Las mujeres españolas que la historia quiso simplificar nos devuelven la mirada
La artista C. S. Leyva revisita a diez figuras femeninas de la historia de España en la exposición DES-CARADAS

Reinterpretación de la figura de Isabel la Católica en la exposición DES-CARADAS. | Covadonga Sarragúa Leyva
Aunque, según el Foro Económico Mundial, tardaremos otros 123 años en cerrar la brecha de género; si escuchamos las historias de nuestras abuelas e incluso de nuestras madres, podemos decir que, en ciertos países del mundo, hemos dado pasos importantes hacia la igualdad entre hombres y mujeres.
Un indicador cada vez más relevante es la presencia de mujeres en puestos de liderazgo en sectores tan diversos como la tecnología, el retail o la industria alimentaria. Sin embargo, a lo largo de la historia siempre han existido grandes mujeres líderes, aunque a menudo se las haya juzgado menos por sus logros que por las convicciones patriarcales de sus respectivas épocas.
El proyecto DES-CARADAS. Mujeres históricas vistas con los ojos de hoy, de la artista granadina Covadonga Sarragúa Leyva (alias C. S. Leyva), aborda precisamente esta cuestión. A través de su estilo hiperrealista, la artista retrata a diez mujeres importantes de la historia de España, brindando un «homenaje contemporáneo» a los «logros políticos, sociales e intelectuales» que alcanzaron en «épocas aparentemente dominadas por el poder masculino», según afirma en la introducción de la exposición.
El poder de la mirada
Cuando entras en el aula Cátedra Cavanilles del Pabellón Villanueva del Real Jardín Botánico, ves, entre los arcos de la pared, un póster imponente del cuadro de Leyva de Isabel la Católica. La protagonista del retrato te mira de frente, una elección deliberada, ya que, como afirma Luis Fernández Cifuentes en el texto curatorial de la exposición, «los cuadros recrean personas que miran al visitante de tú a tú, sea quien sea, o que tal vez se niegan a mirarle». La mirada de las protagonistas sirve para reclamar su poder, permitiéndoles, añade Fernández Cifuentes, preguntar: «¿Quién eres tú, visitante, para mirarme como me miras?».
Por ello, el título de la exposición, Mujeres históricas vistas con los ojos de hoy, resulta todavía más representativo. Son mujeres vistas con los ojos de hoy, porque la artista las ha retratado con vestimenta o accesorios contemporáneos. Son mujeres vistas con los ojos de hoy, porque los cuadros y los textos que las acompañan se atreven a reconocer sus logros personales, alejándolos de los hombres que las rodeaban. Pero también son mujeres vistas con los ojos de hoy, porque la pintora permite que te miren de vuelta, que te analicen, que te evalúen, que no se mantengan pasivas al otro lado del lienzo.
Fernández Cifuentes afirma que la mirada genera una conversación entre los cuadros y los espectadores, «un diálogo entre pasado y presente» que invita a reflexionar sobre «la identidad, la memoria y la representación». La cuestión de cómo las mujeres han sido representadas históricamente guía el proyecto; Leyva subraya su objetivo de «reivindicar el papel extraordinario de las mujeres a lo largo de la historia, tantas veces silenciado, deformado o relegado en los relatos oficiales».
Representaciones multidimensionales
Al retratarlas, Leyva humaniza y reconoce el legado de las diez activistas, aristócratas, intelectuales, reinas y santas que vivieron entre los siglos XIV y XIX: mujeres que moldearon la historia de España, aunque sus aportaciones, en muchos casos, han sido invisibilizadas.
Además, los textos de Fernández Cifuentes reconocen las caracterizaciones a las que habían sido relegadas, evidenciando la mirada misógina bajo la que estas mujeres fueron contempladas. Beatriz de Bobadilla (1447-1504) era considerada «lasciva, sanguinaria, codiciosa, manirrota y, al final, demente». Doña Ana de Mendoza y de la Cerda, princesa de Éboli (1540-1592), tenía una «reputación de díscola y autoritaria», debido a su insistencia en liderar con «una versión femenina (y por tanto inaceptable) de las maquiavélicas figuras masculinas que ejercían el poder». De Isabel la Católica (1451-1504), por su lado, los cronistas del Renacimiento afirmaban que poseía «un espíritu viril en un cuerpo de mujer», como si la única forma de entender sus hazañas fuera racionalizar que su carácter estuviera separado de su corporalidad femenina.
Con su arte, Leyva se niega a aceptar estas representaciones unidimensionales: sus retratos complejos y profundos recuerdan al espectador que estas mujeres fueron mucho más de lo que los humanistas y pintores de su tiempo interpretaron. De esta manera, a través del lienzo, la artista recupera el espacio de estas referentes en la historia española.
