The Objective
La mirilla

Lo que España cedió por Pegasus: el Sáhara, la lucha contra el narco… ¿y el Mundial 2030?

2022 fue el año en el que Sánchez abandonó a los saharauis ante Marruecos y se liquidó el OCON-Sur antinarcotráfico

Lo que España cedió por Pegasus: el Sáhara, la lucha contra el narco… ¿y el Mundial 2030?

Pedro Sánchez junto a Gianni Infantino (FIFA) y Aziz Ajanuch​ (primer ministro marroquí) durante la presentación del mundial 2030. | EFE

¿Tiene Marruecos algo en su poder que pueda condicionar las decisiones de Pedro Sánchez al frente del Gobierno de España? Esa es una de las hipótesis que rodean al episodio de espionaje con el software israelí Pegasus. El mismo que, como ha venido desvelando THE OBJECTIVE, Moncloa ocultó durante todo un año. La crisis quedó enterrada en enero de 2022, tras dos cumbres secretas entre España y Marruecos, celebradas en Málaga y Marrakech con mediación israelí. Solo dos meses después ocurrió la sorprendente cesión sobre el Sáhara por parte de Sánchez. Meses más tarde llegaría el fin de la unidad especial de la Guardia Civil OCON-Sur, un grupo de 150 agentes especiales que habían logrado detener a más de 12.800 personas relacionadas con el narcotráfico en el Estrecho —muchas de ellas de origen marroquí—. Y en esa misma época, en un margen de un año, España negoció a alto nivel la inclusión de Marruecos en la candidatura conjunta de España y Portugal para organizar el Mundial de Fútbol de 2030. ¿Fue aquello una nueva cesión de esa etapa post-Pegasus?

El 2 de mayo de 2022, con gesto contrariado, el ministro de Justicia y Presidencia, Félix Bolaños, aparecía en una rueda de prensa convocada de urgencia —durante un festivo en Madrid, sin agenda política— para comunicar que el móvil de Pedro Sánchez había sufrido un grave episodio de espionaje. Según la versión del Gobierno, este lo supo apenas unas semanas antes durante una revisión rutinaria a los terminales. TO, cuatro años más tarde, ha aportado datos que desmienten esa versión oficial: lo supieron apenas unas horas más tarde de que se produjese la exfiltración de datos del dispositivo de Sánchez, exactamente el 19 de mayo de 2021.

En aquel entonces, tal y como ha venido informando este diario, Moncloa conoció lo sucedido apenas unas horas más tarde del episodio. De hecho, un equipo de la empresa propietaria voló de urgencia a Málaga en las 24 horas siguientes al incidente, en una labor de contención de daños. Se iniciaban así ocho meses frenéticos de encuentros que culminarían en una cumbre en enero de 2022, en Málaga y Marrakech, en las que España y Marruecos sentarían las bases de un armisticio. Una paz en la que Moncloa, al menos que se sepa, puso mucho más sobre la mesa que su interlocutor.

Solo dos meses después de aquellas rondas de conversaciones para dejar atrás el episodio de Pegasus, en las que se acordó —según fuentes de inteligencia de toda solvencia consultadas por TO— no volver a recurrir a este tipo de herramientas espía, Marruecos anunció que Pedro Sánchez había enviado una carta a Mohamed VI en la que renunciaba a defender el plan de un referéndum de autodeterminación para el Sáhara Occidental. La hoja de ruta que España había mantenido durante décadas, independientemente de Gobiernos de izquierdas o de derechas. De hecho, la del Frente Polisario siempre había sido una bandera tradicional para la izquierda, especialmente para esa izquierda que representaban entonces Podemos e Izquierda Unida en el Ejecutivo de coalición. Dio igual: Sánchez apostó por el plan marroquí, que en esencia supone la anexión del territorio y la desaparición de las aspiraciones nacionales del Polisario.

La Guardia Civil frente al narco

Pero aquel cambio, del que Sánchez no informó ni a su propio Consejo de Ministros, que no pasó por el Congreso de los Diputados y que ni siquiera anunció él —fue la diplomacia marroquí la que remitió a los medios la carta del presidente español—, no fue el único que llegaría en esos meses. En septiembre de ese mismo 2022 llegó otro que marcaría la labor de la Guardia Civil en una de sus misiones más complejas y peligrosas: la lucha contra el narcotráfico en el Estrecho de Gibraltar. El negocio del hachís mueve miles de millones a ambos lados del Mediterráneo, pero especialmente en la zona marroquí, donde los grandes clanes de la droga ya se han convertido en un sector esencial de la economía nacional. Y sus capos y lugartenientes, en clase dominante y con grandes conexiones en las esferas de poder del reino alahuí.

De pronto, el Ministerio del Interior anunció que el OCON-Sur dejaría de prestar servicio en el Estrecho. Se trataba de una unidad formada por 150 agentes de la Guardia Civil que, desde 2018, habían estado operando de forma específica contra las redes del narcotráfico que se nutrían del producto cultivado y producido en laboratorios marroquíes, y que durante años habían configurado algunas de las mayores fortunas a uno y otro lado del Estrecho. Dejaron su factura bien clara: 12.800 detenciones y más de 100 toneladas de droga decomisada. Año y medio después, con el narco envalentonado en el Estrecho, dos guardias civiles (David Pérez Carracedo, de 43 años, y Miguel Ángel González Gómez, de 39) fueron asesinados por el piloto marroquí de una narcolancha en Barbate, Cádiz.

El Mundial del 2030

Otro de los escenarios sorprendentes que se produjo en ese mismo 2022 fue la negociación, en el más absoluto secreto, para la incorporación de Marruecos como sede del Mundial 2030. Una iniciativa que partió de España para organizar la cita futbolística más importante del planeta junto a su vecino ibérico, pero que durante 2022 mutó para incluir en su ticket a Ucrania como país y sede simbólica. Un gesto por la invasión rusa que estaba sufriendo el país.

Ucrania terminó cayéndose de la propuesta por un escándalo de corrupción y, de pronto, emergió la opción marroquí. España la apoyó desde el primer momento; incluso especificó que su irrupción no era consecuencia de la salida ucraniana. De hecho, se abrió la puerta a que la candidatura de Kiev volviese a unirse cuando solucionase su problema.

Ahora, el foco se sitúa sobre las negociaciones que emprendió la Federación Española de Fútbol con la marroquí en 2022, el año de las cesiones. De hecho, según ha sabido THE OBJECTIVE, la idea de que Marruecos pudiera ser una de las sedes de ese mundial —que luchaba contra Arabia Saudí, Egipto y Grecia— partió no de ámbitos futbolísticos… sino políticos. Miembros del Consejo Superior de Deportes consultados por este diario así lo atestiguan.

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