El «efecto Aragón» puede costarle la Generalitat Valenciana al PP y Vox
La proyección sitúa a cuatro fuerzas políticas en una horquilla de solo nueve puntos, entre el 20% y el 29% del voto

Pérez Llorca junto a Mazón, en las negociaciones con Vox en junio de 2023. | Rober Solsona / EP
La política autonómica valenciana podría entrar en una fase de máxima incertidumbre si se replicara en el territorio el denominado «efecto Aragón», es decir, el patrón reciente de trasvase de voto entre bloques observado en las últimas elecciones de esa comunidad y que ha alterado equilibrios sin modificar de forma drástica los porcentajes globales entre izquierda y derecha.
Partiendo de los resultados reales de las autonómicas de 2023 en la Comunidad Valenciana y aplicando los porcentajes de trasvase registrados en Aragón hace apenas una semana —con un desplazamiento significativo de voto del PP hacia Vox y del PSOE hacia Compromís y la izquierda de ámbito estatal— el escenario resultante dibuja un mapa radicalmente más fragmentado y con consecuencias directas en el reparto de escaños, según un estudio realizado por la empresa de estudios electorales Demoscopia y Servicios.
Según la simulación, el PP pasaría del entorno del 35% obtenido en 2023 a un 29%, con 705.514 votos estimados, lo que supone una caída de 6,76 puntos. Vox, por el contrario, escalaría hasta el 19,9% (486.563 votos), ganando 7,54 puntos y situándose prácticamente empatado con Compromís, que alcanzaría el 19,9% (485.455 votos), con un crecimiento de 5,60 puntos. El PSOE valenciano descendería hasta el 21,97% (534.647 votos), perdiendo 6,33 puntos respecto a la cita electoral anterior. Unidas Podemos, que en 2023 quedó fuera por décimas, estaría cerca de la barrera del 5% y cerca de entrar en el parlamento autonómico.
El primer elemento relevante es la fragmentación extrema. Cuatro fuerzas políticas quedarían concentradas en una horquilla de apenas nueve puntos, entre el 20% y el 29%. El PP dejaría de ser claramente dominante y el sistema autonómico valenciano pasaría a depender de equilibrios mucho más finos.
El segundo factor sería el empate técnico entre Vox y Compromís, según los análisis de Demoscopia y Servicios. La diferencia entre ambos sería de apenas un millar de votos en el conjunto de la Comunidad Valenciana, un hecho inédito que reconfiguraría las dinámicas de negociación poselectoral y el liderazgo interno de cada bloque.
El tercer elemento clave es la barrera electoral del 5%, regulada por la legislación autonómica. La entrada de Unidas Podemos alteraría sustancialmente el reparto de escaños, al evitar que esos votos se pierdan y se redistribuyan entre las fuerzas más votadas. En términos prácticos, esto incrementaría la eficiencia del bloque de izquierdas.
En conjunto, el bloque de la derecha (PP+Vox) sumaría un 48,98% del voto estimado, frente al 47,33% del bloque de la izquierda (PSOE, Compromís y Unidas Podemos). Sin embargo, el sistema de reparto mediante la fórmula D’Hondt y la asignación provincial de escaños podría beneficiar en este caso a la izquierda. Al contar con tres partidos por encima del umbral del 5%, el bloque progresista optimizaría su rendimiento en provincias como Valencia y Alicante, alcanzando hipotéticamente los 50 escaños, mayoría absoluta en el parlamento valenciano.
Además, el comportamiento territorial podría intensificar ese riesgo. Valencia ciudad y la provincia de Alicante, tradicionalmente decisivas en las mayorías autonómicas, muestran en las encuestas internas una mayor volatilidad en el electorado del PP, lo que podría acentuar el trasvase hacia Vox más allá de la media aplicada en la simulación.
A ello se suma un factor que en Aragón no estuvo presente: el «efecto dana», que ha erosionado de forma significativa las expectativas electorales del PP y cuyo alcance definitivo aún es incierto, pero que podría tener un impacto relevante en el comportamiento electoral de la provincia de Valencia en unas elecciones autonómicas.
El llamado «efecto Aragón» no implica necesariamente un vuelco ideológico del electorado, sino una redistribución interna dentro de cada bloque que altera la arquitectura parlamentaria. En un sistema con umbral electoral y reparto provincial, pequeñas variaciones pueden tener consecuencias estructurales.
Si ese patrón se consolidara en la Comunidad Valenciana, el centroderecha podría enfrentarse a una paradoja: sumar más voto total que la izquierda y, sin embargo, poder perder la Generalitat por la fragmentación y la distinta eficiencia electoral de cada bloque.
