The Objective
El buzón secreto

Hasta los presidentes hacen desaparecer secretos

Los políticos de PSOE y PP nunca han querido aprobar una auténtica Ley de Secretos Oficiales

Hasta los presidentes hacen desaparecer secretos

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. | Fernando Sánchez (EP)

En mi anterior artículo dejé claro lo que pensaba sobre lo que podría suponer la desclasificación de papeles sobre el intento de golpe de Estado del 23-F. No sabía que el presidente Pedro Sánchez anunciaría un par de días después la apertura de los secretos, pero aportaba datos sobre cómo en el servicio secreto se habían depurado los informes que elaboraron. Esa falta de respeto a documentos que pertenecen a la sociedad española hace que la información que nos llegue esté coja y que no recoja toda la realidad de lo que pasó.

Ese hábito de «limpiar» los papeles del pasado para que en el futuro nadie sepa lo que hemos hecho a espaldas de la opinión pública está muy extendido en la política. El ejemplo claro lo tenemos en el palacio de la Moncloa, donde los presidentes, cuando saben que han perdido las elecciones y no van a seguir gobernando, arramplan con todos los papeles físicos. Y, dado que no se pueden llevar los ordenadores porque no les pertenecen, encargan una limpieza exhaustiva de su contenido para que futuras investigaciones de sus contrincantes políticos no puedan encontrar nada de lo que ellos han hecho. Si esto pasara en otros países, como Estados Unidos, donde el respeto a la conservación de la historia es vital, estarían todos los presidentes enjuiciados.

Nadie quiere realmente una ley de secretos

La decisión de desclasificar los papeles del 23-F es acertada, al margen de los intereses que la hayan promovido. Eso no disminuye la urgencia de aprobar una ley que permita conocer toda la información clasificada al pasar un tiempo prudencial, por supuesto que menor a los 45 años transcurridos tras la intentona golpista. Necesitamos conocer ya todos los papeles de la Guerra Civil, del franquismo, de la Transición… Incluso es urgente abrir los archivos sobre ETA, los GAL o cualquier otro suceso importante ocurrido, al menos, hasta hace 30 años.

Uno de los graves problemas que han impedido generar un sistema de desclasificación automático ha sido el empeño de los Gobiernos de poner límite a las actuaciones de los periodistas a la hora de desvelar secretos. Cuando están en la oposición, los políticos, de uno u otro lado, apoyan la desclasificación y enaltecen nuestro papel como garantes del control social del poder. Pero, cuando llegan al Gobierno, ponen trabas a desclasificar según qué papeles y se convierten en represores de la libertad de información. Este comportamiento se repite Gobierno tras Gobierno.

Un ejemplo vivido por mí. Francisco Álvarez Cascos, secretario general del PP, defendió en 1995, en la presentación de mi libro Espías, la necesidad de cambiar la ley franquista de secretos oficiales y de apoyar a los periodistas para que controlaran los comportamientos inadecuados del Gobierno. Dos años después, ya como vicepresidente, promulgó una ley que estipulaba multas millonarias contra los periodistas que poseyeran secretos. Un dislate. 

El 23-F y la prensa: un estudio revelador

Hablando de información desconocida: hace 40 años, defendí mi memoria de licenciatura de periodismo ante un tribunal de la Universidad Complutense sobre «Tratamiento de la información periodística en el juicio del 23-F». Analicé todas las informaciones publicadas por los más importantes diarios nacionales en los meses de 1982 que duró el juicio: El País, Diario 16, ABC y Ya

Os cuento algunas de las conclusiones basadas en datos numéricos: «Los cuatro periódicos toman partido, por encima de todo, en la defensa del rey Juan Carlos, aunque algunos dejan entrever un grado de responsabilidad. La figura de Armada no deja indiferente a ningún medio, despierta todas las pasiones, aunque no hay un acuerdo sobre una orientación concreta, positiva o negativa. Tejero despierta un destacable grado de pasión política. Nadie le defiende y, aún más, todos están plenamente convencidos de que es culpable y se comprometen en ello. Todos los diarios muestran un comportamiento distinto en el nivel de la primera lectura que en el de la segunda». Este último dato significa que los redactores de las informaciones escriben con objetividad sus informaciones y que, a la hora de titular, poner subtítulos o pies de foto, los mandos hicieron una valoración distinta a la que reflejaban las informaciones.

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