Carlos Bará Torres, entonces inspector jefe de la Unidad de Intervención Policial (UIP) con base en Vigo —la conocida como VIII UIP o ‘Raya 30’, creada en 1993 para cubrir Galicia—. Ambos se encontraban de salida nocturna en Valladolid cuando, en el interior de un prostíbulo de la capital, una discusión derivó en una pelea de mayor entidad. Según las fuentes consultadas, la tensión aumentó hasta el punto de que tanto González Jiménez —conocido internamente como Jota, y por entonces jefe de la VII UIP con sede en Valladolid— como Bará Torres desenfundaron sus armas reglamentarias en el transcurso de la disputa, generando una situación de alto riesgo en el local.

La gravedad de los hechos obligó a avisar a la Policía Nacional. Varias patrullas acudieron al establecimiento y, al percatarse de la llegada de sus propios compañeros, los dos mandos abandonaron precipitadamente el lugar. Se inició entonces una persecución por las inmediaciones que concluyó con su detención y traslado a dependencias policiales de Valladolid, donde se les tomó declaración por lo ocurrido. De acuerdo con las fuentes policiales consultadas, el incidente reunía elementos suficientes para haber derivado en la apertura de un expediente disciplinario de gran alcance, con posibles consecuencias en la carrera profesional de ambos. Sin embargo, el asunto no trascendió por los cauces ordinarios.

Las fuentes consultadas sitúan el altercado a finales de los noventa, durante una salida nocturna en Valladolid, cuando Rafael Rodríguez Díaz dirigía la Jefatura Superior de Castilla y León. Sin embargo, según coinciden varios mandos conocedores de lo ocurrido, no fue él quien gestionó las consecuencias internas del incidente, sino Segundo Martínez, que en aquel momento ocupaba una de las principales responsabilidades territoriales del Cuerpo en la comunidad y ahora es el hombre de confianza de Zapatero.

De acuerdo con este relato, la intervención de Martínez fue clave para que los hechos no activaran los mecanismos disciplinarios ordinarios ni derivaran en un expediente formal que pudiera comprometer la carrera de los implicados. El episodio quedó así circunscrito al ámbito interno y no tuvo reflejo público ni administrativo. A partir de entonces, sostienen las mismas fuentes, se consolidó un vínculo de confianza entre Martínez y José Ángel González Jiménez que se prolongaría durante años en el seno de la estructura policial. Esa relación, añaden, tendría relevancia en etapas posteriores, cuando se produjeron ascensos y nombramientos estratégicos dentro de la cúpula operativa del Cuerpo.

El hombre de Zapatero

A partir de entonces, añaden, la relación entre ambos se estrechó hasta consolidar un vínculo de confianza que se mantendría con el paso de los años, cuando Martínez pasó a ser considerado por distintos sectores policiales como una figura de influencia discreta en el engranaje de Interior. En paralelo, distintas fuentes policiales atribuyen a Martínez una capacidad de ascendencia sobre la estructura de mando que habría perdurado incluso tras su jubilación. Lo sitúan como un actor relevante en los equilibrios internos y en la promoción de determinados perfiles dentro de la cúpula. «Es quien avala los nombramientos sensibles», resume un mando en activo.

En ese contexto, los mismos interlocutores sostienen que Martínez impulsó la candidatura de José Ángel González Jiménez para ocupar la Dirección Adjunta Operativa. Con su designación como DAO —máxima responsabilidad operativa del Cuerpo—, se garantizaba, según estas fuentes, que una persona de su máxima confianza estuviera al frente de la jefatura operativa, asegurando así un canal directo en la cúspide policial en un momento políticamente delicado para el entorno del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero.

Las fuentes consultadas describen también el itinerario que siguen las investigaciones consideradas sensibles dentro de la Policía Nacional. Según explican, los informes elaborados por la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) son elevados al comisario jefe de la unidad, Fernando Alonso, nombrado en su día por el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. Desde su llegada, apuntan, el peso de la UDEF en las causas de mayor repercusión judicial habría ido menguando progresivamente, en contraste con el protagonismo asumido por la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil.

El siguiente escalón en la cadena jerárquica es la Comisaría General de Policía Judicial, dirigida por Luis Fernando Pascual, antes de que los asuntos lleguen a la Dirección Adjunta Operativa. Es en ese último peldaño —cuando el DAO era González Jiménez— donde, según las fuentes, se concentraba la capacidad de decisión estratégica. Los investigadores consultados insisten en la sintonía entre el ex DAO y Martínez, a quien describen como referente para determinados mandos. «Fue él quien apostó por Jota para el DAO», afirman. A su juicio, la sucesión de filtros y niveles en la estructura interna configura un sistema que permite, llegado el caso, modular el alcance y la proyección de determinadas investigaciones.

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